El represor que ganaba premios con fotografías de sus víctimas
La negra historia de Orlando "Hormiga" González, una rara avis en la ESMA: presumía de ser un artista sensible. Y las revistas especializadas lo describían como una promesa en el arte del retrato. En realidad, se trataba de un torturador de fuste. Los detalles de una trama increíble.
Orlando González era un laborioso cultor de la fotografía artística. En 1979, esa actividad lo condujo a los umbrales de la consagración, al obtener el Gran Premio de Honor Cóndor de la Federación Argentina de Fotografía (FAF), el más prestigioso del país. Sus obras galardonadas fueron Una luna, una tarde y un viejo amor y La Parca. Ambas aparecerían publicadas en el número 138 de la revista Fotomundo (ver recuadro), junto con un elogioso comentario acerca de la segunda foto, que muestra, en clave difusa, una silueta femenina con una capa, detrás de una calavera. Lo cierto es que el peso misterioso de esa imagen aún hoy perdura, aunque no precisamente por razones estéticas.
El hombre de la cámara. En la doble vida de González, la fotografía ocupaba un lugar preponderante. ¿Su obra fue una prolongación del terrorismo de Estado?
A los 32 años, González solía alternar ocasionales changas fotográficas con el ejercicio artístico del asunto. En cuanto a las changas, hay por lo menos una que merece ser mencionada: en junio de 1979 –cuando esa edición de Fotomundo estaba en los kioscos–, a él se lo vio en la Plaza 18 de Julio, de Montevideo, retratando a una mujer de mediana edad con la estatua de Artigas como fondo, en lo que parecía ser una producción periodística.
En cuanto al ejercicio artístico del asunto, poco después, en septiembre de ese año, se lo vio retratando a otra mujer en alguna isla del Tigre. Al igual que en su consagrada foto La Parca, ella posaba con una capa. Ahora se sabe la identidad de sus modelos.
La primera: Thelma Jara de Cabezas, quien desde abril permanecía cautiva en la ESMA. Las fotos que González le sacó en la capital uruguaya –a donde la llevaron en un avión de línea– fueron publicadas el 22 de agosto en el diario News World, del reverendo Sun Myung Moon. Ahí ella fue presentada como la "madre de un guerrillero muerto" que se escondía de los montoneros. Otra nota de idéntico talante salió el 10 de septiembre en la revista Para Ti.
La segunda: Lucía Deón, quien desde diciembre de 1978 permanecía cautiva en la ESMA, tras una breve escala por el centro clandestino Olimpo. González la fotografió en la isla El Silencio, una propiedad de la Iglesia Católica sobre el río Chañá Mini, en donde los marinos escondieron a sus prisioneros ante la visita al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)..
Ambas mujeres sobrevivieron a las mazmorras de la última dictadura.
González, en realidad, era agente de inteligencia de la Armada e integraba el Grupo de Tareas (GT) 3.3.2 de la ESMA. Su nombre de guerra: "Hormiga".
Ahora, a los 68 años, es uno de los 68 represores de la Armada juzgados por delitos de lesa humanidad cometidos allí contra 789 víctimas.
La cuestión de su faceta artística estalló en medio del debate, luego de que un testigo, el sobreviviente Carlos Lordkipanidse, se refiriera a esa vieja nota de Fotomundo –exhibida por el propio "Hormiga" entre los secuestrados– y a los retratos que él le hizo a Lucía Deón en El Silencio. ¿Acaso es posible que González consumara sus obras con personas cautivas? La pregunta ahora flota bajo el techo del tribunal.
EL AUTODIDACTA. Atildado y medido. Así se mostraba "Hormiga" ante la superioridad. El capitán de fragata Guido Paolini, uno de los calificadores de su legajo, tenía de él un excelente concepto y estampó con su puño y letra el siguiente comentario: "Tiene excelentes conocimientos de fotografía, tanto para la toma como para el proceso de revelado y copia."
Quizás otro capitán de fragata, Luis D'Imperio –el sucesor de Jorge "Tigre" Acosta en la jefatura del GT 3.3.2–, no considerara debidamente tal cualidad, puesto que, con un ejemplar de Fotomundo ante los ojos, bramó: "¡Usted es un pelotudo!" No le había causado demasiado beneplácito que el artículo en cuestión incluyera el nombre verdadero y otros datos personales de alguien que pertenecía a una unidad clandestina de combate antisubversivo. "¡Usted es un pelotudo!", repitió, sin dar crédito a sus ojos. Frente a él, González permanecía firme y en silencio.
El tipo, oriundo de la ciudad chubutense de Esquel, había ingresado en la fuerza a los 17 años; ahora, tres lustros después, tenía grado de suboficial mayor, tras desempeñarse en el área de contrainfiltración y, después, como secretario privado de algún jerarca del Servicio de Inteligencia Naval (SIN).
En la ESMA, a donde llegó como auxiliar de inteligencia en 1977, estaba a sus anchas. Tenía un escritorio en un rincón del llamado Salón Dorado, nada menos que el centro de operaciones de ese inframundo. Allí, él se encargaba de las comunicaciones, también ordenaba papeles y hasta tenía a su cargo el envío a reparaciones de picanas con problemas técnicos. Tampoco era inusual su presencia en interrogatorios; allí –según las víctimas– solía administrar dosis eléctricas con una actitud casi deportiva. A la vez cultivaba un trato amable con los prisioneros sometidos a trabajo esclavo; en especial, con las mujeres, a las que insistía en impresionar.
En todo momento hacía gala de sus pretensiones intelectuales. En ello habría una razón de peso: dado su rango subalterno en una estructura elitista como la de la Armada, él se sentía subestimado por sus camaradas de armas. Creía que "estaba para más", y se lo quería demostrar a sus superiores.
"¡Usted es un pelotudo!", le repitió D'Imperio por última vez.
Esas cuatro palabras, a través del boca a boca, circularían por los pasillos de la ESMA como un reguero de pólvora.
¿Cómo era la existencia de "Hormiga" fuera de ese lugar? González vivía con su mujer en una casa situada en la calle Tomás Le Bretón, de Villa Urquiza. Los vecinos tenían de él un vidrioso concepto, alimentado por sus idas y llegadas al hogar en vehículos con antenitas y sin identificación. No ocultaba, en cambio, su pasión por la fotografía. Tanto es así que fue muy común verlo en el barrio con su cámara Asahi Pentax K 1000 colgada del cuello. No menos común fue su presencia en el Foto Club Marina, en donde acostumbraba a participar en exposiciones y concursos. Claro que el codiciado premio de la FAF haría de él una celebridad en el pequeño mundillo de la fotografía. No obstante, su estilo no era muy estimado por sus colegas, ya que muchos de ellos consideraban a González un vulgar imitador del famoso fotógrafo ruso Leonid Tugalev. Ello no impidió que su obra maestra, La Parca, se alzara en 1979 con la máxima cucarda del certamen fotográfico más importante del país. Cabe destacar que, en esa ocasión, su gran derrotado fue el mundialmente Pedro Luis Raota. Los detractores de "Hormiga" aseguran que la decisión del jurado estuvo teñida de extrañas presiones. Ello no fue un obstáculo para que la revista Fotomundo le diera su espaldarazo editorial. Al parecer, la hija del director Lorenzo Mangialardi, una joven retratista cuyo nombre era Silvia, le tenía una gran simpatía.
¿Sabía ella su pertenencia el GT de la ESMA? No es improbable; ella era ingeniera naval y poseía un cargo directivo en una revista de Defensa, muy frecuentada por militares y marinos, tanto retirados como en actividad. Además, tenía un cargo ejecutivo en el directorio del astillero Pedro Domecq, muy relacionado con la Armada. Allí, por cierto, trabajaría González unos años después.
CAMARA OCULTA. Lucía Deón, quien en la actualidad vive en una pequeña localidad de Córdoba, atendió la llamada de Tiempo Argentino sin manifestar mucha sorpresa. Y, casi a boca de jarro, reconoció haber sido retratada en El Silencio por "Hormiga".
–Él presumía de ser fotógrafo, y me hizo posar entre unos arbustos y con una mantilla. "Hormiga" decía que debía representar la muerte.
–¿Acaso dijo "la parca"?
–Creo que sí. Es que pasó mucho tiempo…
–¿Fue voluntaria o forzada su participación en esas fotos?
–Y… ¿a usted que le parece?
La mujer, sin esperar la respuesta, pasó a un comentario:
–Con una de esas fotos hasta ganó un premio muy importante.
Al parecer, las fotos que González le hizo en El Silencio habrían sido casi idénticas a las del premio de la FAF. De hecho, ya se sabe que estas últimas fueron reproducidas por Fotomundo en junio; es decir, tres meses antes. Ella, tras observar una copia enviada por el autor de esta nota, no se reconoció. En consecuencia, persiste el enigma sobre quién fue retratada en la foto galardonada por la FAF. Es muy probable –aseguran sobrevivientes y abogados querellantes– que esa también haya sido una víctima en situación de cautiverio.
En tanto, la vida de "Hormiga" se recicló en la democracia sin contratiempos. Recién se retiró de la Armada en 1992, tras prestar servicios en la agregaduría naval de la embajada argentina en Chile. En el medio, hizo cursos de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, fue alumno del prestigioso jurista Roberto Bergalli y obtuvo un título en Criminalística con inmejorables notas. A la vez, trabajó en Tecnipol y Saprán, dos empresas de Alfredo Yabrán, fue gerente de un aserradero en Esquel, y escribió un libro sobre peritajes para seguros, por cuenta de Ediciones Larocca.
El 4 de marzo de 2009 fue detenido en la localidad chubutense de Corcovado por orden del juez Federal Sergio Torres. Desde entonces, su lugar de residencia es el penal de Marcos Paz. Ahora deberá pagar sus crímenes. Y también sus fotografías.
* Informe: Laura Lifschitz
Trabajar en la sombra, con luz difusa
La Parca. Se investiga si la modelo de esta foto es una persona secuestrada.
Por momentos, el artículo de la revista Fotomundo sobre las virtudes artísticas del represor Orlando González no tienen desperdicio. Tanto es así que este –según aclara la revista– considera su fotografía La Parca una obra "casual". Porque la idea original "fue simbolizar la protección de una mujer hacia un niño. Pero la imagen que logró fue algo dantesca, con esos árboles detrás de ella. Por otro lado, le rondaba la idea de un castillo medieval, con una calavera delante del mismo. De la conjunción de ambas ideas surgió La Parca, una fotografía distinta que González compuso utilizando la mujer y la calavera del castillo".
Ya de por sí, que alguien se proponga representar una imagen maternal y que termine delineando un estereotipo mortuorio es ya de por sí una curiosidad psiquiátrica. Claro que la revista Fotomundo explica semejante metamorfosis de otra manera: "Una obra de arte implica planificación y trabajo. Es decir que entre la idea del autor y la obra realizada media un extenso camino de errores y aciertos que van construyendo lo que será esa foto final, que va configurando la expresión más cercana de lo que queremos decir y también de lo que somos."
Más adelante se ampliaría tal concepto: "Este trabajo de planificación, búsqueda, concepción, bocetos, descartes de imágenes, conjunción y encuentro de la expresión buscada, en una fotografía distinta de la inicial, es la "casualidad" de la que habla González. Es lo que otros llaman inspiración, aunque ambos conceptos no aclaren el camino real de la obra de arte, como vimos cuando el autor de La Parca nos describió los pasos que había seguido para darle forma y donde su propio trabajo traspuso los límites de la casualidad. Quizás porque el arte no es sólo un problema de buenas intenciones sino del talento con el que se trabaja."
La revista Fotomundo presenta al represor de la ESMA como un "autodidacta que se vale de toda la información que rescata de las publicaciones especializadas en fotografía. Luego describe las características técnicas del equipo utilizado por el hombre al cual en las catacumbas de la Armada llamaban "Hormiga". Y, finalmente, aclara: "Las drogas en su gran mayoría son preparadas por él mismo y algo de suma importancia y que merece ser tenido muy en cuenta es que González se vale siempre de la luz natural".
Al respecto, el propio "Hormiga" explicaría tal asunto con palabras que son en sí mismas una declaración de principios: "Nunca, en ninguna oportunidad he recurrido a la luz artificial. Me gusta la luz natural y muy especialmente trabajo en la sombra, con luz difusa. Aun allí, donde la luz envuelve al sujeto, es posible encontrar sombras y controlar los diferentes contrastes que posee el original".
Existe una confusión en la que participan economistas ortodoxos, heterodoxos, funcionarios y la oposición sobre el tipo de cambio. Unos dicen que hay que devaluar la moneda porque la paridad con el dólar está atrasada, mientras otros reaccionan a la defensiva afirmando que no habrá ningún ajuste cambiario. Lo desconcertante de esta polémica es que una de las características distintivas de la política cambiaria argentina es que ha mantenido una permanente y deliberada estrategia de devaluación del peso en estos años. Decisión que transita a contramano de otras economías de la región que han estado registrando un agudo proceso de apreciación cambiaria con primarización de la producción, siendo la brasileña el caso más destacado. Argentina devalúa en forma constante su moneda, lo que implica una fuente de tensión inflacionaria desdeñada en los análisis convencionales sobre el problema de los precios. Los miniajustes casi diarios de la paridad buscan preservar grados de competitividad y protección de la producción local a través del frente cambiario. El debate puede plantearse con más precisión si las posiciones en disputa se dividen entre quienes sugieren variaciones más aceleradas dentro del régimen de flotación administración del tipo de cambio y los devaluacionistas seriales que proponen una fuerte e inmediata alteración de la paridad.
Esta última reúne respaldos de diferentes vertientes, cuyo origen puede descubrirse en protagonistas de crisis pasadas, conocedores que una devaluación brusca provoca alteraciones en la estabilidad política, económica y social derivados del shock inflacionario del ajuste. O sea, la devaluación que proponen es profundamente regresiva. Pese a ser parte de experiencias traumáticas, mantienen una permanente prédica sobre el atraso cambiario y la necesidad de una fuerte devaluación. Tanta es la insistencia en la consigna que terminan abrumando hasta debilitar ciertos análisis de heterodoxos que pasan a repetirla sin exigir, al menos, datos rigurosos que respalden el slogan.
La única referencia que exponen es la relación del tipo de cambio nominal con la evolución de la inflación. Como esta última variable es motivo de controversias porque el índice de precios del Indec ha quedado deslegitimado, las estimaciones son frágiles como los dibujos de los índices de las consultoras. Es notable la estabilidad de esos indicadores privados en los últimos cuatro años por encima del 20 por ciento, ahora estacionado en el 25 por ciento anual, cifra que muchos repiten sin exigir la más mínima información sobre cómo se arribó a ese número en cuanto a metodología estadística, tipo de canasta encuestada y cantidad de comercios alcanzados. Los precios han tenido una volatilidad que ni el IPC del Indec ni el garabato de las consultoras han mostrado. Por ejemplo, durante los últimos cuatro años, la evolución del índice de precios mayoristas se movió del 10 al 16 por ciento anual, mientras que el de precios implícitos del PIB (cociente entre el Producto Interno Bruto a precios corrientes y el PIB a precios del año base) osciló en un rango del 10 al 20 por ciento, medido al cuarto trimestre de cada año. Cuando se utilizan estos indicadores, el tema cambiario adquiere rasgos diferentes.
Las presiones devaluacionistas de varios sectores, desde industrias exportadas hasta productores agropecuarios pasando por economistas con contratos en dólares con organismos internacionales e instituciones privadas del exterior, encontraron en la pérdida de credibilidad del Indec el terreno abonado para avanzar con la consigna del atraso cambiario. Cualquier manual básico enseña que la competitividad del tipo de cambio de una economía no se mide exclusivamente con respecto a la evolución de sus precios internos. Si bien el tipo de cambio real ya no se encuentra en los niveles de 2003-2007 porque los ajustes periódicos de la paridad fueron por debajo de la marcha de los precios, esto no significa atraso cambiario por varias razones, entre ellas, que otras variables también intervienen en ese proceso, que había habido una megadevaluación en 2002 y, un dato no menor, que durante todos estos años la moneda siguió devaluándose dentro del régimen de flotación administrada.
Una prueba contundente ignorada por los devaluacionistas cuando ponen como ejemplo otras economías de la región, en especial la brasileña, es que las cuentas externas argentinas son favorables. En estos años el resultado de la cuenta corriente ha sido levemente superavitaria o neutra. El saldo de la balanza comercial se ha mantenido con un importante signo positivo en un contexto internacional muy complicado, situación enfrentada con una política de administración del comercio más intensa. En otros países de la región, cuyas monedas se han apreciado en ese período, los niveles de déficit de cuenta corriente alcanzan magnitudes inquietantes, sobresaliendo Brasil.
El desequilibrio externo brasileño en 2012 alcanzó el 2,4 por ciento del PIB, equivalente a 54.246 millones de dólares, y las proyecciones del propio Banco Central prevén para este año un peor resultado, del 2,8 por ciento del Producto, unos 67 mil millones de dólares. El déficit de esta cuenta es cubierto por la inversión extranjera, directa y de cartera (financiera especulativa). Esta última fue incentivada durante años por tasas de interés muy elevadas, que si bien el gobierno de Dilma Rousseff disminuyó algunos escalones igual se han mantenido positivas en relación con la inflación y, fundamentalmente, a la paridad cambiaria. En esto último se encuentra la clave para entender la casi nula observación al impresionante atraso cambiario del real: tasas altas y moneda apreciada ha estado ofreciendo en una década una ganancia fabulosa en dólares, motivo suficiente para que bancos, calificadores y la ortodoxia local omitan que el país puesto como modelo registra un desequilibrio impresionante, que para cualquier otra economía regional la definirían como una bomba a punto de estallar. Una pregunta que facilitaría la discusión sobre el dólar en Argentina es por qué en Brasil con el megaatraso cambiario y el agudo déficit externo los “brasileños” no salen corriendo del real para refugiarse en el billete verde. Un interesante desafío de explicación para la ortodoxia.
En cambio, la actual paridad cambiaria argentina permite mantener en equilibrio las cuentas externas, y pese a ello aquí es imperturbable el sermón sobre el atraso cambiario como motivo para justificar las presiones sobre el mercado cambiario, que no comenzaron con el nuevo régimen de administración y control de acceso a la moneda extranjera, sino que se iniciaron en julio de 2007. Al evaluar con datos duros, ya no con subjetividades puestas al servicio de la disputa política-mediática, el tipo de cambio en su versión multilateral como bilateral respecto del dólar, y cuando se ajusta por salarios, se ubica en niveles por encima de los registrados en los noventa. Además con condiciones de la economía mucho más robustas que los vigentes en esos años: disminución de la deuda pública en relación con el PBI, baja deuda privada, mejores términos de intercambio, mayores niveles de productividad laboral, más reservas en el Banco Central y, además, apreciación cambiaria en los países vecinos.
A partir de esa base se abre la posibilidad de analizar con más rigurosidad el nivel del tipo de cambio real y el necesario sendero dinámico a transitar de la competitividad de la economía argentina.
Vara fue capellán auxiliar del Cuerpo V y tuvo un rol protagónico junto a los represores. Los fiscales José Nebbia y Miguel Palazzani pidieron su detención e indagatoria, pero el juez federal de Bahía Blanca Santiago Martínez rechazó la solicitud.
Por Diego Martínez
La Justicia de Bahía Blanca se resiste a investigar a los sacerdotes que actuaron al servicio del terrorismo de Estado. El ex capellán Aldo Omar Vara admitió en 1999 que supo de las torturas en el centro clandestino La Escuelita y que vio las secuelas de la picana sobre el cuerpo de jóvenes secuestrados en el Batallón de Comunicaciones 181. El entonces fiscal general Hugo Cañón pidió su imputación pero la Cámara Federal se la negó. Trece años después, el tribunal que condenó al primer grupo de represores del Cuerpo V de Ejército –integrado por jueces foráneos porque sus pares bahienses no daban garantías de imparcialidad– tomó nota de los testimonios sobre Vara, consideró probada su “culpabilidad” en secuestros y torturas, y ordenó que se lo investigara en primera instancia. Los fiscales federales José Nebbia y Miguel Palazzani desmenuzaron las pruebas contra el ex capellán, a quien caracterizaron como un agente de Inteligencia que sólo por su técnica se diferenciaba de los militares, y pidieron su detención e indagatoria. El juez federal Santiago Martínez rechazó el pedido con cuatro palabras: “No surgen elementos suficientes”.
Vara fue capellán auxiliar del Cuerpo V entre 1971 y 1979 y es el único sobreviviente de los religiosos que tuvieron un rol protagónico junto a los represores del comando bahiense. En los últimos años murieron impunes el ex arzobispo Jorge Mayer, que llegó a bendecir medallas de torturadores hoy condenados; su segundo Emilio Ogñenovich, quien en 1976 justificó que “los profetas de una moral sin Dios están recogiendo las consecuencias lógicas”; y Dante Inocencio Vega, el capellán del Cuerpo V que durante la dictadura admitió ante madres de secuestrados que sus hijos estaban en La Escuelita y en democracia juró por la Biblia no conocerlas.
El más conocido de los casos que involucran a Vara es público desde el juicio a las Juntas gracias al testimonio de un grupo de estudiantes de la Escuela de Nacional de Educación Técnica No 1 que fueron secuestrados en diciembre de 1976 y torturados durante un mes en La Escuelita. Abandonados en una ruta, otro grupo de militares simuló rescatarlos y los llevó al Batallón, donde recibieron varias visitas del capellán. Uno contó que “nos traía galletitas, cigarrillos, preguntaba cómo habíamos llegado ahí, pero no le avisó a nuestros padres como le pedíamos”. Gustavo Aragón consideró una ironía que Vara fuera a llevarles “la palabra de Dios” y a hacerlos rezar mientras seguían en cautiverio. Gustavo López contó que a veces iba con sotana y otras con pantalón, siempre con cuello blanco. José María Petersen declaró que les daba “una especie de contención”, pero cuando relataban las torturas permanecía en silencio. Recordó una respuesta de antología que el tribunal apuntó en la sentencia: Vara sugirió que los secuestradores eran paramilitares que actuaban por su cuenta y que los estaban buscando.
Cuando Dorys Lundquist de Chabat supo que su hija Patricia estaba secuestrada en los fondos del Cuerpo V intentó hacerle llegar ropa y medicamentos homeopáticos a través de Vara. Dos días después de dejarle el envío en la casa que el cura compartía con su madre, Vara la visitó en su Citroën amarillo limón, recordó. Le dijo que no podía hacerle llegar el paquete a su hija pero que se quedara tranquila que estaba bien atendida y bien alimentada. “A las chicas las respetan”, le aseguró, en referencia a lo que ocurría en el centro clandestino. Dos días después de ser blanqueada en la cárcel de Villa Floresta, aún con signos visibles de tortura, Patricia recibió la visita del sacerdote, a quien había conocido en su adolescencia. Vara le aconsejó olvidarse de los padecimientos en cautiverio y le dijo que todo era culpa de sus padres.
No sólo los sobrevivientes recordaron la actuación de Vara durante el juicio oral. El ex conscripto Daniel Fonti, quien ingresó al Cuerpo V a fines de 1975 luego de recibirse de médico y se negó a asistir un parto en el centro clandestino, declaró que Vara tenía “mucho contacto con la gente asignada a La Escuelita”. “Al centro clandestino iban religiosos, curas”, relató a su turno el médico Alberto Taranto, que como conscripto también se negó a acatar órdenes ilegales. “Supe cómo se llamaban (los capellanes) pero no recuerdo”, agregó. Cuando le preguntaron por otras autoridades eclesiásticas dijo que “monseñor Mayer habitualmente iba al comando a reunirse con (el segundo comandante, general Abel) Catuzzi y he visto que caminaba hacia ese lugar (La Escuelita), lo hacía con sus hábitos”.
Citado como testigo en el Juicio por la Verdad en 1999, luego de que el fiscal Cañón le recordara su obligación de no mentir, Vara confirmó el relato de los estudiantes de la ENET. “Esos chicos dijeron que habían estado en un lugar clandestino llamado La Escuelita, que nunca visité”, se adelantó a la pregunta. “Todo el mundo en la ciudad hablaba de La Escuelita”, sugirió. “Alguno dijo que había sido torturado” con “métodos eléctricos”, recordó, y admitió que tenían secuelas. “No recuerdo exactamente (en qué parte del cuerpo) pero me las mostraron”, dijo. Como “corrían peligro de vida ellos y sus familias”, les recomendó que no hablaran “más que con su papá y su mamá”, al menos “hasta que llegaran tiempos en que se pudiera hablar”. Cañón acusó a Vara como partícipe secundario de los delitos de torturas y privaciones ilegales de la libertad. Los jueces Luis Ramón Dardanelli Alsina, Víctor Américo Bambill y José Pedro Díaz se negaron a citarlo a indagatoria.
En septiembre de 2012, luego de escuchar a casi 400 testigos, los jueces Jorge Ferro, José Triputti y Martín Bava ordenaron en su sentencia que se investigue a Vara, a quien no pudieron escuchar porque la Iglesia Católica dijo ignorar su paradero. El tribunal consideró haber “determinado a esta altura de los hechos y con el grado de probabilidad suficiente la culpabilidad del sacerdote” en delitos de lesa humanidad. Como el juez Martínez delegó la investigación en el Ministerio Público, la orden del tribunal recayó en los fiscales Nebbia y Palazzani, que dos días después del nombramiento del papa Francisco pidieron la detención del ex capellán.
“Vara garantizó la continuidad de la privación ilegal de la libertad y torturó psíquicamente a los cautivos dentro del centro clandestino y a sus familiares afuera”, escribieron los fiscales. “Así como los médicos ponían sus saberes al servicio del plan represivo, los sacerdotes, amparándose en su misión pastoral, interrogaban a los secuestrados”, apuntaron, y destacaron que Vara “comparte el pacto de silencio cínico y cruel que une a todos los responsables, silenciando información que podría aliviar el dolor de sobrevivientes y familiares”. Entre los elementos que refuerzan las pruebas del rol de Vara citaron su carta de despedida al jefe del Batallón 181 en 1979. “Fue un honor para mí haber podido comprometer mi vida, y arriesgarla, durante estos largos años de iniquidad y salvajismo. Fue un honor brindar mi aporte sacerdotal a una empresa tan difícil”.
La terquedad que impresiona al presidente uruguayo tiene su reflejo en el desempeño de la economía y en sus efectos sociales, que pese a la grave crisis global y la fuerte reducción del crecimiento macroeconómico permitió mantener una alta tasa de actividad, con bajo desempleo, reducción apreciable de la indigencia y la pobreza, reducción de la fuga de capitales e incremento de la reinversión de utilidades. Así lo indica el informe de coyuntura No 12, que esta semana distribuirá el Centro de Investigación y Formación de la CTA, Cifra, que dirige Eduardo Basualdo. El trabajo se abre con una cita del presidente de la transnacional italiana Techint, Paolo Rocca, para quien “a partir de 2008 el Gobierno perdió el rumbo. No se sabe para dónde va”. Por el contrario, Cifra entiende que el gobierno sabe muy bien adónde se dirige y que desde el conflicto agrario de 2008 su enfrentamiento político no sólo es con el capital financiero internacional sino también con las dos fracciones de la oligarquía agropecuaria: los grupos económicos locales y los grandes terratenientes pampeanos. “De allí en adelante se pone en marcha un gobierno nacional y popular que, en el marco de la crisis mundial que irrumpe en 2009, impulsó una serie de medidas económicas cuyos objetivos procuraron sostener el ritmo de la actividad económica y, especialmente, proteger el ingreso y el nivel de empleo en los peores momentos de la crisis mundial; y redefinir el estado neoliberal que se conformó a partir de la dictadura militar y provocó el colapso de los sectores populares”. Entre las medidas adoptadas desde que comenzó la actual crisis con epicentro en Estados Unidos, menciona la reestatización del sistema jubilatorio, que permitió financiar políticas de largo plazo como la Asignación Universal por Hijo; la ley de movilidad jubilatoria; la reforma del Banco Central, que obliga a los bancos a volcar una parte de sus depósitos a la inversión productiva; el programa de vivienda (Pro. cre. ar Bicentenario); la expropiación del paquete de control de YPF y la regulación estatal en la producción, refinación y comercialización de hidrocarburos. La presencia directa del Estado en la producción expresa un salto cualitativo y con distintos grados de eficacia también se aprecia en la política económica de corto plazo, como el plan de recuperación productiva durante la crisis mundial de 2009, la política antiinflacionaria, el control cambiario y de las importaciones. Pero advierte que esta redefinición estatal requiere para su éxito de políticas activas “que aseguren una presencia efectiva del Estado en la producción y aminoren el grado de concentración, extranjerización y primarización de la economía”.
El informe alega que pese al recrudecimiento de la crisis internacional, en 2012 la política económica logró éxitos relevantes, como un elevado superávit de la balanza comercial (que llegó a 12.689 millones de dólares en virtud de la administración de los flujos de comercio); una disminución notable de las utilidades giradas al exterior y de la fuga de capitales. La formación de activos en el exterior del sector privado fue muy elevada durante el conflicto agrario, cuando la fuga de capitales alcanzó a 23.098 millones de dólares, mientras que los giros de las transnacionales alcanzaron a 5.698 millones. El otro pico ocurrió en 2011, año de las elecciones presidenciales, cuando la fuga fue de 21.504 millones y las utilidades remitidas al exterior de 5.115 millones de dólares. El año pasado la regulación y control de la compra de divisas redujo en forma drástica ese fenómeno. La formación de activos en el exterior apenas llegó a 3.404 millones de dólares y creció la reinversión de las utilidades del capital extranjero, a punto tal que superó a las utilidades del período. No obstante, Cifra sugiere que las oscilaciones del mercado clandestino de divisas se deben a la búsqueda de otros mecanismos de fuga por parte de las grandes corporaciones.
Esto redundó en un resultado primario positivo de las cuentas públicas, pese a la importancia de los vencimientos de la deuda de ese año e impidió que la tasa de empleo cayera y la desocupación y el trabajo no registrado crecieran, lo mismo que la pobreza y la indigencia. “De allí que haya culminado el año 2012 con una fuerte desaceleración económica y de las ventas externas y de una estabilización de la tasa de inversión en torno del 22 por ciento, pero con un mercado interno robusto (por el rol del Estado y por la rigidez en las variables del mercado de trabajo) que tuvo un papel relevante para que la desaceleración no se haya traducido en recesión”. Al referirse a la elevada inflación (que considera de origen importado y oligopólico) y a sus efectos perniciosos en la apreciación real del tipo de cambio, rechaza la interpretación ortodoxa de que es un cuadro de “estanflación” y la atribuye a “la intensificación de la puja distributiva, con fuerte componente oligopólico, en un escenario de crecimiento del mercado interno”.
El informe de CIFRA concluye que los logros de la política económica conviven con grandes escollos, que atribuye a las contradicciones internas del gobierno para definir las políticas de corto plazo e implementar las de largo plazo; a la subsistencia de algunas políticas agotadas, que exacerban el problema que intentan solucionar; a los embates del establishment económico y social contra la nueva etapa y la resistencia de los diferentes intereses vinculados al estado neoliberal; a la crisis de representación no sólo en el sistema político sino también sindical y a la persistente fragmentación de la clase trabajadora.
El ídolo pobre de los ricos argentinos dedicó un piropo machista a la presidente CFK. Su terquedad le permitió sortear las peores presiones sin apartarse de un rumbo que el electorado plebiscitó hace un año y medio y que volverá a ponerse en juego este año. Alta tasa de empleo y baja tasa de desocupación, con un mercado interno robusto por el que la desaceleración no se tradujo en recesión.
Por Horacio Verbitsky
La fijación de los orientales con esta banda del río Uruguay es una de las más acendradas tradiciones regionales que, de tanto en tanto, eclosiona incontenible y sale por el desagüe de las bañaderas como una inundación o con la fuerza de un exabrupto por un micrófono inadvertido. El jueves le tocó al ídolo pobre de los ricos porteños, José Mujica, quien se despachó de lo lindo sobre Néstor Kirchner y su esposa, la presidente CFK. “Esta vieja es peor que el tuerto. El tuerto era más político, ésta es terca”, bisbiseó por la web oficial de su gobierno, en diálogo con un intendente.
Guillermo Pomi, un embajador que tiene línea directa con Mujica y muy buena relación con figuras importantes del entorno presidencial argentino, desdeñó la máxima “No aclares que oscurece” y se esforzó por apaciguar las reacciones. Recién a última hora la cancillería lo citó y emitió una comunicación formal de malestar, centrada en la denigración de Kirchner, quien no puede contestar. Pero Cristina, que sí puede, decidió no hacerlo. Ni dijo ni dirá nada, porque no tiene sentido pelearse por una chuscada de un vecino cuya escala le permite cosas que entre pares serían inadmisibles. La misma condescendencia tuvo Lula hace unos años, cuando Evo Morales envió al Ejército boliviano a ocupar instalaciones petroleras de empresas brasileñas.
Nada ni nadie
Estado tapón, creado por la diplomacia británica del siglo XIX para impedir la conformación de un bloque poderoso que incluyera a la Argentina y el Brasil, el Uruguay del siglo XXI oscila entre las posiciones liberales de su vicepresidente Danilo Astori, quien preferiría arrojarse en brazos de Estados Unidos y desentenderse de las engorrosas negociaciones con los vecinos, y las de Mujica, quien aún cree en el destino sudamericano del paisito y está dispuesto a tragarse el orgullo cada vez que sea necesario en aras de ese objetivo estratégico. Lo compensa, de tanto en tanto con macanas como la del jueves, luego de la cual lanzó un obvio “nada ni nadie podrá separarnos”. Ni su propia liviandad, se entiende.
Pero tal vez haya otras razones para el sensato silencio de Cristina, acaso la definición del ex rehén de la dictadura uruguaya no le disguste por completo. Las gracias del bufón suelen contener verdades inapelables. Mujica les llama viejas a todas las mujeres, incluyendo la propia. Que Cristina es terca y que Kirchner era más político son datos de la realidad que no deberían ofender a nadie, más allá de lo chabacano de la expresión, problema del que en todo caso deberían preocuparse los orientales. Más aún, la terquedad es una de las virtudes que le han permitido sortear situaciones adversas ante las que dirigentes con menos temple hubieran sucumbido. A su manera, el presidente uruguayo le dedicó un piropo machista.
En los cinco años que lleva de gobierno esa obstinación fue decisiva para seguir adelante con un rumbo fijo, sin amedrentarse ni distraerse. La calidad de la gestión es un problema aparte, pero esa es una característica estructural del Estado argentino. No ha habido administración que pueda ser añorada en ese rubro. El caso de las inundaciones en Buenos Aires y La Plata es elocuente. Hace ocho años, como parte del acuerdo amistoso celebrado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con los integrantes de Memoria Activa víctimas del atentado a la AMIA, Kirchner firmó el decreto 812/05 en el que reconoció la responsabilidad del Estado Nacional y se comprometió a ejecutar una agenda acordada por las partes. Su artículo 4 disponía crear una unidad especializada en catástrofes, tanto naturales como provocadas y la elaboración de un plan de contingencia, que implicaba acuerdos entre la Nación, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias. Desde entonces, la Capital ha tenido tres jefes de gobierno de distinto signo, y ninguno ha hecho su parte del trato. Ocho años después, nada se ha avanzado en esa dirección y todo sigue dependiendo de la buena voluntad una vez ocurrido el desastre. Si eso no singulariza al actual Poder Ejecutivo, su determinación para perseguir una meta preestablecida sin apartarse por los contratiempos del camino, no tiene precedentes. Quienes dentro del país la quieren menos que Pepe Mujica le llaman a eso ambición de poder o sus distintas variantes según las ocasiones. A veces cuesta distinguir si es mayor el odio o la envidia. En cualquier caso, no son buenos materiales para la construcción política.
Fuga hacia delante
El caso emblemático transcurrió durante el primer año de su presidencia, cuando las cámaras patronales agropecuarias le plantearon un desafío a todo o nada, con una dimensión simbólica que iba mucho más allá de la resistencia a las retenciones móviles por la comercialización de granos. Durante tres meses cortaron rutas, desabastecieron a las ciudades, amenazaron a los legisladores y por ese y otros métodos más discretos, torcieron voluntades y frustraron el proyecto oficial por la deserción de varios senadores, que resultaron protegidos por la escandalosa deserción del vicepresidente. Aun así, al agradecer a los diputados y senadores justicialistas y aliados CFK dijo que estaba orgullosa porque por primera vez en el Congreso se discutieron intereses de los grandes capitales y no se construyeron mayorías con la Banelco. “Perdimos la votación pero ganamos como proyecto porque hubo una fuerza política que actuó por convicción, cuando en otras décadas sólo había voces solitarias como la mía”, agregó. Tampoco le hizo mella el mal resultado de las elecciones legislativas de 2009, celebradas en el peor momento de la crisis económica global desencadenada por la burbuja especulativa inmobiliaria en los Estados Unidos y la quiebra de los bancos que la apalancaron. Aun en ese escenario en el que hubo intentos explícitos por forzar su renuncia, puntualizó que en la suma del país ninguna fuerza había obtenido más votos que el Frente para la Victoria. Quienes hubieran querido verla quebrada, la acusaron de negar la realidad. Reaccionó impulsando una reforma del régimen electoral, negociada con los demás partidos, que estableció las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias y el acceso de todos los partidos a espacios gratuitos en la televisión, cuya trascendencia el resto de las fuerzas recién advirtió cuando se aplicó por primera vez. Además dio nuevo impulso a la ley de servicios de comunicación audiovisual, que cambió el eje del debate político, apuntando a los poderes corporativos que subrogaban a la oposición política. También ese año aciago creó la Asignación Universal por Hijo, que desde entonces constituye el mayor programa de transferencia de ingresos, que ha reducido la indigencia y la desigualdad en forma drástica y en menor medida la pobreza. Con la nueva conformación de las cámaras del Congreso, 2010 aparecía como un año muy complicado. Pero en pocos días el Grupo Ahhh... malversó años de prédica contra el autoritarismo y la falta de consensos: acaparó con angurria todos los cargos en las comisiones, relegando al oficialismo muy por debajo de la proporción que le correspondía y con ese control se propuso desgastar al Poder Ejecutivo obligándolo a vetar leyes. La única vez que lo consiguió fue con el 82 por ciento móvil para las jubilaciones. No hubo una sola manifestación de protesta por parte de los presuntos afectados, más conformes con la fórmula de ajuste bianual sancionada por el gobierno que con la promesa de una cifra mágica pero de improbable sustentabilidad, por parte de quienes cuando gobernaron usaron a los jubilados como variable de ajuste. La disponibilidad acuerdista para el reparto de cargos no se repitió en proyectos de fondo y los festejos del Bicentenario revelaron la extensión y profundidad de un apoyo político a Cristina que mucho tiene que ver con ese rasgo de carácter que impresionó al chacarero de Rincón del Cerro. Ese año, el gobierno creó el Fondo de Desendeudamiento del Bicentenario, para saldar con reservas del Banco Central los compromisos externos, lo cual dio lugar a una batalla política y judicial, con el presidente del Banco atrincherado en su despacho y una jueza, hija de un coronel torturador, que emitió dos medidas cautelares, bloqueando la creación del Fondo y el desalojo de Martín Redrado de su barricada. Más allá de las anécdotas, se discutía una cuestión estructural: en vez del Fondo de Desendeudamiento, desde distintos sectores de la oposición se proponía reanudar el ciclo del endeudamiento, interrumpido. Esta presión se intensificó durante la campaña electoral de 2011, cuando una trama de hombres del sector financiero, como el propio Redrado, Javier González Fraga, Eduardo Amadeo, Mario Brodersohn y Alfonso de Prat Gay, reclamaron sustituir el populismo kirchnerista por las ortodoxas metas de inflación, con aumento de tasas de interés, reducción del gasto público y las retenciones, apreciación cambiaria y nuevo endeudamiento público, medidas similares a las que se estaban aplicando en Europa, con resultados que la Argentina ya conoció. Los mismos intereses se manifestaron cuando la Fragata Libertad quedó retenida en Ghana y a raíz del fallo del juez neoyorquino Thomas Griesa, sobre los reclamos de los fondos especulativos que no aceptaron ingresar en los canjes de deuda de 2005 y 2010. Cristina no se movió un milímetro en ningún caso. Rechazó cualquier pago para liberar el buque escuela, reclamó ante el Tribunal del Mar por la Convención Internacional violada y no ofreció a los bonistas con sede en paraísos fiscales nada que no hubieran podido aceptar en la última reestructuración de hace tres años. Algo equivalente sucedió con la conformación de las listas de candidatos oficiales para los comicios de octubre de 2011, en las que Cristina relegó a las estructuras políticas y sindicales que se creían con derechos adquiridos y en cambio optó por la incorporación de numerosos jóvenes que sólo reconocen su liderazgo, con los cuales logró una victoria contundente como nadie había obtenido en las cuatro décadas previas, desmintiendo todos los augurios sobre un presunto aislamiento que la castigaría en las urnas.
Espejismos
Inmunes a la experiencia, en cuanto terminó el escrutinio los medios y fuerzas de oposición reanudaron sus esfuerzos por construir una realidad a la medida de sus deseos. Pero a medida que se aproxima la fecha de las PASO, constatan la inconsistencia de ese espejismo y ya han comenzado a buscar explicaciones para la nueva frustración que temen. Viven anhelando un milagro porque saben que librados a sus propias fuerzas están perdidos. Y cuando el milagro se produce, se limitan a abrir la boca de asombro sólo para ver que quien actúa es una vez más Cristina. El encuentro en el que la presidente le explicó al Papa Francisco qué eran un mate y un termo, según se percibió el diálogo desde el Uruguay, habría cambiado las relaciones de fuerza a favor del gobierno, sostienen, con un ostensible desprecio por los ciudadanos, a quienes atribuyen el pensamiento mágico que ellos practican. ¡Si todo fuera tan fácil! Dentro de esta empecinada construcción de la realidad figuran los catorce pedidos de audiencia que Cristina no le habría respondido al Papa cuando era Arzobispo porteño. Ante la desmentida de la Conferencia Episcopal, según la cual Bergoglio nunca pidió una entrevista personal con la presidencia y que cuando lo hizo como titular del Episcopado fue recibido junto con los demás miembros de la Comisión Ejecutiva, en vez de explicar cuál fue el origen de la versión falsa, el diario La Nación dijo que la aclaración había sido reclamada al Episcopado por el gobierno. Con el mismo temerario desinterés por la realidad, las columnas políticas de los principales medios repiten desde hace meses que la cuñada presidencial encabezará la lista de candidatos a diputados nacionales de su fuerza este año. Lo único que varía de artículo en artículo son las hipótesis acerca de quienes la acompañarían en la lista y contra quienes debería competir. El pequeño detalle que en forma deliberada o por mero desconocimiento omiten es que Alicia Kirchner nunca fijó domicilio en la provincia de Buenos Aires, por lo que no será candidata en ese distrito. La deontología profesional se reduce a la añeja consigna de no permitir nunca que la realidad arruine una buena nota.
En un diálogo profundo, el pensador italiano se define “chavista”, analiza la crisis en el Viejo Continente y el rol de los medios de comunicación en la posmodernidad. Filosofía y política.
Ay, la fama. Cuando el teléfono no suena, me pregunto qué ha pasado”, bromea el filósofo Gianni Vattimo sobre la demanda mediática que lo persigue en los países que visita. La Argentina no es la excepción. A pesar de sus 77 años, Vattimo transmite jovialidad, es inquieto y espontáneo. Cuando diserta es irónico y su ponencia se vuelve amigable como una obra de stand up. Cualquier distraído podría pasar por alto que se trata de uno de los grandes pensadores contemporáneos, que escribió obras como El fin de la modernidad (1985) y No ser Dios (2008). Es el intelectual que definió a la posmodernidad como “el fallecimiento de todas las explicaciones totales” y creó la teoría del “pensamiento débil” –nutriéndose de Nietzsche y Heidegger, a quienes tradujo al italiano–. Provocador por naturaleza, se declara castrista, chavista, cristiano y homosexual. “Mi ideal político sería tener un buen Lenin amigo”, arriesga. Invitado por la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN) y por el departamento de Artes Audiovisuales del IUNA, Vattimo –quien también es integrante del Parlamento Europeo– llegó el 3 de abril a Buenos Aires para brindar un ciclo de conferencias y encuentros –libres y gratuitos– hasta el 12 del mismo mes. A poco de arribar al país, dialogó con Veintitrés.
–¿La afirmación “Dios ha muerto”, de Friedrich Nietzsche, vislumbró de alguna forma lo que usted define como posmodernismo y pensamiento débil, es decir, el fin de las “grandes verdades”?
–Sí, aunque no creo que Nietzsche lo haya entendido con el mismo sentido que yo. Nietzsche no era un posmoderno sino un pre-posmoderno (sonríe). No se puede aislar su frase del momento en el que la dijo, más allá de que para la hermenéutica una frase tiene su sentido primero más todos los sentidos que se le fueron añadiendo con el paso del tiempo. Con esa frase de Nietzsche se pueden resumir muchos fenómenos: la crisis del eurocentrismo, del imperialismo occidental, de la metafísica como idea de una construcción mental global concebida en los grandes sistemas de Hegel. Efectivamente, Nietzsche con su idea del dios que se ha muerto ha resumido todo el discurso de Heidegger sobre el final de la metafísica, es decir que no se cree más que exista un único fundamento del mundo. Hoy tenemos muchísimas religiones, muchas culturas que se enfrentan a causa de las transformaciones globales.
–¿Qué motoriza a la posmodernidad?
–La mueve la tecnología, que hace imposible que haya un solo Dios, una sola civilización. Yo veo la posmodernidad como el fallecimiento de todas las explicaciones totales.
–En este contexto, y afirmados en el siglo XXI, ¿qué rol juegan los medios de comunicación?
–Los medios me parecía que ayudaban a reducir la fuerza de lo real. Hoy todos sabemos que cuando algo acontece fuera de nuestra ventana tenemos que ir a la televisión para ver qué ha pasado. Pero el aligeramiento encuentra fuerzas de resistencia. Hay algo que resiste a esta posibilidad tecnológico-técnica. Y la gente que resiste al cambio no son sólo los que tienen el poder. Sino también, por ejemplo, los que piensan que sin un matrimonio monogámico la civilización se muere. Es una resistencia cultural.
–¿Observa una influencia mediática en esa concepción cultural?
–Los medios trabajan básicamente para los dueños del poder. No trabajan para la emancipación. Se puede imaginar un medio que sobrepasa a los medios tradicionales: las redes sociales. Pero por ahora son una apuesta. Se trataría de una red sin centro aunque surge un problema: cuando envío un mail, pasa por un punto intermedio en Washington o Nueva York donde se administra lo que envié. Yo creo que los nuevos medios electrónicos tienen la posibilidad de liberarnos pero no va a ser así necesariamente.
–¿Ante este escenario qué opina de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?
–Leída por un italiano es lo máximo porque en Italia tenemos un monopolio de medios. Si un gobierno no arregla estos territorios… Yo siempre digo que sólo con una revolución comunista se puede realizar una sociedad liberal. Es paradójico pero no tanto. El mismo liberalismo del mercado sólo puede ser garantizado con leyes limitantes. Leí la ley hace años pero no sé qué pasa hoy entre Clarín y el Gobierno.
–Se trata de un enfrentamiento entre un poder económico concentrado y el poder del Estado. ¿Quiénes son para usted los que detentan hoy el verdadero poder, los grupos concentrados o el Estado?
–Existe un sistema de leyes que defiende el capital, la propiedad, etc. El Estado puede ejercer un poco de control, pero básicamente los grupos económicos son los que votan. Se ve hoy en Europa. La Unión Europea hace leyes que son predictadas por los bancos, no son decididas por el pueblo. No soy economista pero me parece obvio que la austeridad que nos proponen en Europa es suicida porque impide el desarrollo del consumo interno de los Estados. Nos reducen a ser colonias que exportan. Esto nunca ha funcionado. Los Estados Unidos son un ejemplo. Se desarrollaron con la amplificación del mercado interno.
–¿Ve una salida a la decadencia europea?
–Una Europa socialista.
–José Luis Rodríguez Zapatero se dice socialista y durante su gestión condujo a España al mismo desastre que vive el resto del Viejo Continente…
–Zapatero tuvo la posibilidad de mostrarse socialista porque era muy conservador en otros aspectos. En Italia sucedió lo mismo con (Romano) Prodi. Se instituye el matrimonio gay pero se sigue siendo un capitalista. Lo cierto es que yo solamente tengo proyectos de lucha ante esta situación, no de estructura. Pienso que solamente con el hecho de que en Italia y en Europa renazca un gran movimiento de oposición sistémico, alternativo, llámese socialista o comunista, puede pasar algo. Si se cercena el consumo y la felicidad, podemos tener una revuelta, por lo menos en Italia y España. Creo que si seguimos así tendremos años de terrorismo y después de fascismo. Vamos a tener gobiernos de derecha. En esta regresión de la situación social y política quizá pueda renacer una izquierda digna de su nombre. Yo me comprometí a hacer nacer un nuevo partido comunista en Italia pero por ahora sólo somos tres o cuatro.
–Usted dijo en una entrevista que brindó el año pasado que “la democracia de Occidente se está muriendo”. ¿Cuáles son las causas de su fallecimiento?
–En Italia, ¿tenemos democracia? Tenemos elecciones pero esas elecciones ya no dan lugar a nada. No hay una ley electoral fiable. Lo que vivimos es una suerte de inmovilización con algunos grupos que no se ponen de acuerdo. La democracia formal sigue existiendo pero, por caso, en los Estados Unidos para hacer una campaña electoral se necesitan millones de dólares: es inimaginable que eso sea la democracia, es una manera civil de arreglar la cuestión del poder. La democracia occidental se está muriendo si es que todavía no se murió. Yo no la veo por ninguna parte.
–¿Y en Oriente qué proceso advierte?
–El Oriente es misterioso para mí. La idea de que la democracia occidental se muera nos autoriza a imaginar sistemas políticos alternativos. Por ejemplo, cuando yo digo que soy castrista o chavista lo digo con esta idea de que la democracia occidental no es el gran modelo absoluto que hemos creído. Todo esto me permite pensar una democracia de tipo cubano. O chavista: Chávez ha ganado muchas elecciones pero la sustancia de su democracia era mucho más que eso, era toda una estructura de participación popular. Mi ideal político sería tener un buen Lenin amigo. Hoy en Occidente se desarrolla bastante el “jefismo”, el “caudillismo”, el hecho de que si no hay una figura carismática el sistema no funciona. Creo que este es un punto que no se debe sobrepasar fácilmente.
–¿Cómo lo tomó la muerte de Chávez?
–Alguien dijo que lo mataron. No tengo evidencia. Pero usted sabe que los americanos han investigado en sus laboratorios fármacos absolutamente absurdos como una píldora para que todos los soldados del ejército enemigo devengan gays. Inventan cada día cosas absurdas.
–¿Europa debiera mirar hacia América latina?
–Para el uso de los recursos locales a favor del pueblo es fundamental. El modelo de Chávez es decisivo: la venta de petróleo utilizada para impulsar la medicina social es un gran ejemplo. Aunque no creo que se pueda trasladar el modelo chavista a Italia. El problema de la historia es siempre el mismo: ¿necesitamos siempre de un Napoleón? A mí me gustaba la UE porque me parecía una manera de hacer un sujeto histórico nuevo, fuerte, sin un Napoleón, sin guerra. Pero no funciona.
–En este marco, ¿qué opina de la actualidad argentina?
–Pienso que hoy Cristina es la mejor gobernante que la Argentina puede tener. Lo digo desde el punto de vista de un europeo que admira el proceso latinoamericano. Lo que veo en los diarios es que ahora la Argentina está mucho mejor que hace diez años. Es verdad que desde mi punto de mirada, espero mucho del proceso latinoamericano.
–Usted ha escrito y profundizado sobre la religión y el posmodernismo (Creer que se cree, 1996; Después de la cristiandad, 2002; El futuro de la religión, 2005) y fue crítico de la Iglesia. ¿Cuál es su perspectiva con la asunción del nuevo Papa?
–Yo tengo bastante confianza en él. Aunque la religión de la posmodernidad debería tener a una Iglesia que siga un poco el itinerario del pensamiento débil, que se reduce progresivamente. Por ejemplo, una Iglesia Católica respetable, ¿necesita tener un banco? El banco del Vaticano es uno de los más corruptos del mundo. Incluso, ¿tiene que tener una moral sexual? ¿Qué puedo esperar del nuevo Papa? No muchísimo porque es un Papa y no se puede esperar que ingrese al Vaticano con la bandera roja.
–¿Usted es creyente?
–Yo creo en el Evangelio, que me ha sido transmitido por la Iglesia. Por lo que no puedo prescindir de la Iglesia. Yo creo que soy creyente. Efectivamente, si pienso en mi ideal de vida, mi ética, pienso en términos de ética cristiana, en la imitación de Cristo: la caridad, la apertura a los otros. Me esfuerzo por ser lo que el Evangelio me dice. No creo que lo haga siempre. Así es que no puedo hablar de posmodernidad sin cristianismo. La posmodernidad me libera de todos los grandes sistemas y puedo escuchar el Evangelio. Pero sin pensar que es la única revelación posible a la que se tienen que convertir todos. Es algo que a mí me hace sentir bastante en orden conmigo mismo y que intento practicar discutiendo con otros. Si alguien me demuestra que siendo cristiano hago daño a alguien, repensaré mi posición. Por lo pronto, no puedo vivir sin ser cristiano.
–¿Y sin el arte?
–Tampoco. Pero se trataría de ver de qué arte se trata. No puedo vivir sin el cine pero sin el arte abstracto puedo vivir muy bien (ríe). Mi supervivencia está garantizada por un montón de símbolos que me rodean: el Evangelio, los muesos, el arte. Sin esto la vida no merece ser vivida.
“Un decreto del ex ministro de Economía permitió el contrabando
Año 6. Edición número 254. Domingo 31 de marzo de 2013
Por
Eduardo Anguita
El general (RE) Martín Balza habla sobre la responsabilidad de Menem, Cavallo y Camilión en la venta de armas a Croacia y Centroamérica y rescata el proceso de integración de las Fuerzas Armadas en el proceso democrático.
En una oportunidad le dije que después de la carrera que tiene, es raro ser embajador en Costa Rica, el único país que no tiene ejército. Y usted me contestó: “Ahí está la sede de la Corte Interamericana de Derechos humanos”.
–Y también es la sede del Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Es un país muy interesante. La Argentina ha tenido tradicionalmente una presencia que siempre se puede incrementar por lo que significa Costa Rica en el contexto latinoamericano y centroamericano: democracia, derechos humanos, cuidado ambiental. –Usted fue protagonista de dos episodios muy fuertes de la historia reciente. El primero es Malvinas, al que usted trató ampliamente en dos libros, Gesta e incompetencia y unos capítulos en Mi historia argentina. Quería recordar cómo fue que usted llegó a hacerse cargo de su grupo de artillería en Corrientes. Los mandos de entonces del Ejército, ¿lo mandaron como una forma de castigo a ese destino alejado de la toma de decisiones?
–En el año 1980, cuando asumo el mando del Grupo de Artillería 13, en Pasos de los Libres, no era bajo ningún punto de vista una unidad de castigo. Las circunstancias me llevaron a que fuera designado jefe de ese comando y estuve los años 1980 y 1981 y fui propuesto para un tercer año. Cosa poco usual, porque el mando en ese tipo de unidad era de dos años. Y con esos bravos litoraleños (porque tenía también algunos del Chaco, de Formosa y de Misiones) fui a Malvinas, catalogada como una pequeña gran Guerra. –Señala que ese conflicto inaugura una era porque fue la primera guerra misilística. Para usted, formado en el área de artillería, ¿era estar en un nivel de tecnología menor al del tipo de guerra que se desplegó?
–Sí, pero no obstante se apreciaron patrones comunes de todas las guerras. Si bien la tecnología argentina era inferior a la británica con el apoyo de Estados Unidos, no estábamos con arcos y flechas. Había un equipamiento aceptable. De no ser así la guerra no hubiese durado 44 días. Los primeros en reconocer el comportamiento del ejército fueron los británicos. En el imaginario colectivo se instalaron algunas cosas que no fueron reales. Si todos los soldados hubiesen estado muertos de hambre y con ropa de verano la guerra no hubiese durado lo que duró. –Usted señala que la expedición que mandó Gran Bretaña a las islas fue la más numerosa desde el fin de la segunda Guerra mundial.
–Correcto. Las fuerzas británicas tenían más de 100 buques y fueron con tropas experimentadas. Hubo algunas unidades argentinas, entre ellas la mía, que estaban instruidas. Tenía más de una año de instrucción. Esa brigada de Corrientes tenía un régimen de incorporación de soldados cuatrimestral. Siempre contábamos con un 75% de hombres que tenían más de un año de instrucción. La artillería aérea estaba constituida por oficiales y suboficiales. Cuando yo era jefe del Ejército me fue a saludar Jeremy Moore, el general que condujo las fuerzas terrestres británicas. No lo conocía, porque en Malvinas yo era Teniente Coronel. Me dijo que algunos momentos del combate fueron muy difíciles y que tuvieron grandes pérdidas. Lamentablemente, en esa improvisación, esa aventura que fue ir a la guerra, hubo unidades, sobre todo de la Brigada X, que no estaban en aptitud de combatir acorde con las circunstancias. Todo eso hay que ponerlo en su contexto para valorar todo lo que se hizo. Se combatió por una causa justa. Un sentimiento nacional. Al margen de la dictadura militar, eso es lo que hay que rescatar y creo que lo rescata todo el pueblo argentino. –Usted, en sus libros, habla de estrés postraumático pero no hace ninguna consideración sobre su persona. Pasado el tiempo, ¿le dejó alguna huella que tuvo que tratar?
–Desde el punto de vista psíquico prefiero no abundar en detalles. Eso lo deberían hablar mis subordinados o ustedes, los periodistas. El estrés postraumático se puede manifestar inmediatamente al regreso de la guerra o pasado los años. He tenido casos de hombres que eran Tenientes Primero, que luego ascendieron a Coroneles y aún hoy tienen serios problemas desde el punto de vista psíquico como consecuencia de la llamada “fatiga de combate o neurosis de guerra”. No soy especialista, pero esto se presenta como ansiedad, depresiones, alucinaciones, angustias y otros síntomas. Lo más grave es el número de suicidios que ha originado. Y no solamente entre nuestros soldados. Los ingleses tienen un número de suicidio similar a los nuestros. La guerra afecta al vencedor y al derrotado. Nuestro porcentaje de afectados por estrés postraumático fue aproximadamente de un 3%. El de los ingleses algo similar. Influyó también que cuando regresamos al continente, en el caso de los soldados, se los echó de los cuarteles. Los responsables de esto fueron el entonces jefe del Ejército, el general Cristino Nicolaides, y el presidente de la Nación, el general Bignone. En mi caso tuve circunstancia familiares no muy comunes. Yo llegué a Malvinas y una semana después, el 22 de abril, nació nuestro cuarto hijo, la primera nena. La conocí a los tres meses. De manera que aquí no sólo han sufrido los combatientes, sino también la familia. En mi caso, hablo como un combatiente más. Yo tuve que dar la noticia a soldados de que el padre había muerto en el continente y que dijeron que querían quedarse a combatir. Fue terrible decirle a un teniente, cuya esposa esperaba familia al mismo tiempo que yo, que su hijo había nacido muerto. Y ese hombre siguió combatiendo. La guerra es algo horrible. Por eso, los que conocimos las circunstancias de la guerra valoramos mucho la paz. La guerra no resuelve nada. Es un pobre renunciamiento a las escasas pretensiones de la humanidad. Es un hecho trágico en una sociedad. Por desgracia, es una de las frecuentes maneras con que se intentan resolver las disputas. La tragedia de la guerra pone al descubierto muchas cosas nuestras. El miedo y la valentía. El egoísmo y la solidaridad. Lo que tiene que estar depositado en el corazón de los hombres es la paz y no la guerra. –Cinco años después de Malvinas se produjo el levantamiento de los carapintadas. El principal referente de ese hecho fue Aldo Rico, que había sido comando en Malvinas. Usted estuvo en posiciones diferentes. ¿Quisiera recordar esa situación?
–Durante el levantamiento de Semana Santa que, si mal no recuerdo fue a mediados de abril de 1987, yo era Coronel. Estaba destinado en el Estado Mayor del Ejército. Era el inspector de artillería. No tenía un cargo operativo como el del teniente coronel Aldo Rico. En Malvinas, mi unidad se apoyó en los comandos y trabajamos codo a codo con Rico en algunas incursiones que hicieron las tropas comandos en la profundidad del enemigo. Combatimos juntos. También tenemos que ponernos en el contexto de 1987. Siempre he dicho que, referido a Malvinas, lo de Rico fue un planteo gremial que hizo a los mandos del Ejército. Esos generales de entonces se caracterizaban por una falta total de liderazgo para conducir a los hombres de la fuerza. Se vivía una situación que no había sido superada. Sobre todo el tema Malvinas y la lamentable lucha que habíamos tenido durante mucho tiempo.También hubo algunos que no vestían uniforme y que por omisión o comisión incitaron al motín y a la insubordinación de esto que fue bautizado como “Operación Dignidad”. Hubo algunos políticos, empresarios, sindicalistas, periodistas, miembros de la iglesia y militares retirados y muy pocos en activo… –¿Cuáles son algunos de esos nombres importantes que usted considera instigaron en esa maniobra?
–Usted es muy buen periodista y analista. Los conoce igual que yo, lamentablemente. Esto ha sido una característica de la historia argentina. Éste no fue un golpe de Estado. Fue un motín. Un acto de inconducta en contra de los altos mandos que no estuvieron a la altura de las circunstancias. En las mal llamadas revoluciones, que fueron golpes cívicos-militares desde 1930 hasta el último, que fue una obra maestra del terror, hubo instigaciones de todos los sectores que antes mencioné. Muchos de los que perdieron la carrera, que pasaron a retiro por haber aceptado la inconducta, fueron militares. Los otros se prepararon para el próximo golpe de Estado. El número de insurrectos de los acontecimientos de Semana Santa era insignificante desde el punto de vista cuantitativo. El Ejército no los apoyaba pero tampoco los reprimía por la falta de liderazgo. Alfonsín designó al general Ernesto Alais para reprimir, y creo que el general Alais debe estar todavía marchando por la altura de Zárate. No sé, no llegó nunca. De manera que la firmeza del presidente no tuvo su correlato en el ministerio de Defensa ni en el Ejército. No es cierto que los hombres de Malvinas estaban entre esos insurrectos de Semana Santa. Hubo pocos, Aldo Rico y algunos más. El resto de los de Malvinas no estuvieron ahí. –Si bien quiero pasar de tema, no quiero dejar de lado que cuando le tocó una responsabilidad en el último levantamiento carapintada, puso toda la autoridad que había que poner y estuvo al frente de conjurar a esa sublevación que había escalado y que lideraba otro militar que había sido veterano de Malvinas, me refiero a Mohamed Seineldín.
–Usted se refiere al 3 de diciembre de 1990. En esa oportunidad, era subjefe del Ejército y general de Brigada. A diferencia de Semana Santa, donde no tuvimos que lamentar ninguna muerte y ningún herido, el 3 de diciembre creo que hubo 14 muertos y más de cien heridos. La situación fue distinta y por demás lamentable. Tuvimos que enfrentar, a fines del siglo XX, en las calles de Buenos Aires, a una inconducta que podía minar al Ejército argentino sumado al desprestigio que estaba generando todo esto en el contexto internacional para nuestro país. Lamentablemente, muchos de los que incitaron a Seineldín en el levantamiento anterior conocido como el de Villa Martelli en diciembre de 1988 son los mismos de Semana Santa. No era un problema de nacionalistas y liberales. He conocido buenos profesionales, fracciones respetuosas del estado de derecho de la Constitución y otros que, mezclando cuestiones políticas, religiosas, ideológicas y militares se hacían de ese cóctel explosivo que minaba la disciplina. Acá se dio una paradoja. Mientras los militares comprometidos en la asonada del 3 de diciembre, como Seineldín, perdieron la carrera o estuvieron casi doce años en prisión, los civiles instigadores y financiadores continuaron gozando de un cómodo anonimato. Todavía llamaban traidores a quienes habían cumplido con el deber de soldados y habían defendido la Constitución. Ese hecho constituye un punto de inflexión. Pero, ¿recordamos un período de estabilidad constitucional e institucional de las fuerzas armadas al pueblo civil como el que va del 3 de diciembre de 1990 al día de hoy? –No solamente la respuesta es afirmativa, sino que los hechos en los cuales usted estuvo al frente valientemente, en lo que algunos llaman la autocrítica, fue más que asumir un compromiso con el estado de derecho, con la democracia y de distanciamiento con todos aquellos que habían violado los derechos humanos y que tenían que ser sometidos a juicios. Muchas veces digo que no hubiera sido posible de llegar a los juicios que comenzaron en 2003 con la actitud valiente de Néstor Kirchner, sin la Comisión Sábato, sin el Juicio a Las Juntas y si usted no hubiese tomado la actitud que tomó al frente del Ejército. En estas cosas hay que rescatar muchos puntos de inflexión y uno fue su actitud valiente de presentarse frente a las cámaras de televisión y decir todo lo que tenía que decir.
–Pero lo hice en nombre del Ejército argentino. Me sentí respaldado por mis oficiales y suboficiales y por muchos retirados. Estoy convencido de que el 3 de diciembre es un punto de inflexión en nuestra historia política y la que marca la inserción de las Fuerzas Armadas en la democracia. Luego, las circunstancias llevaron a que pasase de jefe de Brigada a jefe del Ejército como teniente general. En 1995 ya llevábamos casi 3 años y medio de una acción docente dentro del Ejército concientizando los errores del pasado. Y en nombre del Ejército argentino pronuncié ese mensaje, creo que un martes 25 de abril de 1995. El primer levantamiento de Seineldín fue en diciembre del ’88 con el apoyo de determinadas fuerzas que no se veían afectadas porque se perjudicaba el partido radical. Entonces, le dije al candidato a gobernador de una provincia patagónica simpatizante de Seineldín, “cuidado porque esto mismo el día de mañana se lo van a hacer a un partido del signo contrario”. El 3 de diciembre de 1990 se produjo el segundo levantamiento de Seineldín contra un partido de signo distinto, como era el peronismo. Pero este levantamiento careció de objetivos, de liderazgos. Tenía una alta ideologización, anarquía y hasta sovietización: nada que ver con el levantamiento carapintada de Semana Santa. –Cuando dice sovietización, ¿a qué se refiere?
–A que no había marcos porque Seineldín no lideraba. Cada uno lideraba su fracción, por eso llamo sovietización, porque era compartido. El 3 de diciembre lo único que tenía de carapintada eran los rostros. –Lo llevo a otro acontecimiento que en estos días ha tenido gran repercusión pública cuando el Tribunal Oral Federal decidió dar algunas prisiones preventivas respecto del tráfico de armas. Me gustaría conocer su análisis respecto de cuáles fueron los responsables de aquella maniobra que llevó a que armamento de la Argentina terminara en dos centros de combate como fueron Croacia y la ex Yugoslavia y, en un término menor, también en Ecuador.
–La última palabra la está dando la Justicia. Yo he sufrido mucho por esta operatoria de venta ilegal de armas. No conozco los argumentos porque todavía no han sido publicados. Fue lamentable, mientras cumplíamos una misión de mantenimiento de la paz en Croacia en los ’90 y mientras hombres del Ejército murieron cumpliendo esta tarea, nuestro gobierno de entonces, a través de tres decretos secretos del Poder Ejecutivo, vendía armas a uno de los dos bandos en pugna, que era la República de Croacia. Mediante algo ficticio que eran los decretos con ventas de armas a Panamá y Venezuela, se hizo una exportación ilegal. Ni Venezuela, ni Panamá hicieron gestiones para comprar armas. Nunca tuvieron armas argentinas. De manera que fue todo fraguado. Y quien concretó este contrabando ilegal de armas fue Fabricaciones Militares, que dependía del ministerio de Defensa. Y entre las muchas firmas están las de los ministros Erman González y Oscar Camilión; del ministro de Economía de entonces, Domingo Cavallo, y del canciller Guido Di Tella. Esta operación tiene una particularidad, el ministro Cavallo liberó a la Aduana del control por medio de un decreto. No obstante, autorizó a cobrar reintegros por el material exportado. El material exportado tenía que ser de fabricación nacional, nuevo y, obviamente, sin uso. No obstante, se habría exportado material no nacional, viejo y, por ende, usado. Es curioso que el ex ministro de Defensa Oscar Camilión diga que se trataba de material de fabricación nacional y sobre todo que afirmara que la mayoría era del Ejército. Esto es algo que se instaló en el imaginario colectivo y se ha engañado a la población. Del Ejército no salió absolutamente nada para exportar y eso está probado por un peritaje que hicieron cinco peritos de la Corte Suprema de Justicia. Una pericia que aún hoy puede hacerse. Imagínese, seis toneladas de armas, más de 20 cañones, 8.000 fusiles livianos, 8.000 pesados, ametralladoras, morteros. Si falta un fusil en el Ejército hay una cadena de mandos, de fiscalización con responsabilidades directas. El único que informó sobre la presencia de material argentino en Croacia fue el Ejército argentino, con mi firma en septiembre de 1992. Esa información la tomamos por trascendidos por la prensa serbia, no vimos el armamento ahí, pero se sabía de ello. No obstante, hubo presidentes, ministros, senadores, diputados, más de una decena de periodistas que estuvieron en Croacia y obviamente, no veían el armamento argentino porque estaba en el centro de operaciones. –Si uno tuviera que hacer la hoja de ruta, como en una película, de ese material que llegó a Croacia desde la Argentina, ¿cómo se determinaría el origen?
–Nosotros no tenemos que investigar porque no nos faltaba nada, pero la Justicia lo ha determinado. ¿Quién fabrica los fusiles, los cañones y las ametralladoras en la Argentina? Una empresa que es Fabricaciones Militares, que en ese entonces dependía del ministro de Defensa, Erman González, y del canciller Oscar Camilión. A partir del ’96, Fabricaciones Militares pasó a depender de Cavallo. Y el logo de Fabricaciones Militares hace pensar que salió del Ejército. Pero esto es falso. Con respecto a esta operatoria, Erman González firmó dos de los tres decretos; Camilión, uno, y Di Tella, al igual que Cavallo, los tres. Permítame leer de un libro cuya autoría es de Domingo Felipe Cavallo, El peso de la verdad. Un impulso a la transparencia argentina de los ’90, curioso el nombre. Ahí dice: “Para concretar esta operatoria, Erman González decidió nombrar a un empresario de su confianza al frente de Fabricaciones Militares, el farmacéutico riojano Luis Sarlenga, a quien se sumaron los contactos internacionales, no sólo de Alberto Cohan, sino también del hasta entonces poco conocido Esteban Caselli. Como fruto de todo este bagaje de conexiones fueron apareciendo contratos con Bolivia, Panamá y Venezuela”. Y agrega Cavallo: “Si estas armas no las vendíamos nosotros, las hubiera vendido otro”. Cavallo le atribuye a Cohan que le había manifestado esa frase. Pero él dice: “La triangulación es algo común en el mercado internacional de armamentos y no deberíamos preocuparnos por ello”. Esto pone en evidencia que Cavallo conocía lo ilegal de la operatoria. Y Cavallo también dice que tuvo fuertes discusiones con el entonces secretario de Justicia Elías Jassán y con el secretario Legal y Técnico Carlos Corach sobre cómo proceder frente a la denuncia judicial por la exportación de armas. Y agrega que él, Camilión y Di Tella fueron “engañados porque les redactaron y aprobaron los decretos de aprobación de las operaciones”. Me cuesta creer que fueron engañados a firmar decretos que conllevaban delitos agravados. En el juicio por contrabando no hubo un solo hombre del Ejército, bajo órdenes mías, que hubiese respondido por esta operación. Sí hubo militares de extra fuerza, bajo las órdenes de Camilión, no en la orgánica del Ejército, citados. La Justicia determinó que ni el Ejército ni su jefe tuvieron que ver. Con respecto a lo que fue a Ecuador, me parece que fue un acto de tercer nivel. Les mandaron 500 fusiles obsoletos, viejos, fuera de servicio. Nuestro país violó en la época de la dictadura militar, con Galtieri, el principio de no intervención en Centroamérica. En los ’90 se vuelve a violar un principio rector de la política exterior de la República Argentina bajo un gobierno democrático y con la participación de un canciller, Di Tella; dos ex cancilleres, como Cavallo y Camilión, y dos ministros, el de Defensa, Erman González, y el de Economía, Domingo Cavallo. La Justicia tiene la palabra y no imputó al Ejército. De hecho, la Justicia dijo que el Ejército no entregó nada para vender y eso se puede comprobar aún hoy. Es una burda mentira involucrar al Ejército. –Después de esta larga entrevista lo quiero despedir con un afectuoso saludo y compartiendo una circunstancia muy curiosa por la que usted pasó. Cómo a un hombre que ha estado bajo el fuego enemigo combatiendo en distintas circunstancias, de repente una camioneta que va marcha atrás lo tira a un costado y lo deja fuera del camino.
–Había terminado de trotar en San José. Estaba entrando a mi casa y una camioneta estacionada puso reversa y me fracturó dos costillas, entre otras lesiones. Nada importante. Los colegas embajadores me dijeron: “Estuviste en el canal de Suez luego de la guerra de Los Seis Días y antes de Yom Kipur donde recibiste fuego egipcio, porque estaba del lado israelí cumpliendo misiones de Naciones Unidas. Te cayeron morteros cerca, estuviste en Malvinas y te salvaste y en San José una camioneta pone reversa y casi te mata”. Soy católico y Dios me ha conducido. He tenido momentos muy duros en mi vida y los pude superar como la muerte prematura de mi esposa a los 57 años, y creo que Dios cierra puertas pero abre ventanas. Lo único que tenemos seguro cuando venimos al mundo es que nos vamos a ir. Ahora la oportunidad la determina nuestro Señor.