lunes, 8 de abril de 2013

CRISTINA Y LA MILITANCIA EN EL TERRITORIO


Toda la vida que falta

La visita de Cristina a los afectados y la militancia que concibe la política más allá de la urgencia electoral.

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Cada tanto, la realidad nos avisa que no somos inmortales. Que todos, al fin de cuentas, somos simples sobrevivientes en un mundo con más cuerpos al abrigo de sus entrañas que vivos caminando sobre su superficie. Asimilar esta verdad, desde el fondo de los tiempos, le duele a la condición humana. Ante la muerte, ese grito inapelable, ese rayo fulminante, esa patada en la sien, reaccionamos sordos, ciegos y mudos. No queremos saber de esa noticia cruel, entonces la eludimos, la ignoramos y, en el mejor de los casos, la desafiamos con todo lo bueno que pudimos crear: la cultura, la ciencia, el arte, la política, la palabra, la religión, la poesía y, siendo más rústicos, enterrando el féretro después de un velatorio, porque la vida, ese soplido que nos anima desde que fuimos barro, sigue adelante después del último suspiro, pase lo que pase. Y la vida incluye, por supuesto, el duelo, como el que atravesamos los que hoy podemos contarla, con respeto reverencial por los que ya no están. Me preguntaba sobre qué podía escribir este domingo, después de la tragedia que se abatió sobre nosotros, con casi 60 muertos reales y otros cientos de miles que quedaron muertos en vida tras el temporal que azotó Buenos Aires. Y esto que ustedes pueden leer ahora es apenas una suma de interrogantes, es decir, un espacio libre de certezas y seguridades. Confieso que envidio profundamente a los que en medio de la debacle mantienen la claridad de la acción, la justeza del mensaje, la explicación para todo eso que, en el caso de muchos de nosotros, no encuentra claridad, ni justeza, ni explicación posible en medio del dolor. Soy capaz de entender que una catástrofe climática es algo inesperado, que la naturaleza decide a una velocidad y con una violencia que nos es ajena. Que ante la excepcionalidad somos seres ordinarios, hojas en el turbión, frágil testimonio de que existen fuerzas superiores a nuestra voluntad. Pero me subleva, como a tantos por estas horas, la idea de que se podría haber hecho algo que no se hizo para evitarlo. Queda para los días futuros explicar por qué la Capital Federal, con el tercer presupuesto público del país, no avanzó en obras hídricas de un Plan Director que existe hace diez años, para prevenir inundaciones. Por qué el intendente porteño que encabeza un partido autonomista, primero especuló con su vuelta ante el vendaval, y luego atacó en conferencia de prensa al gobierno nacional, mientras decenas de miles de personas en su distrito estaban a la deriva. Por qué, ante una realidad meteorológica que nos obliga a convivir con el riesgo de desastre permanente en la ciudad capital de todos los argentinos, no existen planes de contingencia para atenuar el trastorno y sus secuelas mortíferas. A veces, no son sólo las obras: un poco de sentido común ayuda. El alerta temprano para evacuar a los más vulnerables a zonas menos expuestas, un mapa de refugios evidente y por todos conocido, el barrido y la limpieza reforzadas para no tapar sumideros, la recolección de basura redoblada para que las bocas de tormenta funcionen a pleno, son cosas que parecen sencillas de resolver. Claro que eso sucede cuando hay una mínima conciencia del otro. Lo mismo para La Plata y su intendente, que mintió una presencia junto a los damnificados que no era tal, mientras descansaba en Brasil. El ardid fue patético. Habla de una insolente incongruencia entre el discurso y la acción, de una grave falta a la confianza pública que enfurece tanto o más que la pérdida de bienes materiales. Su distrito hoy vela a 51 muertos, producto del salvajismo climático y de advertencias de expertos desoídas en el último lustro, con una indolencia que roza la criminalidad.
Ver a la presidenta recorrer Tolosa, donde vive su madre, una de las zonas más afectadas por el temporal, y el Barrio Mitre, en Saavedra, trajo el primer síntoma de cordura a un escenario dantesco. Ya no importa tanto lo que dijo o le dijeron mientras puso la cara ante los vecinos: actuó como debía, en un momento excepcionalmente trágico. Si condolerse es ponerse emocionalmente en el lugar del otro, no había manera más acertada de estar a la altura de las circunstancias que acudir adonde las cosas hieren y lastiman todavía. Dos días antes, la presidenta había destacado desde Puerto Madryn la historia de Matías Gensana, un joven militante de La Cámpora que murió devorado por el mar después de rescatar a tres chicos que se estaban ahogando. Ponerse las botas y bajar a las zonas afectadas, fue honrar esa memoria donde y como se debe.
 
La política, entendida como el instrumento democrático para mejorar la calidad de vida de la gente, primero llama a entender cuáles son los problemas que aquejan a esa gente. Acá fue todo muy descarnado. No hay magia para conjurar los efectos devastadores de una lluvia torrencial que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. A veces, solo se trata de comprender las lágrimas del que llora a raudales e ir a su encuentro para abrazarlo, aunque el llanto se vea mezclado con la bronca, el agradecimiento y los insultos. ¿Quién se atreve a pedirle buenos modales a la desesperación?
 
La diferencia entre un intendente falaz, sea de la Capital Federal o de La Plata, del PRO o del Frente para la Victoria, y un estadista que comprende la dimensión de la catástrofe es ese mínimo gesto. La distancia medida en miles de kilómetros que separa a la Argentina de Brasil es la que separa a un funcionario medio pelo de aquel que asume un compromiso real con sus representados. Cristina hizo lo que había que hacer. Cuando ocurrió la tragedia ferroviaria de Once, había elegido tomar contacto por separado con las víctimas, decisión que dejó insatisfecho y con un regusto amargo a un sector de las familias que querían más de ella. Esta vez, como en aquellos sucesos luctuosos de Tartagal, Cristina fue públicamente a empaparse de las lágrimas de los dolientes, a mostrarse indignada por la fatalidad y a comprometer la ayuda del Estado donde hiciera falta. Queda para los análisis de los Morales Solá y los Van Der Kooy, que detestan a Cristina por razones que no tienen que ver estrictamente con el motivo que hace sufrir a las víctimas de cualquier infortunio, cuánto hubo de cálculo o arranque sentimenal en esta decisión. Lo que realmente vale es que Cristina estuvo allí, y fue muy importante que apareciera donde se la estaba esperando. Explica y justifica su liderazgo, como cuando viajó a Roma para no dinamitar prematuramente un posible puente de entendimiento con el Papa Francisco. En ambos casos, la presidenta incursionó en el complejo universo de las sensibilidades humanas, interpretando correctamente la situación. Todas las ideologías dicen sentirse tocadas por estas cuestiones. Para algunas identidades, como el 
kirchnerismo, sin embargo, es más traumático disociar lo que se dice con lo que se hace: por eso a Cristina todavía muchos opositores la miran y la van a seguir mirando desde abajo. La presidenta viajó al epicentro del problema, en el instante justo donde esas palabras y esos hechos la requerían. Y con su actitud –un hecho político de enorme repercusión proviniendo de quién viene–, pudo alentar un movimiento de solidaridad mayúsculo, a la altura de nuestras mejores tradiciones históricas. Sintonía fina, de la que hace falta. Complementada con una batería de anuncios que benefician a 150 mil inundados, demostrando que el Estado nacional está escuchando el reclamo. La mejor foto de esta película desangelada son los jóvenes recogiendo ropa o alimentos no perecederos y acompañando a los afectados en medio del agua con sus remeras militantes, junto a la Cruz Roja, Cáritas, Gendarmería y el Ejército. Con o sin el Estado a cuestas, allí estuvieron también La Cámpora, Kolina, el Evita, Nuevo Encuentro, Mil Flores, Miles, el Peronismo Militante, La Walsh de la Universidad de La Plata, cientos de unidades básicas, en definitiva, toda una muchedumbre de pibas y pibes que aprendió a concebir el compromiso político no sólo como la urgencia electoral que tanto preocupa a los operadores de listas y cargos rentados. Esta juventud, pese a lo que dice el Clarín extraviado por la úlcera, no se está armando, ni entrena en Campo de Mayo. Vive su ingreso a la política como un baño de realidad y responsabilidades, porque cree que algo mejor es posible si pone el cuerpo en causas que valen el esfuerzo. En 30 años de democracia, nuestra sociedad produjo muchas cosas buenas, pero la juventud politizada de este momento es de las más elogiables.De lo que puede decirse en estas horas, nada supera estas imágenes esperanzadoras. Ni que la Argentina haya ganado otra batalla contra los fondos buitre en Francia, ni que los docentes hayan suspendido sus medidas de fuerza en Buenos Aires, ni que el Pepe Mujica haya usado la palabra "terca" para definir la persistente coherencia de Cristina, que gobierna un país que persigue, desde hace mucho tiempo, sacarse de encima la "terquedad" del error para sumergirse en la "terquedad" de los aciertos. Porque según la circunstancia, la "terquedad" puede ser un problema o una cualidad. Y Mujica, que de guerrillero de izquierda y preso llegó a presidente de un país desigual como Uruguay, sin poder siquiera juzgar a los represores de su dictadura, lo sabe o debería saberlo. Extraña su verborragia injuriante, tan para la tribuna de la derecha oriental, cuando cientos de miles de uruguayos eligen vivir no en el Uruguay mitológico donde Jorge Batlle y un ex tupamaro se dan la mano como muestra de extraña convivencia entre opuestos, sino en la Argentina del "tuerto" y la "terca", de la que ellos dicen abominar.
 
Hace falta ser un poco terco para conseguir una quita de la deuda del 75%, para soportar el lobby devaluador que no imagina otros instrumentos que el ajuste y la baja de salarios para garantizar su rentabilidad, para llevar el presupuesto educativo a un 6% del PBI, para pelear por la soberanía de Malvinas en los organismos internacionales sin mandar a los pibes a la guerra, para proponer una Argentina industrialista para 40 millones en un país agrícola-ganadero que tiene soluciones sólo para 20, para mantener a raya a los grupos corporativos que atentan contra el bien común a cada hora con su mezquinas prebendas. Sí, definitivamente, hace falta ser terco para lograr algo de todo eso. El kirchnerismo que se siente mal por lo que dijo Mujica debería repensar su enojo. A su manera, no deja de ser un reconocimiento.Volviendo a lo nuestro. Es hora de llorar a los muertos, de juntar la ropa y los alimentos que a otros les hace falta, de reunirlos y enviarlos con premura, de que los sobrevivientes acompañemos el dolor del prójimo, de alentar a los pibes sobre todo a que lo hagan para que aprendan que los zapatos del que sufre son de alguna manera los propios y de pensar en un futuro donde las muertes evitables, se eviten realmente. Ahora, toda la solidaridad. Mañana, la inteligencia aplicada para una gestión eficiente en todos sus niveles, donde las palabras y los hechos vayan de la mano.
 
Porque los muertos ya serán de Dios.
 
Y de nosotros, toda la vida que falta.

EL VATICANO, WASHINTON, SANTIAGO


WikiLeaks revela que El Vaticano colaboró con EEUU apoyando el golpe de Estado de Pinochet
Domingo 7 abril 2013 | 23:26 · Actualizado: 9:04
Publicado por Christian Leal · 33051 visitas
Pese a que sus principales documentos vieron la luz hace ya 3 años, WikiLeaks sigue revelando datos inéditos de las intrigas internacionales en que se vio envuelto Estados Unidos. En esta ocasión, una que vincula nada menos que al Vaticano con el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende.
Se trata de un cable fechado el 18 de octubre de 1973, donde el secretario de Estado Vaticano sustituto, Giovanni Benelli, expresó a diplomáticos estadounidenses “su grave preocupación, y la del papa Pablo VI, sobre la exitosa campaña internacional izquierdista para falsear completamente las realidades de la situación chilena”, describe el diario español Publico.es.
La información, revelada primero por el diario italiano La Repubblica, asevera que “Benelli tildó la exagerada la cobertura de los acontecimientos (en Chile) como posiblemente el mayor éxito de la propaganda comunista, y subrayó el hecho de que incluso los círculos moderados y conservadores parecían muy dispuestos a creer las mentiras más burdas sobre los excesos de la Junta chilena”.
El diario electrónico español explica que por aquel entonces, Benelli era efectivamente el segundo al mando de la Santa Sede, considerando que el secretario de Estado Vaticano, Amleto Giovanni Cicognani, era demasiado anciano para el cargo y entregó sus funciones a su sustituto. Allí trabajó estrechamente por una década junto al papa Pablo VI, hasta ganarse el apodo de el “Kissinger del Vaticano”, debido a lo que describen como una gestión agresiva y autoritaria.
Más aún, fue Benelli quien recibió en persona al entonces presidente de EEUU, Richard Nixon, cuando aterrizó en helicóptero en la Plaza de San Pedro en 1969, para sellar la alianza anticomunista entre la Casa Blanca y la Santa Sede, origen de sangrientos golpes militares en Latinoamérica.
El documento, titulado como “Altísimo nivel de preocupación de El Vaticano sobre la propaganda en Chile”, consignado bajo la identificación ROME10729 y con el código EXDIS de “máxima reserva”, recoge otras reflexiones transcritas por los diplomáticos.
“Al darse cuenta de que la caída de Allende era uno de los mayores reveses para la causa comunista, dijo Benelli, las fuerzas izquierdistas han minimizado ampliamente los daños al convencer al mundo de que la caída de Allende fue debida exclusivamente a fuerzas fascistas y externas, en vez de a los fallos de su propia gestión política, como realmente ocurrió. Benelli expresó sus temores de que el éxito de esta campaña de propaganda comunista pueda influir en los medios de comunicación del mundo libre en el futuro”.
Pero Benelli fue aún más allá, admitiendo que “como es natural, desafortunadamente, tras un golpe de Estado, hay que admitir que ha habido algún derramamiento de sangre en las operaciones de limpieza en Chile, pero la Nunciatura en Santiago, el cardenal Silva y el Episcopado chileno en general han asegurado al Papa Pablo que la Junta está haciendo todo lo posible para que la situación vuelva a la normalidad y que las historias de los medios internacionales que hablan de una represión brutal no tienen fundamento”.
“El Papa ha estado bajo dura presión interna en la Iglesia, especialmente desde Francia, para hablar contra los excesos de la Junta” de Pinochet. Y que “pese a los esfuerzos del Vaticano, la propaganda izquierdista ha tenido un éxito notable incluso con algunos de los cardenales más conservadores y con prelados que parecen incapaces de considerar la situación con objetividad. El resultado es que los izquierdistas han logrado crear una situación en la que el Papa sería atacado por los moderados si defiende la verdad en Chile“, continúa el documento.
“El Vaticano está convencido, y la Nunciatura ha confirmado, que durante los últimos meses del Gobierno de Allende, la Embajada de Cuba estaba sirviendo como arsenal para distribuir armas fabricadas en Europa del Este a los obreros chilenos”, aventura el cable.
Por último, el informe secreto de la Embajada de EEUU ante el Vaticano termina con una corta frase, restando importancia al tema, ya que lo deja para el final:
“El Vaticano informó la semana pasada a un intermediario izquierdista de que el Papa no podría recibir a Isabel Allende, y Benelli cuenta con que esto provocará nuevas críticas contra el Vaticano”.

PARA NO OLVIDARSE DE QUIENES SON LOS NAZIS VERDADEROS!!!


¿Cuáles fueron las empresas globales que vendieron su alma a los nazis?

23 AGOSTO 2012 28 COMENTARIOS
uniformes ss
Uniformes SS de Hugo Boss.
Da miedo lo eficientes que fueron los nazis dirigiendo a un país entero, incluyendo su población e industria, hacia sus funestos objetivos. Hay tres grandes empresas que se suelen mencionar siempre como colaboradoras con los nazis. Hugo Boss que diseñó los intimidantes uniformes de las SS (así como las monótonas camisas marrones de las SA y las juventudes hitlerianas); Volkswagen que diseñó el escarabajo a instancias de Hitler y los produjo como salchichas usando mano de obra esclava; e IBM que diseñó las fichas perforadas que sirvieron para sistematizar la exterminación de personas por raza y clase.
Sin embargo, estas no fueron las únicas empresas que actuaron conjuntamente con los nazis, otros grandes negocios mundiales reconocibles hoy en día también vendieron sus almas al diablo de distintas maneras, y puede que le sorprendan algunos de los nombres que aparecen a continuación.
Chase Bank
Pensándolo bien, la colaboración de Chase Bank (ahora J.P. Morgan Chase) con los nazis no es tan sorprendente. Uno de sus accionistas más importantes, J.D. Rockefeller, fundó directamente los experimentos eugenésicos antes de la guerra. Entre 1936 y 1941, Chase y otros bancos estadounidenses ayudaron a los alemanes a recaudar más de 20 millones de dólares, que suponen un importe neto de comisión de 1,2 millones de dólares, de los cuales Chase se embolsó unos 500.000 dólares. Eso era mucho dinero en la época. El hecho de que los marcos alemanes utilizados para financiar operaciones proviniesen de los judíos que habían huido de Alemania no parece molestar a Chase, de hecho su negocio aumentó después de la noche de los cristales rotos (la noche en la que los judíos de la Alemania y Austria nazis fueron atacados por grupos en 1938). Chase también congeló las cuentas de los judíos franceses en la Francia ocupada antes de que los nazis les hubieran pedido que lo hicieran.
Ford
El propio Henry Ford era un conocido antisemita y publicó una colección de artículos bajo el encantador título The International Jew: The World’s Foremost Problem (El judío internacional: el mayor problema del mundo). Incluso patrocinó su propio periódico que utilizada como herramienta propagandística, culpando a los judíos de la Primera Guerra Mundial y, en 1938, recibió la Gran Cruz del Águila alemana, la medalla nazi de mayor nivel concedida a ciudadanos extranjeros.
La operación alemana de Ford produjo una tercera parte de los camiones militares utilizados por el ejército alemán durante la guerra, realizando mucho del trabajo los prisioneros. Lo que resulta aún más sorprendente es que Ford haya forzado a trabajar a mano de obra apenas en 1940, cuando el brazo americano de la compañía aún tenía pleno control.
Kodak
Cuando se piensa en Kodak, se imaginan fotos familiares y recuerdos capturados en una película, pero lo que hay que tener en cuenta es la mano de obra esclava que la filial alemana de la empresa utilizó durante la Segunda Guerra Mundial. Las filiales de Kodak en países europeos neutrales hicieron grandes negocios con los nazis, proporcionándoles tanto mercado para sus productos como valiosa divisa extranjera. La filial portuguesa incluso envió sus beneficios a la de La Haya, que estaba ocupada por los nazis en aquel momento. Además, esta empresa no solamente hacía cámaras, diversificaron el negocio y producían gatillos, detonadores y otros artículos militares para los alemanes.
Coca-Cola
german-fanta
Fanta es una bebida con sabor a naranja que originariamente fue diseñada específicamente para los nazis. Es cierto, los ingredientes para la cola que dan su nombre a la marca eran difíciles de importar, por lo que el director de operaciones alemán de Coca Cola, Max Keith, propuso una nueva bebida que se pudiera realizar con los ingredientes disponibles.
En 1941, Fanta se estrenó en el mercado alemán. El propio Max Keith no era nazi, pero sus esfuerzos por mantener viva la actividad de Coca-Cola durante la guerra hicieron que la compañía se embolsara importantes beneficios y que pudiera volver a distribuir coca cola a los militares americanos que se encontraban en Europa tan pronto como acabó la guerra.
Allianz
Allianz es la duodécima mayor empresa de servicios financieros del mundo. Fundada en Alemania en 1890, no resulta sorprendente que fueran la mayor aseguradora alemana cuando los nazis llegaron al poder. Como tal, enseguida se implicó en el régimen nazi. Su consejero delegado, Kurt Schmitt, también era el Ministro de Economía de Hitler, y la compañía aseguró las instalaciones y personal de Auschwitz. Su director general estaba al frente de la política que pagó al estado nazi en lugar de a los beneficiarios de los judíos afectados por la noche de los cristales rotos. Además, la empresa trabajó estrechamente con el gobierno nazi para localizar las pólizas de seguro de los judíos alemanes enviados a los campos de la muerte y, durante la guerra, aseguró las propiedades de las que despojaron a esos mismos judíos en nombre de los nazis.
Novartis
Bayer, aunque conocida por sus orígenes como una subdivisión del productor que fabricó el gas Zyklon B gas utilizado en las cámaras de gas nazis, no es la única empresa farmacéutica con esqueletos en el armario. Las empresas químicas suizas Ciba y Sandoz se fusionaron para constituir Novartis, más conocida por su famoso fármaco, Ritalin. En 1933, la filial berlinesa de Ciba despidió a todo el consejo de administración y lo sustituyó por personal ario más «aceptable». Entretanto, Sandoz estaba ocupada haciendo lo mismo con su presidente. Las empresas produjeron tintes, fármacos y productos químicos para los nazis durante la guerra.  Novartis confesó su culpabilidad e intentó corregirlo como otras compañías cómplices aportando 15 millones de dólares a un fondo suizo de compensación a las víctimas de los nazis.
Nestlé
En 2000, Nestlé aportó más de 14,5 millones de dólares a un fondo para intentar afrontar las reclamaciones por la mano de obra esclava que presentaron los supervivientes del holocausto y organizaciones judías. La empresa ha admitido que compró una compañía en  1947 que utilizó mano de obra forzosa durante la guerra y también ha declarado que «también es cierto o se puede asumir que algunas empresas del grupo Nestlé con actividad en países controlados por el régimen del Nacional Socialismo (nazismo) tenían trabajadores esclavizados». Nestlé contribuyó a la financiación del partido nazi en Suiza en 1939 y acabó ganando un contrato muy lucrativo, siendo el suministrador de todo el chocolate del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.
BMW
BMW ha admitido que utilizó hasta 30.000 trabajadores forzados durante la guerra. Estos prisioneros de guerra, trabajadores esclavos y presos de los campos de concentración, produjeron los motores para la Luftwaffe y fueron obligados a ayudar al régimen a defenderse de aquellos que estaban intentando salvarles. BMW centrada únicamente en aviones y motocicletas durante la guerra, no tenía otra pretensión que ser el proveedor de la maquinaria de guerra de los nazis.
General Electric
En 1946 General Electric recibió una multa por parte del gobierno estadounidense por sus nefastas actividades durante la guerra. En colaboración con Krupp, una empresa productora alemana, General Electric de forma intencionada y artificial subió el precio del carburo de wolframio, un material de vital importancia para los metales de la maquinaria necesaria para la guerra. Aunque solo le impusieron una multa de 36.000 en total, General Electric ganó entorno a 1,5 millones de dólares de esta estafa solo en 1936, obstaculizando el esfuerzo por ganar la guerra y aumentando el coste para derrotar a los nazis. GE también compró acciones de Siemens antes de que estallase la guerra, convirtiéndose en cómplice del uso de mano de obra esclava para construir las mismas cámaras de gas donde muchos de los trabajadores afectados fallecieron.
(El original de este artículo está en inglés y es de Business Pundit. Traducido y publicado por Euribor.es)

HISTORIAS DE LA PATRIA GRANDE! NOS DESASNA EL CUMPA MARCELO LA ROSA


El 8 de Abril de 1818: Juan José Carrera, militar y patriota chileno. Juan José Carrera Verdugo (Santiago, Capitanía General de Chile, 26 de junio de 1782 - Mendoza, Argentina, 8 de abril de 1818) fue un militar y patriota chileno, que participó activamente en la primera fase de la Guerra de Independencia de Chile, etapa conocida como Patria Vieja. Secundando a su hermano José Miguel, y junto a su hermano menor Luis y otros oficiales republicanos, formó uno de los principales bandos dentro de los partidarios de la Independencia: el grupo carrerino. Murió fusilado en Mendoza junto a su hermano Luis, a manos de las autoridades de la ciudad.
Posteriormente, Juan José y su hermano Luis se envolvieron — de acuerdo a Benjamín Vicuña MacKenna, a instigación de su hermana Javiera — en la llamada conspiración de 1817. El plan era volver a Chile con el propósito de apresar a O'Higgins y San Martín, forzándolos a abdicar y darles el poder. Contaban para esto con el apoyo de sus partidarios en Chile, sector que creían era considerable y que estaba a su espera.

Esos planes estaban avanzados en junio de 1817, los conspirados incluso se habían repartido los puestos del futuro gobierno: Manuel Rodríguez seria "dictador en lo político". El general Brayer (quien había llegado con José Miguel y ahora daba servicio en el Ejército de Los Andes) estaría a cargo del ejército. José Miguel sería enviado de nuevo a Estados Unidos a organizar una nueva flota. Luis Carrera, a la cabeza de una de las columnas armadas de sus partidarios que se organizarían en Santiago, capturaría a O'Higgins, mientras Juan José, al mando de la otra, se reservaba la captura y juicio militar de San Martín. A principio de ese mes los conjurados empezaron a viajar, por separado y en grupos pequeños a Santiago. A fines del mismo, los siguió Luis Carrera, disfrazado de mozo de un oficial de apellido Cárdenas. Y, finalmente, el 8 de agosto, Juan José, como amigo y compañero de viaje de un impresor.

Vicuña Mackenna llama al plan, entre otras cosas, una “funesta y loca trama”, producto de ”el sueño de una mujer” (es decir, Javiera) agregando que cuando José Miguel se enteró, habría dicho: “Mis hermanos se pierden. No son hombres para estas empresas. No tienen ni discreción, ni recursos, ni es ésta tampoco la época”.1

Apropiado o no, el plan comenzó a desbaratarse rápidamente, aún antes que todos los implicados pudieran cruzar la Cordillera. Por algún motivo, Luis Carrera asaltó un postillón para robarle las cartas y fue apresado en Mendoza. Su compañero de viaje confesó de inmediato, lo que llevó al arresto de Juan José en la posta de Barranquita, Provincia de Cuyo, el 20 de agosto de 1817. Ambos hermanos fueron trasladados a la cárcel en Mendoza.
El resto de los conjurados fueron capturados en Chile, alrededor del 8 de febrero de 1818. Junto a ellos fueron arrestados numerosos carrerinos (incluyendo a Manuel Rodríguez). Los conspirados eran sólo doce, pero es posible que Rodríguez hubiera estado al tanto. Sin embargo, este juró que no sólo no sabía nada, sino que nunca estaría envuelto en tales maniobras.2

A pesar que los Carrera estaban detenidos en Mendoza y dado que los cargos eran de subversión contra el gobierno de Chile, los documentos relevantes fueron enviados a Santiago para la atención de O'Higgins y San Martín. En la práctica, eso significó que el juicio se alargaba indefinidamente: los dos generales tenían otras preocupaciones más urgentes. Al mismo tiempo, y de acuerdo a Benjamín Vicuña Mackenna, la falta de seriedad de la tentativa se hacía evidente. La mayoría de los acusados - incluidos Manuel Rodríguez - fueron puestos en libertad. Esto hacia prever un desenlace relativamente leniente para los hermanos.

Desgraciadamente para ellos, en Mendoza fueron adicionalmente acusados de querer escapar con la ayuda de prisioneros realistas, a quienes intentaron armar y organizar para derrocar las autoridades provinciales e invadir Chile (cargos que Luis Carrera reconoció implícitamente). A mayor desgracia, el descubrimiento de la tentativa coincidió con la noticia de la derrota patriota después de la Sorpresa de Cancha Rayada (1818). Se temía una invasión realista ya sea desde Chile o desde el sur de Argentina. Como consecuencia de todo esto fueron encontrados -en lo que a lo mejor puede ser llamado un juicio sumario- culpables de los delitos de "lesa patria" y "actos contra la plaza" y condenados a muerte por el gobernador de Mendoza, Toribio de Luzuriaga3

En Montevideo, José Miguel recibe la noticia de la ejecución que tuvo lugar el 8 de abril de 1818, tres días después de la Batalla de Maipú, que selló el triunfo patriota en Chile y poco más de un mes después de la publicación de su Manifiesto a los Pueblos. Su reacción deja poca duda que, a pesar de sus aseveraciones acerca de estar convencido que se buscaba el exterminio de ellos, él no esperaba este desenlace.4

Acerca de la inocencia o no de Manuel Rodríguez del cargo de conspiración, hay un elemento adicional al que los historiadores han dado poca importancia. Los "Húsares de la Muerte" - al mando de Rodríguez - no participaron en la Batalla de Maipú porque, de acuerdo al entonces capitán de ese regimiento, Ramón Allende, el cuerpo de oficiales, de capitán para arriba, decidió que "se trataría de conservar a todo trance el regimiento, con la casi seguridad de que próximamente debían llegar a Chile don Juan José y don Luis Carrera, presos en Mendoza, pero cuya libertad era inminente. En todo caso se contaba con don José Miguel, libre en Montevideo. En suma, el regimiento debía ser la base de una revolución contra aquel orden de cosas, que para ellos no era más que una persecución permanente, la cual tomaría mayores proporciones una vez pasada la presente situación."5 Sin embargo, esta versión contradice los enormes documentos y hojas de servicio, según el cual, el regimiento Húsares de la Muerte, combatió a las tropas realistas del mercenario chileno Angel Calvo, tomando 600 prisioneros, según consta en el Archivo Militar del Ejército de Chile.

A los pocos días que Manuel Rodríguez supo de la noticia de la muerte de los Hermanos Carrera, tomó ventaja de un Cabildo Abierto (17 de abril) y organizó una tentativa de revuelta, entrando a caballo al Palacio de Gobierno chileno a la cabeza de una turba que demandaba el fin de la "intromisión argentina" y la abdicación del "Huacho Riquelme" (apodo despectivo con el cual los carrerinos llamaban a O'Higgins debido a que su padre nunca le reconoció), a consecuencia de lo cual fue tomado prisionero6 y se le siguió un juicio que, se dice, no llevó a conocer datos concretos. Cabe considerar que la ausencia del regimiento del combate puede ser considerada deserción en tiempos de guerra, cargo que puede tener consecuencias serias. Lo mismo se puede decir de un oficial que demande la disolución de su ejército y trate de derrocar su gobierno. Al poco tiempo el regimiento fue disuelto y Manuel Rodríguez fue apresado y, según muchos historiadores, asesinado en Til Til, el 26 de mayo de 1818.

domingo, 7 de abril de 2013

"UNA BREVE GUERRA DE TRES DÍAS" SEGÚN PYONGYANG


Una guerra improbable

Pese al despliegue militar, un EE.UU. empantanado en Irak y Afganistán no está para más bailes en Asia. Para China, una guerra en Corea sería una amenaza a su prioridad desarrollista. Para las dos Coreas significaría una promesa de mutua destrucción.

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Los aviones B-2 (capaces de transportar y lanzar bombas nucleares) volaron hace unos días sin escalas directamente desde su base de Missouri hasta Corea del Sur para lanzar proyectiles inertes de 900 kilos sobre una zona de tiro en una isla surcoreana. Corea del Norte consideró esta maniobra como la antesala de un ataque real por parte de EE.UU. El intimidatorio vuelo de los dos B-2 no salió barato. Cada hora en el aire sale 135.000 dólares, con lo que la factura total pudo ascender a 5,5 millones. Lo cierto es que desde 1950, Washington ha contemplado en varias ocasiones el uso de armas nucleares contra su viejo enemigo del Lejano Oriente.
Corea del Norte no tardó en responder, poniendo en marcha su nada sutil maquinaria de propaganda bélica. Sus noticieros y documentales muestran humillantes derrotas militares del enemigo, recogen hazañas sobrenaturales de sus dirigentes y amenazan con una lluvia de misiles capaz de arrasar EE.UU. en pocos días. Los últimos vídeos producidos en Pyongyang muestran imágenes de Nueva York en ruinas, un bombardeo sobre la Casa Blanca o al presidente estadounidense Barack Obama en llamas.
En el clip “Una breve guerra de tres días”, el régimen explica cómo sería su victoria si la actual crisis en la península coreana degenera en guerra abierta. Las imágenes comienzan con el lanzamiento de cientos de misiles sobre ciudades de Corea del Sur, seguido por una invasión terrestre, la ocupación de Seúl y “la toma de 150.000 ciudadanos americanos como rehenes”. ¿El desenlace final? “Una victoria aplastante que reducirá el enemigo a cenizas.”
Washington, que no escatima en gastos, ha enviado a Seúl una escuadrilla de F-22, bombarderos invisibles al radar, para participar en las maniobras conjuntas de Estados Unidos y Corea del Sur que no acabarán hasta finales de abril. Los F-22, nunca usados en combate, pueden escoltar a los B-2, además de atacar por sorpresa objetivos en el norte. En unos minutos podrían atravesar la frontera.
Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en Medio Oriente, EE.UU. no tiene nada para ganar con la destrucción o la ocupación de Corea del Norte. Ni siquiera con la puesta en práctica de la doctrina Obama de “cambio de régimen”. En 1997, un equipo de expertos de la CIA llegó a la conclusión de que al régimen norcoreano sólo le quedaban cinco años antes de sufrir un colapso. Pyongyang ha demostrado ser mucho más resistente que esas predicciones. Lo que desde fuera parece el símbolo de su anacronismo o atraso, para el gobierno es la fuente de su legitimidad, la única cohesión que lo mantiene en pie: repetir una y otra vez el discurso de la guerra de 1950, el cierre de filas ante el enemigo exterior, el llamamiento a la defensa de la única Corea auténtica.
Eso exige poner a prueba a cada nuevo presidente que llega al poder en Seúl, como está ocurriendo ahora, alimentar a un ejército que absorbe probablemente casi la mitad de su presupuesto, e invertir toda su propaganda en una estrategia de tensión que es su razón de ser en un país empobrecido.
La estrategia de Estados Unidos en Asia es eminentemente defensiva. Su gran reto es contener el creciente poder de China. En Asia Washington no necesita que pase nada para sentir que sus intereses están resguardados a la espera de saber qué forma adquirirá su rivalidad con China en las próximas décadas.
Beijing tampoco quiere bajo ningún concepto un conflicto que provocaría una oleada de refugiados sobre su frontera oriental, la desestabilización de su política de máximo crecimiento económico, y ser testigo del despliegue de las fuerzas navales norteamericanas a pocas millas de sus costas.
El veterano corresponsal del diario La Vanguardia, Rafael Poch, recuerda que los doce miembros de la Comisión Nacional de Defensa que gobierna Corea del Norte son curtidos ex combatientes de la guerra de Corea, una guerra contra el mayor imperio militar de la historia que fue derrotado (porque no venció) en aquel conflicto. Los norcoreanos suelen decir que ellos infringieron a los estadounidenses la primera debacle militar de su historia. En sus museos se cita, con orgullo y jactancia, la declaración del comandante de las fuerzas americanas en Corea, general William Clark, al término de la guerra: “Tuve la poco envidiable distinción de ser el primer jefe militar de la historia de Estados Unidos que firmó un armisticio sin victoria”. Para los halcones de Estados Unidos, Corea siempre fue una especie de asunto inconcluso, como Cuba, y tras el fin de la guerra fría, manifiestamente. En Pyongyang, la experiencia de guerra contra un enemigo superior y mejor armado marca la biografía y la narrativa que esa elite transmite al país.
Para la mentalidad del Norte, Corea del Sur es una Corea de segunda, algo parecido a una república heredera de un Estado títere del colonialismo japonés y el imperialismo americano. Mientras ellos siempre fueron independientes de China y de la URSS, cuyas tropas se retiraron en los cincuenta del Norte, los surcoreanos aún mantienen 30.000 soldados americanos estacionados en su territorio y otros 100.000 en la región con amplia capacidad nuclear. Y detrás de ese despliegue sigue estando Japón prestando su territorio y sus bases al cerco.
En Corea del Norte se considera que el ejército surcoreano, infinitamente más sofisticado y potente que el del Norte, está controlado por el Pentágono. El ex presidente de EE.UU. Jimmy Carter, que conoce bien Corea del Norte y ha tratado repetidamente con sus dirigentes, menciona esa circunstancia para explicar por qué los norcoreanos insisten tanto en mantener conversaciones directas con Estados Unidos, a lo que Washington se niega, entre otras razones porque EE.UU. no negocia con un régimen al que no pudo vencer militarmente hace medio siglo y que continúa hoy pidiendo un acuerdo de paz como condición para cualquier cosa.
Rafaél Poch enumera en La Vanguardia la lista de presidentes estadounidenses que consideraron usar la opción nuclear contra Corea. La lista abarca desde Dwight Eisenhower hasta Bill Clinton, por lo que “de todos los misterios de Corea del Norte, el de su ambición nuclear es el menos misterioso y el más racional. Que no sea percibido así por la opinión pública es un mérito de los medios de comunicación.
En la península de Corea, en Asia nororiental en general, la cuestión nuclear no es sólo un problema norcoreano”. Como dice Gavan McCormack, de la Universidad Nacional de Australia, “el problema norcoreano nunca podrá ser entendido mientras sea definido únicamente en términos del programa nuclear de Corea del Norte. Ese país era objetivo nuclear mucho antes de que comenzara a moverse hacia la adquisición de armas nucleares. Su referencia a una ‘disuasión’ debe ser tomada en serio”.

LAS OBRAS DEL VEGA Y EL MEDRANO NO FIGURAN EN EL PROYECTO DE INVERSIONES DE MACRI



Fuera de los planes de gestión PRO



A diferencia de años anteriores, el Plan Plurianual que acompaña el Presupuesto 2013 porteño nada dice sobre los dos arroyos que inundan la zona norte de la Ciudad. La omisión fue denunciada por el auditor kirchnerista Eduardo Epszteyn.
 Por Werner Pertot
Apenas llegó de sus vacaciones en Brasil, Mauricio Macri afirmó que la principal causa de la inundación fue el arroyo Medrano, que corre bajo la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires. La segunda es el arroyo Vega, que pasa debajo del barrio de Belgrano. Responsabilizó al gobierno nacional de que su gestión no haya iniciado esas obras, por no darle los avales para endeudarse. El auditor porteño Eduardo Epszteyn retrucó que la gestión PRO tardó tres años en modificar una cláusula que le bloqueaba el financiamiento. También advirtió que en el Plan Plurianual que acompaña el Presupuesto 2013 porteño no figuran proyectadas las obras del arroyo Vega y el Medrano. Se trata del proyecto de las inversiones que se harán en los próximos tres años. En los planes de los años anteriores aparecían esas obras programadas. Para Epszteyn, esto significa que, cuando redactaron el último plan plurianual, no tenían previsto hacer esas inversiones que permitirían frenar las inundaciones. “El macrismo tiene una falta de vocación por implementar estas obras”, sostuvo.
Como publicó este diario en octubre del año pasado, la Auditoría porteña advirtió al gobierno de Macri sobre la parálisis de tres obras para parar las inundaciones. Además de las de los arroyos de la zona norte, estaban frenadas las obras del arroyo Ochoa y del Erézcano, cuya licitación ganó Iecsa, la empresa que maneja Angelo Calcaterra, el sobrino de Macri. Esa obra terminó cancelándose porque encontraron que era “inviable” debido a diversas interferencias en el terreno.
La obra de los arroyos Vega y Medrano estaba preadjudicada y lista para empezar en 2009. La licitación se hizo sin tener el dinero y se la adjudicaron a Vialco (Electroingeniería) y a la constructora brasileña Andrade. El problema fue el financiamiento. Recién llegado de Trancoso, Macri dijo que la culpa la tenía el Banco Central, que no le dio los avales. El decreto por el que el jefe de Gobierno dio de baja la licitación en febrero de este año dice que “no llegó a concretarse, toda vez que al momento de la adjudicación no se disponía del cierre de la estructura de financiamiento”. Epszteyn indicó que la principal traba fue que la gestión PRO intentó poner como garantía de la deuda los fondos coparticipables, un problema técnico que le tomó tres años solucionar.
En el presupuesto del año pasado, el Plan Plurianual incluía las obras de los arroyos Vega y Medrano con el siguiente detalle del financiamiento:
- 2012: 189,2 millones de pesos, financiados con un préstamo a siete años.
- 2013: 441,3 millones, que provenían del Tesoro de la Ciudad.
- 2014: 428,4 millones, también del Tesoro de la Ciudad.
Sin embargo, las obras nunca comenzaron, la licitación se dio de baja y el plan plurianual que acompaña el Presupuesto de este año ni siquiera incluye la proyección de que esta obra se hará en algún momento de los próximos tres años. Es probable que, luego del temporal, el gobierno de Macri revierta este error en la ampliación presupuestaria que suelen hacer a mitad de año. Por el momento, consiguieron los avales nacionales para el financiamiento del arroyo Vega. Se iniciará una nueva licitación, que tardaría al menos un mes. El financiamiento para esa obra depende del Banco Mundial y, por el momento, no fue concedido, por lo que no hay plazos reales para subsanar las inundaciones en Belgrano.
La obra del arroyo Medrano, que corre al norte del Vega, ni siquiera tiene un proyecto de licitación y financiamiento. En la gestión PRO esperan que esto se coordine con la Nación y con la provincia de Buenos Aires, ya que la cuenca del Medrano también atraviesa distritos como Vicente López y Tres de Febrero. Esto no explica por qué si en 2009 ya habían licitado una obra para subsanar los problemas con ese arroyo, ahora esperarán a coordinar acciones con otros distritos.
“Si se analiza los presupuestos, se ve que el macrismo tiene una falta de vocación por implementar estas obras, porque no son obras decorativas sino que toman años”, advirtió Epszteyn, quien destacó que “la responsabilidad es del Gobierno de la Ciudad en la no implementación de las obras”.

Una morocha arrabalera que hizo frente a la crisis que había generado la catástrofe.


"No, mamita, eso no es así"

Cristina se diferenció porque fue auténtica y salió a debatir con los vecinos de igual a igual.

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I
Si uno quisiera saber dónde está la diferencia entre Cristina Fernández de Kirchner y otros dirigentes políticos no tiene que fijarse sólo en los anuncios que la presidenta hizo el viernes a la noche por cadena nacional. Importantes, imprescindibles para esta hora, toda ayuda social y anuncios de infraestructura son bienvenidos en cualquier puntos del país y, sobre todo, en las zonas afectadas por las inundaciones que devastaron a la ciudad de La Plata y a varios barrios de la Capital Federal. Pero no radica allí la verdadera diferencia de cualidad política entre una y otros, ya que el Estado nacional tiene mayor presupuesto y recursos que las provincias, es lógico que su batería de medidas sea más sustancial y generosa. Es por eso que no hay que ir allí para encontrar las distinciones.
Como se sabe, la presidenta anunció por cadena nacional, sin excesos de dramatismo ni exageraciones gestuales, una batería de medidas de reparación social y económica para los damnificados que alcanzará a una población de más de 150 mil personas. Se duplicará por dos meses el monto de las asignaciones familiares, y las jubilaciones y pensiones mínimas. Las familias recibirán 680 pesos por cada hijo; se estima que la medida beneficiará a 34.050 niños y niñas que residen en La Plata y la Ciudad de Buenos Aires. Un beneficio similar –la multiplicación del importe a cobrar por un plazo de 90 días– se aplicará sobre el salario familiar que cobran los trabajadores registrados según cada categoría. Además, se pagará una "prestación adicional" de 1065 pesos para los desocupados que sufrieron la inundación y que estén cobrando el seguro de desempleo. También anunció créditos para la refacción de hogares y para el consumo y, obviamente, un profundo estudio de las causas de las inundaciones y obras para impedir que desastres evitables como estos vuelvan a suceder. 
 
Pero tampoco está allí la diferencia sustancial de la presidenta. Está en su estilo. Y se sabe, el estilo es la consolidación de las formas con que uno hace las cosas. Estas inundaciones fueron un medidor de reacciones políticas más que interesantes. El gobernador Daniel Scioli comprendía el dramatismo de la situación y lo transmitía constantemente. El intendente de La Plata, Pablo Bruera realizaba todo tipo de triquiñuelas para tratar de tapar su ausencia. Y lo "malo" –no en términos morales sino políticos– no consistía en su ausencia –los funcionarios pueden tomarse descanso siempre y cuando no vivan de vacaciones como el jefe porteño– sino en el intento de engaño hacia su propio electorado, a través del affaire "Twitter" por el que por lo menos pidió perdón públicamente en reiteradas oportunidades.
 
Mauricio Macri, por su parte, cometió todos los errores posibles, esto no dicho en términos morales, sino estrictamente políticos, en el sentido de búsqueda de consenso o acumulación de poder. Repitió viejos esquemas comunicacionales –frases hechas, eslóganes, ideas repetidas– que le habían servido para momentos normales pero no para episodios de crisis y que demostraron estar agotados. Por eso, el relato macrista hizo agua por distintos motivos: 1) prometía equipos técnicos preparados para gobernar la ciudad y no pudo paliar siquiera las inundaciones; 2) acusaba al gobierno nacional por falta de colaboración, pero dejó al desnudo que el propio Macri decidió gastar su presupuesto en Metrobus y en carreras de autos antes que en la obras del Arroyo Vega, por ejemplo; 3) mostró poca o nula sensibilidad como para recorrer los barrios que habían sufrido la inundación; 4) en un cuanto a la discriminación a favor de los sectores enriquecidos, prometió subsidios sólo para aquellos que tuvieran los impuestos pagos, es decir, no para los sectores más pobres con dificultades económicas para pagar los siderales aumentos de ABL, por ejemplo. Inexplicable: Macri quiso subsidiar a los sectores más favorecidos económicamente y dejar sin subsidios a los más pobres. Sólo en el planeta Macri algo así puede ser pensado, y 5) no se hizo responsable de nada, no hizo autocríticas y tiró la pelota afuera constantemente acusando una vez más –con su muletilla muerta– al gobierno nacional por todos los problemas. 
 
Además, Macri cayó, finalmente, en su propia trampa. Gastó de tanto utilizar el discurso de la antipolítica. Sus argumentos eran que él no pertenecía a esa clase, que era empresario, que era nuevo, estaba del lado de los vecinos y del hombre común, y le sirvieron para generar una empatía con un electorado que descree de la política y se refugia en una antipolítica de corte liberal libertario rayano a la falta de escrúpulos del outsider. Pero hoy su relato se quebró: para los "vecinos" de Buenos Aires, Macri pasó a formar parte de la clase política y cayó bajo el latiguillo de "son todos iguales de corruptos", frasecilla histérica que sólo favorece a los intereses de los grupos económicos que devastan al Estado en contra, obviamente, de los ciudadanos. Y algo más: el electorado porteño empieza a sospechar que no tiene mucho sentido votar a un jefe que es un impotente político, es decir, ya no le es ni funcional ni útil. Obviamente, esto no significa que esa clientela se haga kirchnerista, pero significa que está abandonando a su vieja preferencia.
 
No pasó lo mismo respecto de la presidenta y su propio electorado, en cambio, y lo que está por verse es si logró contener a sectores no antagónicos de la sociedad con las medidas anunciadas el viernes. Pero Cristina tuvo un acierto fundamental: fue "Ella". El kirchnerismo supo contener a distintos sectores de la sociedad cuando dio la cara. Le fue muy bien en Tartagal, por ejemplo, y no ocurrió lo mismo con el caso Cromañón y la Tragedia de Once. La presencia institucional que tuvo el jueves en La Plata y luego en los barrios inundados de Capital Federal marcó la diferencia respecto de los demás líderes políticos. Pero, además, sumó por una última cuestión: fue auténtica.
 
¿Por qué fue auténtica la presidenta? Sencillo. No fue a poner cara de compungida y a ofrecer promesas y soluciones. Hizo algo más: fue en su mejor versión. Espontánea, canyengue, y profundamente igualitaria. No hubo gestos paternalistas ni demagogos. Fue y "peleó" a los vecinos, fue a discutir y a debatir de igual a igual. "No, mamita, eso no es así", le dijo a una vecina que le reclamaba y le empezó a explicar por qué se inundaba en el barrio donde ella había nacido, demostrando que además de presidenta tenía alguito de calle. Una morocha arrabalera que hizo frente a la crisis que había generado la catástrofe.
 
II
Ya hablé varias veces de "crisis". Y describí en términos "plebeyos" lo que ocurrió política y comunicacionalmente esta semana. Ahora quiero analizarlo en términos técnicos, comprendiendo que la acción política siempre es acción comunicativa y viceversa. Para ello voy a utilizar las herramientas teóricas ofrecidas por el politólogo cordobés Mario Riorda, en su prólogo al libro La gestión del disenso. La comunicación gubernamental en problemas. 
 
En ese trabajo, Riorda explica que "crisis significa alta dosis de incertidumbre frente a amenazas de pérdida de poder. Pero la incertidumbre no es una cuestión de todo o nada. El concepto de crisis (…) lleva en sí perturbaciones, desórdenes, desviaciones, antagonismos, pero no solamente esto; estimula en sí las fuerzas de muerte que se convierten, en ella todavía más que en otro lado, en las dos caras del mismo fenómeno. En las crisis son simultáneamente estimulados los procesos casi neuróticos y los procesos inentivos y creadores. Todo eso se confunde, se entrecruza, se entre-combate, se entre-combina. Y el desarrollo y el resultado de la crisis son aleatorios no solamente porque hay una progresión del desorden, sino porque todas estas fuerzas, estos procesos, estos fenómenos extremadamente ricos se influyen y destruyen entre sí en el desorden (…) Hablamos de crisis cuando los responsables políticos experimentan una amenaza seria para las estructuras básicas o los valos y las normas fundamentales de un sistema, que bajo presión del tiempo y en circunstancias muy inciertas, hace necesario que se adopten decisiones vitales. Las crisis producen típicamente y de modo comprensible un sentido de urgencia. En una crisis, la percepción de amenaza se acompaña por un alto grado de incertidumbre. Esta incertidumbre está relacionada con la naturaleza y con las consecuencias potenciales de la amenaza."
 
Delimitado el concepto de crisis, Riorda ofrece un plan comunicacional correcto para resolver esa situación que enfrenta a un líder o una fuerza política. Lo denomina "comunicación de crisis" y tiene las siguientes características: a) debe dotar de certidumbre y producir la clausura de la crisis. Tratar de eliminar la conflictividad; b) debe estar destinada a todos, pero se deben priorizar mensajes con segmentación diferenciada (los principales damnificados, por ejemplo); c) debe ser de corto plazo; d) debe explicitar el término de la crisis; e) no tiene que ser necesariamente costosa; f) debe tener ausencia de eslóganes; y g) la prensa debe ser híperpersonalista y muy eventualmente puede utilizarse publicidad institucional.
 
Lo interesante del trabajo de Riorda es que plantea un esquema o un protocolo de acción para resolver comunicacionalmente las crisis. Ahora, se puede adaptar este modelo a las diferentes estrategias políticas de los líderes involucrados en la tragedia de esta semana: Cristina, Scioli, Bruera y Macri. Con la aplicación del juego a la realidad, cualquiera podrá llegar a la conclusión de que la única estrategia virtuosa fue la que adoptó la presidenta de la Nación, sobre todo, cuando rompió cualquier molde especulativo y le dijo a la vecina inquisidora "No, mamita, eso no es así."