lunes, 26 de noviembre de 2012

43% DE LOS PAULISTAS A FAVOR DE LOS ESCUADRONES DE LA MUERTE POLICIALES!


Recrudece la violencia en San Pablo y la población ya tolera a los parapoliciales

 En la madrugada del domingo fueron asesinadas 15 personas, el doble del promedio diario. Un camarista opinó que ya existe una guerra civil contra los narcos y, según una encuesta, el 43% está de acuerdo con los escuadrones de la muerte. 

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Por: 
Tiempo Argentino
 Al menos 15 personas, entre ellas un niño de cinco años, fueron asesinadas en la madrugada de ayer en San Pablo y sus alrededores, en el marco de la guerra desatada entre las mafias de las drogas, la policía y la actuación de escuadrones de la muerte. Otras 20 fueron heridas. Mientras un magistrado describió la realidad de la más grande ciudad latinoamericana como una "guerra civil" desarrollada en un momento en el que "el crimen organizado controla todo", un sondeo reveló que el 43% de los paulistas aprueba que los policías conformen escuadrones de la muerte.
El número de víctimas de ayer supera el promedio diario registrado en octubre, el peor mes de este año, que fue de 6,6 muertes. Esta es la primera gran ola de crímenes desde que el jueves pasado asumiera como secretario de Seguridad el ex fiscal Fernando Grella, en un cambio de timón para la guerra no declarada entre la policía y el Primer Comando de la Capital (PCC), la mayor banda de narcotraficantes de Brasil (ver aparte). Grella pidió a los policías que respeten los derechos humanos y ordenó que se investigue la participación de agentes en las masacres.
El caso más grave ocurrió en San Bernardo do Campo, un municipio del cordón industrial de San Pablo, donde cuatro hombres en dos motocicletas abrieron fuego contra un bar y mataron a dos personas e hirieron a otras seis. Una hora después y con la misma modalidad, los disparos se dirigieron contra otro bar cercano, donde no se reportaron víctimas fatales, pero sí tres heridos.
En Osasco, un municipio vecino situado a 40 kilómetros de San Bernardo do Campo, el mismo accionar: cuatro personas murieron y otras 11 resultaron heridas de bala en una masacre perpetrada también por cuatro hombres que se desplazaban en dos motocicletas. Entre las víctimas están un hombre y su hijo de cinco años. En Diadema, en el Gran San Pablo, tres personas fueron asesinadas a tiros cuando conversaban en una esquina. Según la cadena O Globo, en un supuesto tiroteo en la misma barriada, dos sospechosos fueron asesinados por policías militares.
En este marco, el juez Fausto de Sanctis, camarista del Tribunal Regional Federal de San Pablo, dijo que lo que ocurre en el estado es una "guerra civil" entre el crimen organizado y la policía, ante la cual la sociedad está "cerrando los ojos". Según De Sanctis, "la violencia existe por la certeza de impunidad. Creo que el policía brasileño está abandonado, sin estructura de apoyo institucional, es masacrado, no es bien visto pese a ser un representante de la sociedad", agregó quien es considerado uno de los mejores jueces del país.
Cuando el diario Folha de São Paulo le preguntó sobre las ejecuciones fuera de la ley de las que participan policías en zonas previamente liberadas, respondió que "cuando se está en guerra, se está en guerra, y los excesos siempre se van a dar. Ocurre que Brasil está con los ojos cerrados ante esta guerra" que enfrenta a la policía con el PCC. "No quiero refrendar los excesos, por el amor de Dios, lo que digo es que estamos ante una guerra, y la guerra tiene que tener legislación de guerra, pero sin embargo, no existe esa legislación", señaló.
Junto con las opiniones de De Sanctis, se conoció un sondeo de Datafolha –la encuestadora de Folha de São Paulo– según el cual casi la mitad de la población paulista se declaró partidaria de que los policías participen de grupos de extermino clandestinos para combatir a la delincuencia. El 43% tolera que cuando esté fuera de servicio, un policía asesine a un sospechoso o a un delincuente y no sea sancionado por ello. En la misma encuesta, el 55% sostuvo que el mayor responsable del descontrol es el gobernador Geraldo Alckmin, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).  «
                                                   Ansa y Efe
 
 
multas en lugar de cárcel  
 
Los magistrados del Tribunal Supremo de Brasil, que en este momento juzgan actos de corrupción denunciados en 2005, durante el primer mandato del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, coincidieron con el ministro de Justicia, José Eduardo Cardoso, al opinar que el sistema penitenciario del país es "medieval" y ambienta la consolidación de los grandes grupos delictivos, como los asociados con el narcotráfico.
El 14 de noviembre, dos días después de condenar a dos dirigentes de primera línea del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), el juez Antonio Días Toffoli criticó el sistema carcelario y se mostró partidarios de que la justicia endurezca las sanciones pecuniarias y se reserve las condenas de prisión "más que nada para los hechos de sangre". Según el magistrado, "la penosa situación de las prisiones hace mucho más difícil la tarea de los jueces al momento de fijar una pena de reclusión".
"Algunos dicen que es pedagógico enviar a alguien a la cárcel, pero ante la cruel realidad de las prisiones, en casos de corrupción sería más pedagógico recuperar los valores desviados", dijo Toffoli, quien propuso adoptar multas más elevadas para los responsables de irregularidades en la gestión pública. El juez se estaba refiriendo, sin nombrarlos, a los ex ministros José Dirceu y José Genoino. Ambos dijeron que fueron condenados sin pruebas y el PT denunció la "actitud militante de los miembros del tribunal".
                                                              Efe
 
El dato
 
Miedo
En agosto pasado se disparó la sensación de inseguridad con la ola de homicidios. Ese mes, el 26% declaraba tener miedo de caminar de noche por las calles de la metrópoli más grande de América del Sur. Ahora, ese índice saltó al 61 por ciento.

AMIGOTES GOLPISTAS DESPIDIENDO A UN ASESINO


Secretos en las necrológicas del represor Albano Harguindeguy

 Christian J. Zimmermann y Jorge Orozco Echeverz son dos de los nombres que surgen de los saludos al ex ministro del Interior que murió en la impunidad el pasado 29 de octubre. 

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Para Tiempo Argentino
El represor Albano Harguindeguy falleció en la impunidad el lunes 29 de octubre de 2012 por la noche. El miércoles 31 el diario La Nación publicó 14 avisos fúnebres de distintos personajes que le escribieron "en su memoria": su mujer, sus "hijos del corazón", sus nietos, cadetes de las promociones '85 al '89 del Escuadrón de Caballería del Colegio Militar de la Nación, empresarios.
Harguindeguy murió en su casa sin condena judicial firme. Estaba  procesado y con prisión preventiva domiciliaria por crímenes de lesa humanidad, en la causa por el secuestro extorsivo de los empresarios textiles Gutheim en la que todavía sigue procesado José Alfredo Martínez de Hoz y el propio Videla, y también estaba siendo juzgado en Entre Ríos y tenía otro proceso pendiente por su participación en el Plan Cóndor.
Ocupó el Ministerio del Interior el 29 de marzo de 1976 y durante cinco años tuvo bajo su mando a la Policía Federal, cuyos oficiales participaron en numerosos grupos de tareas y hechos criminales por los que están siendo juzgados. Había sido jefe de la Policía Federal durante el gobierno de Isabel Perón, en el marco del avance de las Fuerzas Armadas sobre el Estado.
El 20 de agosto de 1976, bajo su mando, 30 detenidos de modo clandestino fueron sacados de la Superintendencia de Seguridad Federal (ex Coordinación Federal), a metros del Departamento Central de Policía y conducidos a la localidad de Fátima, vecina a Pilar, para ser fusilados y dinamitados en represalia por el asesinato del general Omar Actis. Harguindeguy, sin embargo, logró eludir una y otra vez a la justicia y en 1989 fue beneficiado por el indulto que dictó el entonces presidente Carlos Menem, periodo que disfrutó hasta 2004. En esos años siguió ostentando su pasión por la caza mayor que practicaba en cotos patagónicos o visitando un campo familiar cerca de Balcarce, donde se lo podía ver despreocupado cargando combustible en las estaciones de servicio. 
A partir de 2004 se negó a declarar ante la Justicia por hechos que lo vinculaban al Operativo Cóndor, de integración represiva entre las dictaduras de la región para intercambiar información y presos. En 2006 quedó imputado en una causa junto a su excolega de cacerías en África, el entonces ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, con quien terminó siendo consorte judicial. A ese procesamiento había sumado otro junto al ya condenado policía Gallone por 153 víctimas de privaciones ilegales de la libertad, tormentos y desapariciones, que no tendrán castigo penal por la muerte de sindicado autor.
Gallone es el mismo efectivo que el 5 de octubre 1982 se hizo sacar una foto que los militares hicieron circular como ejemplo de la "reconciliación". La foto, cuidadosamente armada, muestra un supuesto abrazo entre el policía y una Madre de Plaza de Mayo. En realidad, la Madre lo había increpado a Gallone y él estaba estrujándola, queriéndola callar. Gallone es, además, íntimo amigo y cómplice del "Fino" Palacios, según consta en la causa judicial que lo investiga.
En declaraciones a la televisión francesa, que quedaron registradas en el documental Escuadrones de la Muerte: La escuela Francesa de Marie-Monique Robin, Harguindeguy reconoció en 2003 –cuando estaban vigentes las leyes de impunidad– su accionar durante la última dictadura militar. "Hicimos lo que correspondía, en cumplimiento del deber militar. Empezamos bajo un gobierno constitucional y seguimos en un gobierno de facto. Las Fuerzas Armadas deben decirle al pueblo argentino: nosotros los liberamos de ser un país marxista", reconoció el represor y ministro durante cinco años.
 
AVISOS FÚNEBRES DE LA NACIÓN. Entre los 14 avisos que pretenden recordarlo, uno de ellos sostiene: "HARGUINDEGUY, Álbano E. (Vasco), Gral. Div. (R) - Despide con tristeza al amigo incondicional, al gran patriota y ejemplar militar. Christian  J. Zimmermann".
Zimmermann es economista y fue vicepresidente del Banco Central durante la dictadura militar. Tras casarse con Inés Pereyra Iraola pasó por el Banco Galicia y, luego, integró el grupo que lideraron Martínez de Hoz y Perriaux en el Ministerio de Economía de la dictadura. Sus servicios fueron recompensados con la vicepresidencia del Banco Central durante la gestión de Adolfo Diz. Es uno de los cómplices civiles del genocidio militar.
El Terrorismo de Estado usó su maquinaria asesina para hacer desaparecer a 30 mil personas y, además, para hacer negocios en los que, con el pretexto de la "subversión económica", despojó de sus bienes a grupos empresarios nacionales.
Según el fiscal Federico Delgado está involucrado en la que causa en la que el juez federal Daniel Rafecas investiga el vaciamiento del grupo Chavanne-Grassi por parte de la dictadura militar. El informe menciona explícitamente la intervención del ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz y del ex vicepresidente del BCRA Cristian Zimmermann: "Por intereses netamente económicos, se puso en movimiento la maquinaria represiva y se la blanqueó a través del recurso a expedientes judiciales." 
Zimmermann, amigo de Harguindeguy, es nombrado por su participación en el vaciamiento del Banco de Hurlingham, que hasta finales de 1976 perteneció al Grupo Graiver. Luego de la muerte de David Graiver, los sucesores vendieron el banco en 12 millones de dólares al Grupo Chavanne, que a su vez lo cedió en parte de pago a Industrias Siderúrgicas Grassi. El ingeniero Luis Grassi explicó ante la Cámara Federal que Juan Alfredo Etchebarne, titular de la Comisión Nacional de Valores, y el ex vicepresidente del Banco Central, Christian Zimmerman, querían apoderarse del banco sin pagar un peso. Agregó que también querían llevar a la ruina a su siderúrgica, quiebra que beneficiaba a Acindar, la empresa que presidió Alfredo Martínez de Hoz antes de asumir como ministro de Economía.
"Funcionaron mancomunadamente los referentes del gobierno militar pero, también, aquellos representantes del aparato de justicia afines al régimen y los organismos estatales con vinculación económica que fueron los que terminaron vaciando a los grupos económicos, entre ellos el Banco Central (BCRA) y la Comisión Nacional de Valores (CNV)", explica el documento de 13 páginas elaborado por el fiscal Federico Delgado.
"Los casos revelan cómo, mediante la formación de expedientes penales, se velaba una privación ilegal de la libertad de empresarios fuertes y la intervención del patrimonio económico de esos grupos para finalmente vaciarlos. A través de la alegada infracción a la ley de 'subversión económica' que permitió saquear esas empresas con la colaboración de los antes enunciados organismos económicos del Estado", sostiene la hipótesis del fiscal.
El informe fue presentado en el marco de la Causa n° 8405/10 "NN sobre privación ilegal de la libertad; Dam: Chavanne, Marcelo", pero se refiere también a los casos Defranco Fantín –un empresario dueño de las publicaciones Tía Vicente y El Libro Gordo de Petete, y de casas de cambio– y Oddone –titular del banco homónimo y la tarjeta Diners– a quien el régimen perseguía por "poseer los mejores negocios de la Argentina".
El fiscal detectó que las causas penales que blanqueaban el despojo se iniciaban por denuncias anónimas.
En el caso del Banco de Hurlingham, la descripción es –según Delgado– una muestra clara del accionar, en ese rubro, de la dictadura. "En noviembre y diciembre de 1978 (época en la que estuvieron detenidos todos los responsables e interesados del Banco de Hurlingham) fue el lapso temporario en el que se produjeron los mayores adelantos del BCRA por 2500 millones de pesos. El vicepresidente del BCRA era, para ese entonces, Christian Zimmermann, promotor de las actuaciones. En enero de 1979 se liquidó el Banco de Hurlingham, por medio de la Resolución 41 firmada por Zimmermann. De la pérdida que se asentó que arrojaba el banco, una gran parte se debía a deudas por cargos al BCRA que se generaron en noviembre y diciembre, cuando la mayoría de los integrantes del banco estaban privados de la libertad."
Juan Claudio Chavanne, quien compró el Banco de Hurlinhgam, fue detenido por un grupo armado al mando de Raúl Guglielminetti. Zimmerman designó ocho peritos del Banco Central y la CNV para asesorar a los torturadores. Además, aplicando el mismo discurso asesino de sus amigos genocidas, sostuvo en 1980 "la inflación está muerta" cuando el país estaba en un proceso inflacionario irreversible.
 
OTRO AMIGOTE. Otro de los "amigos" de Harguindeguy es Jorge Orozco Echeverz, vocal de la Comisión de Carreras del exclusivo Jockey Club, que preside Enrique Olivera. Orozco Echeverz y su esposa ruegan "una oración" en memoria del represor. 
No llama la atención la dupla. Olivera, ex jefe de gobierno de la Ciudad, asumió tras la renuncia de Fernando de la Rúa a ese cargo, en 1999. Olivera es familiar del sacerdote Bernardo Olivera, superior de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (trapenses). Bien podrían pedirle a él un rezo por la Harguindeguy.
En octubre de 2000 Olivera fue designado como presidente del Banco de la Nación Argentina. Renunció tras la renuncia de De la Rúa a la Presidencia, en diciembre de 2001, para volver a ocupar el cargo en enero de 2002, bajo el gobierno de Eduardo Duhalde. Renunció en abril de ese año. Luego fue diputado de la Ciudad en la lista del ARI de Elisa Carrió y en el 2007 fue compañero de fórmula de Jorge Telerman como vicejefe de gobierno de la Ciudad. 
Dios los cría y ellos se juntan... «
 
Luis Zarranz
Integrante del equipo de prensa de la Asociación Madres de Plaza de Mayo

domingo, 25 de noviembre de 2012

GRIESA Y LOS "MATONES VIP"


Pandillas de Nueva York

Una decisión sin precedentes, por el contenido y el tono. La furia del juez Griesa. Ceder la competencia, pecado original. Un curioso sentido de la igualdad entre acreedores. Barras bravas en la tribuna VIP. Recursos posibles en la Cámara. Escenario inédito y abierto. Poderes en conflicto.

 Por Mario Wainfeld
“(...) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
Y alumbrando el camino de la fácil conquista,
La Libertad levanta su antorcha en Nueva York.”
“Oda a Roosevelt”,
de Rubén Darío.
“I wanna wake up in a city
That doesn’t sleep
And find I’m king of the hill,
Top of the heap...”
“New York, New York”,
canción que Frank Sinatra transformó en himno.
“Nunca vi un fallo así”, confiesan abogados afincados cerca de Wall Street, insospechados de populismo. Concuerdan economistas de postín, ajenos a la galaxia K. Aluden tanto a la parte resolutiva cuanto a los inflamados fundamentos. La decisión del juez Thomas Griesa no reconoce precedentes, ése es uno de los motivos (no el único) que hizo que fuera tan extendida la sorpresa que produjo.
El expediente debe recorrer todavía varias instancias, dista de ser una sentencia firme. Si llegara a estarlo (hipótesis no concretada pero para nada imposible) abriría las puertas a un cataclismo que implicaría a la Argentina pero que se propagaría al sistema financiero internacional. El Estado nacional la recurrirá mañana. Aunque algunos lo omitan, es su deber legal agotar las instancias frente a toda sentencia adversa a los intereses nacionales. Las instituciones de la república imponen ese comportamiento, dato que varios “republicanos VIP” ignoran. Se repite: es su obligación. Y se añade que (aunque suene estridente para ciertos oídos) es su deber patriótico.
El juez federal de Nueva York rompe todas las reglas, desoye los reclamos de Argentina tanto como los de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Acreedores institucionales (carne de Wall Street, digamos) se suman. El argumento compartido es que acceder al reclamo de los fondos buitre genera un riesgo sistémico de imprevisibles, pero seguro tremendas, consecuencias. Impacto eventual en canjes futuros, algunos inminentes en el corazón del Primer Mundo.
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Un día de furia: Si el cronista creyera que sus lectores son masoquistas y quieren agriarse el domingo, les aconsejaría leer la resolución. Es impresionante. Un dato ineludible, primordial, es la furia del magistrado. A Griesa, valga la expresión, lo sacan de quicio declaraciones públicas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, del ministro de Economía Hernán Lorenzino y de otros integrantes del equipo de Gobierno. Las traduce como un desafío a su poder, un anuncio de que desacatarán una sentencia en su contra. Eso, son sus palabras en traducción libre, lo compele a exigir un fastuoso depósito en caución, 1330 millones de dólares, antes del 15 de diciembre.
La ecuación personal de un octogenario, conservador de pálpito, impone su sello. Una intrincada lógica legal, que Argentina consintió en mala hora, le otorga competencia a un juez que no capacita para resolver lo que tiene entre manos. Amante de las comparaciones, que tienen parte de licencia literaria, el cronista evoca el caso del asesinato de José Luis Cabezas. Una bisagra histórica que recayó en el tribunal de un oscuro, ya crecidito y poco avezado juez de pueblo. Incapacitado para un asunto de tamaña entidad, aunque competente desde el punto de vista legal.
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De iguales, nada: Griesa cree que deben cesar las exenciones y los plazos otorgados a la Argentina en su mismo juzgado. Habla de equiparar a los buitres con los acreedores que aceptaron los dos canjes soberanos de deuda. Pero, puesto a decidir, los coloca en una situación de feroz primacía. Para ellos no hay quitas ni plazos. Los 1330 millones son el total de la demanda en la que se dicta la decisión.
La sentencia está redactada en el inglés conciso que suelen usar los norteamericanos, tiene bastante menos jerga técnica que la media de los fallos de los tribunales argentinos. Una característica chocante lo caracteriza: parece referirse a un conflicto entre dos particulares. Digamos, un deudor y un acreedor por un accidente de tránsito o el cobro de un pagaré. Las (fenomenales) peculiaridades del conflicto le atraen poco o nada. Algo comenta, al desgaire, para replicar fundamentos de los litigantes argentinos o del Norte, pero su núcleo es la conducta de las partes, sus palabras. Las resonancias y consecuencias de la cuestión le son ajenas.
No hay gran casualidad en esto. Como comenta el economista Jorge Gaggero, en diálogo informal con el cronista, la Argentina resignó la competencia de sus tribunales para aceptar litigar en el país en el que la propiedad privada es sacrosanta. En donde las sociedades comerciales son consideradas más importantes que las personas. Los límites impuestos al mercado por la lógica del Estado de Bienestar son vistos con recelo, cuando no con ánimo condenatorio. Todo juzgador tiene una ideología que condiciona sus resoluciones, la de Griesa es flagrante. Hay un pecado original del Estado argentino: haber prorrogado (cedido) la competencia de sus tribunales.
Griesa rechaza, con pocas y confusas palabras, lo del precedente infausto y el riesgo sistémico. La Argentina es única en su contumacia, propone. Pocos especialistas o dirigentes políticos en el mundo concuerdan con su enfadado punto de vista. Pero ahí está el poder, hasta un punto que se irá midiendo.
Se abre un escenario sin precedentes y por eso mismo impredecible. Es, como casi siempre, un buen aliciente para matizar las profecías, críticas o encomiásticas.
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Barras bravas en la tribuna (de doctrina): Por cierto, el diario La Nación no tiene pliegues ni dudas. Se alinea con el juez neoyorquino o, por ser más estricto, con los fondos buitre. “Fallo Griesa: el valor de honrar las deudas” se titula el editorial del viernes 23. De nuevo, se propondría su lectura si no fuera tan indigesta.
La tribuna de doctrina no se pone del lado de los acreedores institucionales, de ese 93 por ciento que negoció con Argentina, acordó, cobra prolijamente sus acreencias y le reclama a Griesa que piense con sensatez. Fiel a su historia, La Nación
enarbola la bandera de lo peor del globo terráqueo, ahora es la hez del mundo financiero. Ironicemos apenas, para aliviar el domingo: si bancó genocidas, es casi un avance que ahora se encolumne con usureros.
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Pedid lo imposible: Griesa impone una suerte de medida cautelar. Se aclara que la traslación de las expresiones del derecho argentino (bien distinto al anglosajón) es aproximativa, para facilitar las explicaciones. Argentina debe depositar la caución exorbitante antes de la fecha en que se dispone a honrar el pago de bonos canjeados. La operatoria se realiza transfiriendo dólares del Banco de Basilea al de Nueva York (BNY), que es el encargado de los pagos. Legalmente la plata deja de ser argentina no bien se ordena la transferencia, por eso Griesa no ordena el embargo. Sí le ordena al BNY que, si no hay depósito judicial, se abstenga de pagar a los bonistas o se atenga a las consecuencias. El apercibimiento, no muy detallado, es severo. Linda con considerarlos en desacato. De ahí que sea imposible saber con certeza qué hará el susodicho banco. Se irá develando en los próximos días. Por eso, en el gobierno argentino se cabildea sobre si “des-rutear” el pago y derivarlo a otro agente financiero, en una sede más segura. No es una tarea sencilla, por evidentes razones técnicas y legales, pero quizá sea forzosa.
Lo que sí hará el Estado es demostrar su voluntad de pago y su solvencia, que han sido constantes desde el primer canje de 2005. O sea, probar que no quiere caer en default y tiene con qué evitarlo.
Bueno es recordar que esas negociaciones no fueron una transa realizada en un oscuro callejón de suburbios. Fue una pulseada firme, inédita en la magnitud de la quita, con arrestos de desafío pero al unísono dentro de la normativa internacional. Los canjes se hicieron con la intervención del sistema financiero internacional, público y privado. Sus exigencias forzaron cambios, reglas de juego e incluso postergaciones. La historia se reseña a trazos gruesos en recuadro aparte.
El producto es un acumulado de un 93 por ciento de acreedores que aceptaron la quita y vienen cobrando en tiempo y forma. La resolución de Griesa vulnera esos pactos y esa legalidad. El Estado nacional se comprometió a no realizar acuerdos mejores con los holdouts (acreedores que no aceptaron). Si incumple el pacto, los bonistas pueden reclamar judicialmente, lo que abriría un tsunami de reclamos judiciales. Una “ley cerrojo” del Congreso nacional confirmó esos márgenes. Si hubiera otro (muy otro) gobierno que quisiera avenirse con los fondos buitre debería derogar la ley primero, algo accesible con una mayoría calificada. Pero no escaparía al escarmiento de los pleitos de los demás. Quienes proponen sentarse a negociar con los buitres desconocen esos condicionantes.
Pero, por añadidura, las reglas dispuestas por Griesa, al ser tan beneficiosas para los fondos buitre, obstaculizan cualquier tratativa. Les da todo.
La sentencia es incumplible. En eso concuerdan dos ex banqueros centrales: Alfonso Prat Gay (diputado hoy por la Coalición Cívica) y el hiperredradista Martín Redrado. Los dos son de derecha, pero algo los distancia. Prat Gay, que intervino como funcionario en el primer canje de deuda, tiene fundamentos técnicos, que por cierto mezcla con su postura política. Redrado es, a más de un ignorante, un irresponsable. Su conducta al atarse a la silla del Banco Central en 2010 complicó el segundo canje infligiendo un grave daño a los intereses nacionales.
Otros dirigentes políticos se manifestaron con sensatez, contra la prepotencia de Griesa. El peronista federal en tránsito Felipe Solá fue el más decidido. El radical Ricardo Alfonsín también eligió la postura correcta, de modo menos enfático. El ex gobernador socialista Hermes Binner volvió a derrapar comprobando que atraviesa una etapa que contradice lo mejor de su respetable trayectoria. Su propuesta de pagar es imbancable, a tal extremo que ni siquiera logra consenso en las filas del Frente Amplio Progresista (FAP), del que fuera candidato presidencial pero que no consigue liderar.
Volvamos al núcleo.
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Los pasos futuros: La abrumadora mayoría de acreedores que aceptaron los canjes argentinos no obliga a la minoría que quedó afuera. Lo contrario ocurre en las convocatorias de acreedores comerciales y también se aplicó en algunos canjes soberanos posteriores. Así las cosas, los fondos buitre no actúan sin derecho al reclamar. Lo que los coloca fuera de la racionalidad y hasta de la respetabilidad en el resto del mundo financiero son sus prácticas extorsivas y sus demandas exorbitantes. Griesa la admite y ordena un depósito que iguala la totalidad del reclamo. Es una medida de garantía que se sale de cauce y equivale a una sentencia.
El Estado recurrirá a la Cámara neoyorquina, que ya hizo un importante aval general a la decisión de Griesa. Pero fue en su sesgo (Argentina debe pagar) y no en su importe. Le pidió precisiones, que Griesa redondeó con la orden del depósito previo y urgente. Argentina, entonces, recurrirá por partida doble los aspectos lesivos: por el fondo y por la garantía exigida. Buscará el concurso de otros actores y agotará las instancias.
Tres camaristas ya le votaron en contra. El Estado nacional puede solicitar el equivalente de un plenario de la Cámara: que ahora se expidan sus trece integrantes. No es imperativo para el Tribunal aceptarlo, lo hace en contadas ocasiones. La gravedad del litigio puede jugar a favor, dicen algunos analistas. Otros creen que primará la estadística.
Parecida es la perspectiva de llevar el juicio ante la Corte Suprema de Nueva York, que Argentina puede y (ya se dijo) debe impulsar. No es común que la Corte lo admita, no es común el caso que se le propondrá.
El ámbito judicial es un escenario ineludible. La novedad torna impredecible el devenir. También será necesario accionar en otros frentes. Los organismos políticos internacionales, en especial los de la región. Los organismos internacionales de crédito y (paradoja no menor) todo el sistema financiero que acompaña la postura nacional, por ahora. Queda hacer política, en toda la dimensión. Las declaraciones para la sociedad argentina (que se propagarán por el mundo) son una parte de cualquier estrategia, quizá no la más relevante.
El primer canje de deuda, el que cambió en parte la historia, fue en 2005. Estados Unidos empezaba a padecer las consecuencias de la política neo-con de la administración Bush, a allanar el camino a dos derrotas en las presidenciales futuras. Europa comenzaba a perder competitividad aunque nadie avistaba la magnitud de su crisis actual.
Otra es la escena mundial hoy día. Lo sucedido con la fragata Libertad en Ghana, la sentencia de Griesa tienen ingredientes anecdóticos pero, tal vez, sugieran un cambio de horizonte.
Los criterios generales de los gobiernos kirchneristas deben mantenerse, las tácticas deberán adecuarse a las circunstancias. Los enemigos, los fondos buitre, son peligrosos. Algunos actores relevantes, como Griesa, son torpes e incompetentes sólo para empezar. Pero, como hablamos de política y de correlación de fuerzas, no es suficiente (aunque sí imprescindible) señalarlos. También encontrar la manera más eficaz de combatirlos, de evitar o mitigar las consecuencias de sus embates.
Así están las cosas y habrá que mirar qué pasará el 15 de diciembre, otro día emblema que se suma al agitado calendario nacional.
mwainfeld@pagina12.com.ar


La política argentina ante el desafío de Griesa

 Por Edgardo Mocca
La decisión del juez Griesa a favor de los fondos buitre y en contra de nuestro país tiene dos consecuencias muy graves. La primera es que introduce un elemento de absoluta incertidumbre en los procesos de reestructuración de deuda por los que poco menos que inevitablemente habrán de pasar algunos países europeos en un futuro no muy lejano. La segunda es que la plena aplicación del fallo presupondría la aceptación del principio de que el dictamen de un tribunal extranjero tiene preeminencia jurídica por sobre nuestras leyes dictadas con arreglo a la Constitución.
Desde el punto de vista de sus proyecciones mundiales, el fallo pone en crisis algunas de las reglas de juego básicas del mundo financiero al situar a los acreedores que participaron en dos etapas de dura negociación y se avinieron a sus resultados, en un plano equivalente a los que se quedaron voluntariamente fuera del acuerdo: difícilmente algún país podría, de sostenerse el fallo en otras instancias, negociar exitosamente su deuda pública en un futuro avizorable. A esta altura queda claro que el juez Griesa tiene una escala de valores un poco problemática: el derecho a cobrar las acreencias (el 100 por ciento de ellas) se coloca por encima de las más elementales consideraciones de prudencia que involucran el futuro de la estabilidad financiera mundial y la suerte de sociedades enteras, mucho de cuya vida dependerá de la naturaleza política que adquiera el balance de la dura crisis económica que vive el mundo. Más que ante un fallo judicial estamos ante un mensaje político de extremada gravedad en lo que hace al equilibrio de fuerzas entre la democracia y el capital financiero.
La otra cuestión, la de la soberanía nacional, reactualiza dramáticamente un gran debate de época durante los años noventa, el tema de la vigencia de lo nacional en un mundo globalizado. La utopía globalista postulaba entonces la definitiva caducidad de los atributos históricos del Estado nacional. Las fronteras estatales ya no tienen la consistencia suficiente para ponerle freno alguno al movimiento mundial de capitales; es la época de la desterritorialización del mundo y, consecuentemente, el ocaso definitivo de los estados nacionales y de su fundamento ideológico. Esto no era patrimonio exclusivo de las derechas; desde el territorio intelectual del progresismo, Jürgen Habermas postulaba (en un volumen de nombre muy significativo: La constelación posnacional) la necesidad de terminar con la simbiosis histórica entre republicanismo y nacionalismo. Es decir que, para sobrevivir en la actual etapa, la democracia republicana necesitaría otros anclajes que ya no coincidirían con los actuales estados nacionales. La globalización “realmente existente” terminó por no encajar plenamente en el relato de la prosperidad general asegurada por la desaparición del Estado y de la política (o la reducción de ambos al estatuto de administración burocrática funcional al paraíso de la libertad económica) ni tampoco en la utopía romántica de una gradual marcha hacia una federación democrática mundial. Desde el atentado a las Torres Gemelas, y a través de las distintas etapas de la crisis del capitalismo globalizado, todo lo que vemos a nuestro alrededor es el esplendor de las más diversas formas de nacionalismo, con su inevitable doble carga de esperanzas en la lucha por la autoafirmación soberana y de temores y terrores ante lo diferente, que alimentan la xenofobia y el racismo y están indiscutiblemente en la base ideológica de la política guerrera desplegada por la principal potencia mundial después de aquel gigantesco crimen terrorista. Hay nacionalismo (extremo) en las sucesivas guerras contra Irak, en la invasión a Afganistán, en la doctrina de las guerras preventivas y el unilateralismo. Lo hay también en el antirrepublicano endurecimiento del trato legal a los inmigrantes por parte de los gobiernos europeos. Y hay también nacionalismo en las luchas defensivas de grandes sectores populares de países europeos contra los ajustes sistemáticos ordenados por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, y en los que se nota la decisiva influencia del Estado alemán. Y lo hay, sin duda, en el discurso práctico de una serie de gobiernos surgidos en América del Sur como respuesta a la crisis del neoliberalismo. Es muy probable que, para las derechas y las izquierdas de la etapa mundial que se insinúa, el discurso posnacional ya no tendrá la misma seducción.
En nuestro país, la provisoria decadencia de las ideas de patria y nación tuvo como telón de fondo la revisión profunda, que hicimos desde la recuperación de la democracia, acerca de los usos que de esas expresiones había hecho nuestra historia política inmediatamente anterior. El sustrato de ese clima era el sentimiento de derrota nacional –y de vergüenza por esa derrota– después de la guerra de Malvinas. Pero también el uso de lo nacional en la verborragia dictatorial para identificar al país en su conjunto con el ominoso régimen terrorista entonces vigente. Fue el uso de los mundiales de fútbol para acorazar a la dictadura del asedio mundial por el feroz ataque a los derechos humanos en el país, en nombre de un supuesto orgullo identitario frente al ataque de los extranjeros. Los argentinos vivimos el auge de la globalización en medio de una profunda interrogación sobre nuestra propia historia, en la que lo nacional y el nacionalismo como ideología había tenido un lugar central. Los ecos de ese clima de época todavía pueden percibirse en la sistemática sospecha sobre el nacionalismo que a veces degenera en sistemáticas opciones deliberadamente contrarias a lo que la mayoría interpreta como interés nacional.
Volvamos a Griesa. El fallo de este juez es una profunda pregunta intelectual y moral para los ciudadanos de este país. Se produce en un momento innegablemente tenso de nuestra vida política: es el momento posterior a dos importantes manifestaciones callejeras de oposición al Gobierno y pocos días antes de la vigencia plena de una ley de medios de comunicación muy resistida por el principal oligopolio mediático y por sus importantes aliados del poder económico concentrado. Visto como “problema del gobierno”, el fallo-amenaza del juez norteamericano se presenta para las oposiciones como una oportunidad en la dirección de un debilitamiento del actual gobierno. Desde el Gobierno podría ser visto como una ocasión propicia para galvanizar el entusiasmo popular ante una gesta patriótica en ciernes. Cualquiera de esos rumbos –sobre todo si se lo llevara al extremo– tendría como resultado un debilitamiento político del país, un triunfo del cálculo chico sobre el horizonte político. ¿Hace falta entonces que la coalición de gobierno y la hoy dispersa oposición renuncien a sus proyectos propios? Más bien lo contrario: el único modo en que un proyecto político puede triunfar es que logre expresar el interés nacional, tal como lo interpreta la mayoría del pueblo. El ataque judicial a nuestra soberanía tiene envergadura y proyecciones suficientemente graves, tanto a nivel nacional como mundial, como para que su rechazo y la movilización en su contra alcancen la condición de una necesidad colectiva. Claro que “colectiva” no quiere decir “de todos”: hace rato que puede observarse la existencia de un sector muy minoritario, pero a la vez muy influyente, de nuestra sociedad que está dispuesto a asumir como positivo cualquier acontecimiento que deteriore la imagen y la autoridad de la presidenta Cristina Kirchner. Casi no hace falta decir, a esta altura, que ese sector tiene su centro de coordinación en las grandes empresas mediáticas, dispuestas en una actitud de guerra sin cuartel contra el Gobierno. Es cierto que la sociedad argentina ya ha adquirido importantes dosis de inmunidad frente a la sistemática prédica apocalíptica del Grupo Clarín y sus adyacencias, pero en estos pocos días que faltan para el 7-10 de diciembre la ofensiva llegará, con seguridad, a inopinables extremos. Ese sector considera a Griesa como un aliado natural.
El fallo de Griesa y las tensiones alrededor de los artículos que obligan a la adecuación de los grandes medios a los límites legales tienen un punto en común: está en juego la vigencia de la ley, la soberanía de la ley. Los argentinos ya sabemos que esa soberanía es la garantía esencial y última de nuestra convivencia civilizada. Así lo aprendimos después de la experiencia de haber puesto en su lugar la razón de las armas. Después de haber convivido bajo el régimen del abuso y la barbarie que puso sobre la ley la normativa de un “estatuto” que habilitó toda suerte de crímenes. Muchas leyes aprobadas ya en democracia disgustaron profundamente a muchos de nosotros; sin embargo, todo el pueblo respetó esas leyes, aunque algunos sectores se movilizaran en su contra. Fue una ley dictada por el Congreso argentino la que dispuso, en dos oportunidades, que quienes quedaran afuera del acuerdo no cobrarían sus acreencias. Solamente una nueva ley podría alterar la situación. También sabemos los argentinos lo que es discutir nuestras leyes con la espada de los poderosos en nuestro cuello. Haría falta que la política argentina dé una contundente prueba de madurez y de sentido nacional con una expresión institucional de pleno rechazo al fallo a favor de los fondos buitre.

Seguridad jurídica

 Por Alfredo Zaiat
En los años de la expansión de la globalización dominada por las finanzas, organismos multilaterales de crédito, grandes bancos internacionales y las potencias mundiales han recomendado a las denominadas economías emergentes brindar seguridad jurídica a inversores extranjeros para ser beneficiadas de la afluencia de capitales. Ese concepto en el ámbito de las normas legales consiste en garantizar la “certeza del derecho” a empresas e individuos de modo que su situación jurídica y patrimonial no será alterada por leyes, normas administrativas o fallos judiciales. En ese sentido, la seguridad jurídica está vinculada con la previsibilidad de las decisiones de los diferentes poderes del Estado.
En Argentina, esa noción fue aplicada en su máxima expresión en beneficio de multinacionales y acreedores externos en la década del noventa. En esos años se sancionó una nueva ley de inversiones extranjeras equiparándola a las nacionales sin establecer ningún tipo de restricciones para la remisión de utilidades a las casas matrices. Se firmaron Tratados Bilaterales de Inversión con 59 países que establecen como tribunal competente uno dependiente del Banco Mundial (Ciadi) en caso de litigios por cualquier cambio en el funcionamiento de la economía, por ejemplo la desdolarización de tarifas. Y se resignó la jurisdicción local a favor de la de Nueva York en la emisión de bonos de deuda comprados por inversores del exterior. Toda esa estructura normativa de “seguridad jurídica”, lesiva de la soberanía nacional, requiere una revisión para evitar castigos políticos y económicos por no seguir el paradigma de la economía ortodoxa.
El fallo Griesa es una oportunidad porque ha alterado el supuesto escenario de mayor protección a inversores extranjeros ante imprevistos normativos o de discrecionalidad de jueces. No fue en Buenos Aires, sino en el corazón del mundo financiero global. Si el fallo se confirmara en instancias superiores, Nueva York dejaría de ser una plaza que brinda “seguridad jurídica” a inversores financieros. Los inversores con bonos de deuda emitidos bajo legislación argentina hoy están más seguros que los que se rigen bajo la jurisdicción neoyorquina. Van a cobrar sin problemas mientras que por el fallo de Griesa la supuesta seguridad jurídica superior de Nueva York sobre la de Buenos Aires ha quedado herida.
El juez Thomas Griesa ha violentado el criterio de “certeza del derecho”, ignorando, entre otras, la opinión de la Reserva Federal (banca central estadounidense), perjudicando al 93 por ciento de los acreedores que aceptaron el canje para beneficiar a un grupo minoritario, influyente y poderoso de fondos muy especulativos, conocidos como buitres.
Para eludir definiciones que pueden ser ofensivas, en la jerga del mundo de las finanzas los buitres ingresan en la categoría hedge fund, inversores sofisticados que se especializan en transacciones de elevado riesgo y, por lo tanto, potenciales ganancias o pérdidas elevadas. Los fondos especulativos compran instrumentos financieros que han caído de precio en forma coyuntural apostando a beneficiarse de una posible recuperación de los precios. El aspecto distintivo de los fondos buitre es que no esperan el desenlace de la apuesta como resultado del funcionamiento del mercado, sino que la estrategia principal es demandar en tribunales amigables a sus intereses, como el de Ghana o el de Griesa, para conseguir ganancias extraordinarias.
Por ese comportamiento no son tradicionales fondos especulativos ni holdouts, definición de acreedores que no ingresaron en la primera oferta de canje, en 2005, sino que son fondos buitre. Por propia decisión optaron por la vía judicial y descartaron la del mercado. Después de la segunda ronda propuesta por el Gobierno para cambiar bonos en default, en 2010, dejó de ser correcto considerar holdouts a los buitres, como ilustró el domingo pasado Claudio Scaletta en el suplemento económico Cash. Estos inversores no fueron afectados por la cesación de pagos declarada por Argentina porque no fueron tenedores originales ni los compraron previamente. Decidieron adquirir los papeles desvalorizados por el default con el objetivo manifiesto de litigar para conseguir el ciento por ciento del capital más intereses. Fue una apuesta arriesgada, como tantas otras que existen en el mercado, y hasta ahora fue una mala decisión en términos financieros en relación con la tomada por los inversores que aceptaron el canje. Estos últimos contabilizaron inicialmente una fuerte quita de capital que rápidamente fue amortiguada por el “premio” ofrecido en el canje consistente en pagos vinculados con el crecimiento de la economía (Cupón PBI). Con el desembolso del 15 de diciembre próximo, correspondiente al aumento del Producto de 2011, los inversores con cupones en dólares estarían acumulando una recuperación de casi 24 dólares de la quita original.
La opción buitre es la más agresiva de la arquitectura financiera internacional. Operan desde sedes localizadas en guaridas fiscales, como islas Cayman. Su existencia y estrategia son conocidas. Su inmenso respaldo financiero, y por consiguiente la posibilidad de ejercer presión y lobby sobre sectores del poder político de Estados Unidos, tanto del Partido Republicano como del Demócrata, les permite seguir con un accionar que logra violentar la “seguridad jurídica” de otros grandes inversores financieros. Es lo que han conseguido con el pronunciamiento del juez Griesa.
El fallo es tan disparatado que hasta economistas de la oposición vinculados con el mundo financiero lo cuestionaron. Atropella el criterio pari passu, que dispone las mismas condiciones a todos los acreedores. Al precisar que Argentina le tiene que pagar a los buitres el ciento por ciento del capital más los intereses devengado de los bonos en default coloca en situación desventajosa a quienes participaron del canje. Además de intentar bloquear el pago de vencimientos de deuda al grupo de acreedores de bonos argentinos con jurisdicción de Nueva York, la aplicación del fallo implicaría que Argentina debería extender a esos acreedores las condiciones de pago pretendido por los buitres. Una de las cláusulas del canje establece que si hubiera mejores condiciones para los tenedores de bonos que no lo habían aceptado, en forma automática esa situación se traslada a los inversores que participaron del trueque de papeles.
El aspecto más insólito del fallo, que si hubiera sido dictado por cualquier juez de un país en vías de desarrollo sería calificado por el establishment de los centros del poder como “bananero”, refiere a declaraciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de su ministro de Economía, Hernán Lorenzino. Griesa argumenta que aceleró el fallo a favor de los buitres porque hubo manifestaciones públicas de autoridades del poder político que adelantaban que no se les iba a pagar un dólar. Si corresponde pagar o no a los buitres, o cómo aplicar con equidad el criterio pari passu, o cómo evaluó las presentaciones de tres grandes inversores institucionales, de la Reserva Federal, de la Asociación de Clearing de Nueva York, el DTC (cámara de compensación) y del Banco de Nueva York apoyando la posición argentina, poco y nada. Al juez le molestaron declaraciones de CFK y Lorenzino y dictó sentencia. Por el absurdo, un sospechoso de un asesinato o de un robo expresa su inocencia diciendo que no piensa ir a la cárcel por el supuesto delito de que se lo acusa, y el juez no evalúa las pruebas, lo supone culpable y lo encierra por lo que dijo públicamente. Criterio absurdo que pone en cuestión la “seguridad jurídica” de la plaza financiera de Nueva York.
azaiat@pagina12.com.ar

sábado, 24 de noviembre de 2012

MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y PODER ECONÓMICO



Griesa y los medios

 Por Luis Bruschtein
Si el fallo del juez Thomas Griesa se aplicara, sentaría un precedente que impediría a los países reestructurar sus deudas soberanas. En el caso argentino, si no reestructuraba su deuda hubiera sido imposible que la economía pudiera salir del infierno al que la habían llevado los gobiernos anteriores. Es decir, aquellos que habían tomado deuda, de la dictadura en adelante. Con esa cruz de plomo no alcanzaba con la soja ni con los precios altos de los commodities. Argentina seguiría sumida en una crisis eterna, con la mayor parte de su población en la miseria, incluida gran parte de la actual clase media. Muchos de los comerciantes y profesionales que cacerolean, y muchos de los trabajadores que despotrican por el impuesto a las Ganancias, en gran parte deben su prosperidad a esa reestructuración que hizo Néstor Kirchner de una deuda que él no había contraído.
En los fundamentos de su fallo, el juez Griesa se basó en “declaraciones inflamadas” de altos funcionarios a medios de comunicación de que no pagarían ni un solo dólar a los fondos buitre. Parece hecho a propósito, como si fuera un capricho del destino que esa frase relacionada con los medios esté en el corazón de este embrollo con proyección internacional que tiene a la Argentina como protagonista. El tema “medios” se ha convertido en una marca nacional, la marca de la polémica.
Es difícil saber cuál habrá sido la intención del juez Griesa al basarse en parte en los medios para elaborar su fallo contra la Argentina y a favor de los fondos buitre. A esta altura, cualquier mención a los medios despierta susceptibilidades, aunque en este caso no vaya más allá de la mención. Pero, al mismo tiempo, esa alusión a los medios da un aire descuidado a la resolución de Griesa, como si hubiera sido hecha sin esfuerzo ni demasiada rigurosidad.
El tema de los medios estaba en el aire en ese momento. El Grupo Clarín había realizado un movimiento también inesperado. Después de criticar furiosamente el per saltum, el Supergrupo trató de llegar directamente a los jueces de la Corte, usando así un mecanismo al que se había opuesto en forma frenética cuando lo impulsó el oficialismo.
El planteo también hacía un rulo de paradoja. El multimedio expresaba su preocupación ante la crisis generada en el fuero civil y comercial, donde se resuelve la desinversión establecida por la ley de medios. Pero responsabiliza al Gobierno por una situación que se generó a partir de las operaciones del mismo Grupo para frenar la aplicación de la ley. Clarín acusa al Gobierno, pero no explica la participación de algunos jueces de ese fuero en actividades de lobby a favor de la megaempresa a través de una institución de lobby como es el Certal, que tiene, entre otros, a varios gerentes del Grupo Clarín entre sus directivos y en la que participan también familiares de jueces que han tenido un protagonismo desmedido en el esfuerzo por frenar la norma que aprobó el Congreso.
El único elemento extraño con relación a la ley de medios es que se haya demorado tres años su aplicación. Y eso demuestra el poder de lobby y presión de una empresa de capital concentrado y confirma la necesidad de que esa ley se aplique. Un grupo que tiene esa capacidad de operar sobre jueces, al punto de demorar la vigencia de una ley que fue aprobada después de largos debates en la sociedad y en el Parlamento, es contradictorio con el funcionamiento de la democracia. Porque lo peor de todo es que puede operar sobre los jueces y provocar esa demora a plena luz del día, mientras trata de convencer a la sociedad que lo normal es que las leyes no se apliquen o que los jueces tienen más autoridad que el Congreso.
Porque no se trata de una empresa común, por más concentrada que sea. Se trata de un megamultimedio que genera significados sobre lo que sucede en la realidad. Entonces, además de una posición dominante en el mercado, tiene la capacidad para convencer a una buena parte de la sociedad de que esa situación es normal. Puede naturalizar la anomalía y convertir en piropo al exabrupto.
Siempre en relación con los medios, el editorial del diario La Nación de ayer, tras conocerse el fallo de Griesa, fue titulado como: “El valor de honrar las deudas”. El diario apoyó, desde la dictadura en adelante, a todos los gobiernos que tomaron deuda en condiciones usurarias, con lo cual estimuló ese jugoso negocio financiero contra el Estado. En su editorial ahora aconsejó al Gobierno que traicione la confianza del 93 por ciento de los bonistas que entraron en las dos reestructuraciones de deuda para favorecer a los fondos buitre.
El editorial critica la reestructuración de la deuda que llevó a cabo el kirchnerismo con una quita de casi el 70 por ciento y afirma que podría haberse logrado un proceso menos traumático con una quita menor y acortando los plazos. Resulta alarmante que lo que está planteando no es que hay que acatar un fallo, es decir que aunque el fallo sea injusto hay que acatarlo porque son las reglas de juego, o lo que fuera. No alega una razón jurídica, sino que está planteando que los fondos buitre tienen razón y, por lo tanto, el fallo de Griesa es justo, es decir, toma partido por los fondos que embargaron la Fragata Libertad al mismo tiempo que critica al Gobierno por haber permitido que la embarguen.
La razón de fondo no es el embargo ni el fallo de Griesa, sino la vieja discusión sobre la deuda externa. Si no hubiera sido por el sistema de ideas que expresa La Nación, esa deuda no hubiera existido. No hay una discusión superada. Apenas puedan, apenas encuentren el más mínimo resquicio, los intereses que generaron esa deuda irracional, impagable y destructiva volverán a intentarlo.
Medios y más medios. El neoliberalismo trata de ocultar la fuerza del poder económico y cómo gravita sobre las instituciones democráticas, desde el Parlamento o los partidos políticos hasta la Justicia y los demás poderes. Y trata de convencer de que ese concepto sólo se utiliza como justificación de la ineficiencia. La forma en que los fondos buitre tratan de torcer el brazo a un Estado soberano y la forma en que el Grupo Clarín ha logrado retrasar tres años la aplicación de una norma antimonopolio tratando de torcerle el brazo al Estado, y a los poderes Legislativo y Judicial, dan significado al concepto de poder económico. Los dos problemas más graves de los que habló el país esta semana están definidos por acciones de poder económico que tratan de prevalecer por sobre las instituciones democráticas.
Y volviendo a los medios. Es difícil defenderse de esa ofensiva de sectores del poder económico cuando los grandes medios le atribuyen a esas ofensivas un carácter positivo. Hay dos escenarios de confrontación del poder económico con las instituciones democráticas. Y dos grandes medios, como Clarín y La Nación, generando información que justifica las actitudes del poder económico.
La Nación retrotrae el debate a la década de los ’90 con el mismo rosario de ideas que justificaron el endeudamiento y defendió la posición de los acreedores, en este caso los fondos buitre. En el caso de Clarín, denuncia supuestas presiones del Gobierno sobre el Poder Judicial, para ocultar sus propias operaciones de cooptación de jueces. El grupo multimediático se opuso a establecer de forma institucional la vía del per saltum, pero trató de usarla de oficio. En todo momento está latente la tormenta mediática que deberá afrontar cualquier decisión judicial que contradiga sus intereses.
Un desafío de la joven democracia en Argentina es disciplinar a un poder económico acostumbrado a marcarles el paso a los gobiernos y a las instituciones en general. Es muy difícil hacerlo cuando los grandes medios, que son los que explican esas situaciones, también están acostumbrados a ponerse siempre del lado del poder económico. Es muy difícil sostener o profundizar la democracia de esa manera. Y es mucho más difícil todavía cuando las grandes empresas de medios no solamente se ponen de ese lado, sino que además forman parte, ellas como empresas, del poder económico más concentrado.
La controversia entre mercado o democracia sostiene esa confrontación de intereses entre el interés público y el interés de una empresa. La democracia sólo puede avanzar en la medida en que prime el interés público.



SOBRE LA NECESIDAD DE UN SISTEMA TRIBUTARIO PROGRESIVO


Impuesto a las Ganancias

 Por Alfredo Zaiat en Página12 24/11/12
Cuando los contribuyentes con mayor capacidad patrimonial y de rentas pagan más impuestos en proporción a sus ingresos se define la característica de progresivo del sistema tributario. Por eso el impuesto a las Ganancias aplicado en escalas de ingresos y alícuotas crecientes es considerado progresivo, mientras que el impuesto al Valor Agregado con una tasa uniforme sin considerar el nivel de ingreso del contribuyente es calificado regresivo. Esto significa que los estratos sociales de mayores ingresos en términos relativos deben tributar proporcionalmente más en un régimen impositivo progresivo; y si lo hacen menos, la estructura de recaudación sería regresiva. Una u otra orientación del sistema tributario determina rasgos de equidad y de distribución del ingreso en la economía. Estos conceptos básicos han quedado en un torbellino de confusión con discursos, movilizaciones y piquetes desde la crisis por las retenciones móviles, en 2008, y desde hace un par de años por el reclamo sindical de suba del mínimo no imponible en el impuesto a los ingresos de los trabajadores en relación de dependencia, conocido como impuesto a las Ganancias cuarta categoría.
El sistema tributario entonces es progresivo cuando el peso de la recaudación descansa en porcentajes crecientes en impuestos que pagan los sectores de mayor capacidad contributiva en la pirámide de ingresos del país. La estructura tributaria argentina es de base regresiva debido a que predominan los impuestos indirectos. Desde 2003 ha avanzado en rasgos de progresividad por la aplicación de retenciones a exportaciones favorecidas por elevados precios internacionales de las materias primas. También por la tarea de fiscalización de la AFIP que significaron un aumento de la recaudación de Ganancias, y por la ampliación del universo de trabajadores alcanzados por el impuesto a los ingresos. El total de la recaudación de impuestos, recursos de seguridad social y aduaneros en relación con el Producto Bruto Interno aumentó de 21,1 a 31,8 por ciento de 2003 a 2011. En ese mismo período, el IVA pasó de 12,3 a 17 por ciento del PBI, mientras que Ganancias lo hizo de 3,9 a 5,9 por ciento. En ambos tributos la evolución de su tasa incremental (50 por ciento) ha sido similar. El factor que mejoró la progresividad del sistema fue las retenciones, que pasaron a representar casi 3 por ciento de la recaudación total sobre el PBI. Esto indica la relevancia de las retenciones como política de redistribución del ingreso, como también la necesidad de reformar el capítulo impuesto a las Ganancias, definiendo criterios de equidad tributaria y eliminando privilegios para aumentar su peso relativo en la estructura impositiva.
El debate por las retenciones, la carga que alcanza al 20 por ciento superior de la escala salarial de los trabajadores formalizados, el pago a cuenta de Ganancias y Bienes Personales de consumos en el exterior realizados con tarjetas de crédito o débito, o la evaluación de la AFIP de la capacidad contributiva para la venta de dólares a turistas al exterior son todas medidas que apuntan a sumar progresividad en la estructura tributaria. Rechazarlas pone en discusión el contrato social básico de pago de impuestos para financiar el funcionamiento del Estado. Exponen también la brecha entre el discurso y la acción de sectores que reclaman iniciativas para repartir mejor la riqueza y proponen medidas económicas y sociales regresivas.
El aspecto más notable de la discusión sobre impuestos es que cada sector se queja por lo que tiene que pagar, reclama que paguen más otros y exige al mismo tiempo mejorar la distribución del ingreso porque están indignados por la cantidad de pobres. Cada uno de los protagonistas de las diferentes tensiones impositivas de los últimos años ha mostrado diversos grados de incoherencia, sobresaliendo el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, porque intervino en todas. Si se concretaran sus demandas, incluyendo una fuerte devaluación, no habría retenciones, impuesto al cheque ni impuesto a los ingresos de los salarios medios y altos; o sea, se desfinanciaría el Estado que critica porque no disminuye la pobreza. Es el caso emblemático de los despropósitos conceptuales y prácticos sobre el tema impositivo que expresa un amplio abanico de dirigentes políticos, sociales y sindicales de vertientes ideológicas distintas.
Las cinco centrales sindicales coinciden en pedir el aumento del mínimo no imponible del impuesto a los ingresos de los trabajadores en relación de dependencia. Esa medida, aislada, es regresiva en términos de equidad tributaria y económica. Además de involucrar a una minoría del universo laboral, favorecería proporcionalmente más a los trabajadores de más altos ingresos. Si bien el impuesto a las Ganancias es progresivo, el reclamo sindical acompañado por fuerzas de centroizquierda e izquierda es regresivo porque el beneficio resultante del aumento favorece a los que más ganan.
Este conflicto adquiriría un perfil amplio y de mayor consistencia si la demanda hacia el Gobierno se dirigiera a reformar los aspectos cuestionados del capítulo Ganancias. Si la extraordinaria energía puesta en exigir sólo la suba del mínimo no imponible, esfuerzo de tal magnitud que llevó a un grupo sindical a cercar con piquetes la Capital Federal, se orientara a plantear cambios profundos en ese tributo, sería un importante salto cualitativo. El impuesto a las Ganancias sobre trabajadores en relación de dependencia requiere de modificaciones en las escalas de ingresos, en la progresividad de las alícuotas para cada una de ellas, en los conceptos incluidos en las deducciones y sus respectivos porcentajes y, después sí, evaluar el monto del mínimo no imponible.
Estos cambios no serían suficientes para profundizar la progresividad del sistema si el Gobierno no avanzara en el régimen general de Ganancias que mantiene exenciones inequitativas. Personas físicas no pagan el impuesto sobre la renta financiera (intereses de plazos fijos, dividendos de acciones y renta de títulos de deuda públicos y privados). Tampoco están gravadas las ganancias de capital que obtienen las personas físicas por la venta de activos (empresas o inmuebles). Es una de las características más regresivas del sistema impositivo argentino. El dueño de una compañía la vende en 100 millones de pesos cuando el valor patrimonial contabilizado es de 10 millones y no paga nada por esa ganancia de 90 millones. Los regímenes de Chile y Brasil, por ejemplo, alcanzan con el impuesto a las Ganancias esa utilidad.
Otro de los rasgos de inequidad tributaria es el privilegio de la corporación judicial cuyos salarios están exentos del pago del impuesto a las Ganancias. El titular de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, tuvo la oportunidad como máxima autoridad de uno de los poderes del Estado de convocar a sus miembros a eliminar ese privilegio en la Quinta Conferencia Nacional de Jueces, que se realizó en Mendoza, a mediados de octubre pasado. Lo pudo haber hecho cuando expresó que en el país “la igualdad está en crisis”, para agregar que “no es algo abstracto, nunca se ha hablado tanto de igualdad y se ha hecho tan poco”. En ese retrato general no mencionó que jueces, fiscales y secretarios de los juzgados no pagan el impuesto a las Ganancias, además de gozar de jubilaciones de privilegio. Hubo un intento del Gobierno de debatir esa desigualdad en una presentación que realizó el titular de la Anses, Diego Bossio, en el Congreso. No recibió adhesiones. Más bien hubo mensajes de disconformidad de la corporación judicial a esa pretensión de hacer en lugar de hablar de igualdad. Esos mensajes advertían sobre la eventualidad de avanzar en fallos judiciales vinculados con el sistema previsional que pondrían en situación de insolvencia el régimen jubilatorio.