Leemos en Página 12 que el Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió un documento sobre su propia actuación en los orígenes de la crisis financiera internacional, con autocrítica (y no con fuertes críticas al gobierno, como diría Geraldinho).
Claro que, si de autocríticas se trata, estos muchachos sólo son superados por los radicales.
Admiten -forzoso es reconocerlo- que subestimaron la dimensión de la crisis, y se mostraron poco permeables a las críticas por haber implantado una cultura de "pensamiento único" (¿les suena?), lo que ciertamente no es poco.
El problema es que, puestos a aconsejar medidas para resolver la crisis de la cuáles ellos mismos son grandes responsables, apelan siempre al mismo manual, como si nada hubiese pasado.
Y nosotros aquí en la Argentina sabemos en carne propia lo que ocurre cuando se les hace caso.
Pero también hemos aprendido, desde el 2003 para acá, lo que ocurre cuando no se les hace caso.
Por eso cuando el paso del tiempo deje lugar a una perspectiva de valoración histórica, se pondrá en su justo lugar a la decisión de Néstor Kirchner de haberles pagada anticipadamente la deuda que el país tenía con ellos, para que se dejaran de joder con su influencia en el diseño y la ejecución de la política económica nacional.
Es cierto, alguno dirá: "bueno, pero ahora los convocaron para que asesoren al Indec sobre los índices de precios", pero seamos honestos y hablando de lo que en economía importa (tasas de interés, tipo de cambio, gasto público, nivel de empleo, salarios y actividad económica, rol del Estado, privatizaciones, tarifas de los servicios públicos, leyes laborales), desde el 2003 para acá en la Argentina, ¿quién se acuerda del FMI?

