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martes, 15 de febrero de 2011

EL HECHO MALDITO DEL PAÍS BURGUÉS


Muchas veces se ha cuestionado el acierto de esa contundente frase del "Bebe" Cooke para caraterizar al peronismo; sobre todo cuando las contradicciones que encierra éste como movimiento político lo ponían en las antípodas del ímpetu transformador con que nació a la vida política argentina.

Pero es cierto también que ese efecto revulsivo (y no precisamente por adhesión) que el peronismo causa en muchos sectores de la sociedad  al que apuntaba Cooke con su frase, tiene un sentido complejo, vinculado a muchas cosas.

Ciertamente sí parte del rechazo visceral de los sectores dominantes de la Argentina a las transformaciones económicas, políticas y sociales impulsadas por el peronismo, trasgrediendo los estrechos límites con que -hasta entonces- los partidos tradicionales de oposición al régimen lo habían enfrentado.

Pero tiene además profundos componentes culturales, que se remontan al dogma sarmientino de civilización y barbarie; paradigma fundacional de la cultura oficial y modo de interpretación histórica que sentó las bases para construir un modelo de país; justamente ése que el peronismo vino a cuestionar.

Hay en esa construcción un ethos profundo de autoritarismo (teórico y puesto en práctica innumerables veces en nuestra historia) y racismo biologista, una especie de darwinismo social; que, de acuerdo a las convenciones sociales, no es de buen gusto exponer abiertamente en público.

Y es entonces que se busca en la bolsa de los argumentos para echar mano a otras categorías como el fascismo, en una práctica que revela otra cara de la misma moneda: la incapacidad de comprender y explicar la propia realidad social y política, por la existencia de gruesas anteojeras ideológicas.

Y a propósito de esas anteojeras, éste editorial de La Nación podría haberse escrito perfectamente en 1945, pero es del diario del domingo; lo que demuestra la persistencia de ideas troncales del pensamiento conservador en la Argentina, ideas que resisten el paso del tiempo.   

Incurriendo en la falsificación histórica que es su marca distintiva (es al fin y al cabo el diario fundado por Bartolomé Mitre, el mayor mistificador de nuestro pasado), hay en el editorial gruesos errores (el fascista que quisieron citar era Degrelle, pero les pareció quizás más oportuno cambiarle el nombre por uno de resonancias rosistas o mazorqueras); junto con intencionadas omisiones autoexculpatorias.

Para el que lo lea sin conocer a fondo la historia argentina, parecerá que el peronismo ha pasado por ella sólo dispensando violencia (no existe la menor alusión a sus transformaciones sociales por ejemplo) y que, por el contrario, jamás la hubiera padecido en carne propia.

No hubo al parecer -y de acuerdo al relato histórico del editorial- un Darwin Passaponti muerto en los mismos sucesos del 17 de octubre, ni bombardeos a la Plaza de Mayo, ni proscripción electoral de la fuerza mayoritaria durante 18 años, ni decreto 4161/56 instaurando el delito de opinión, ni Resistencia Peronista ni cosa que se la parezca.

No hubo tampoco presos, desaparecidos ni torturados peronistas en el genocidio instaurado a partir de 1976, régimen que tampoco al parecer fue fascista; porque de lo contrario no se entiende que La Nación (junto a Clarín, diario fundado por un connotado y confeso fascista como Roberto Noble) aceptara el regalo de Papel Prensa de sus manos manchadas de sangre. 

Este tipo de editoriales escaseaban por la década del 90´, cuando el establishment argentino (del cual La Nación es un calificado vocero) cumplió el sueño de domesticar a la bestia negra, y ponerla por completo al servicio de sus intereses.

Abundan en cambio a partir del 2003, y si es cierto lo que dicen acerca de que en política te definen tus amigos pero por sobre todas las cosas lo hacen tus enemigos, en editoriales como éstos tiene el kirchnerismo un arma poderosa para defenderse de los que le cuestionan su identidad peronista.

Porque como se ha dicho no es que desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia para acá volvieron los gorilas: es que volvió el peronismo. 

lunes, 14 de febrero de 2011

PERIODISMO CIPAYO


Dábamos cuenta ayer de la investigación publicada por Horacio Verbistky en Página 12 sobre el hallazgo de material de uso militar, equipos de comunicaciones y drogas varias no declarado en un vuelo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que ingresó al país; y -parangonando el caso con la famosa valija de Antonini Wilson- nos preguntábamos si tendría la misma repercusión.

Tengamos en cuenta que, por mucho menos en términos institucionales o de relaciones del país con otros Estados, hace semanas que venimos sacudidos por el escándalo del "narcoavión" detenido en España; tema aprovechado por el complejo mediático hegemónico para cuestionar los controles estatales de los accesos y salidas del país.

Desde esa óptica entonces, echando una vista a los dos principales diarios del país, nos encontramos con lo siguiente:

Clarín titula con las exigencias del gobierno norteamericano a su par argentino para que le devuelvan el material incautado (como si ser sorprendidos in fraganti les diese el derecho de formular alguna exigencia), mientras ensaya inverosímiles explicaciones sobre la utilización de ese material -como algo habitual- en el equipamiento y entrenamiento de las fuerzas de seguridad, haciéndose plenamente cargo de la argumentación de las autoridades yanquis.

Hace notar además el disgusto del Departamento de Estado con la medida tomada por las autoridades argentinas, que se traduciría en una citación al embajador argentino en Washington "para pedirle explicaciones"; sin privarse además de ventilar el despecho porque el Perro Verbistky tuvo acceso a la información oficial "en exclusividad" (cabe preguntarse si la primicia la hubiera tenido Clarín, ¿publicaba la noticia?), al parecer un privilegio reservado al diario de Ernestina, al menos hasta el 2003.

En La Nación, si bien se opta por un estilo algo más sobrio, se inscribe al episodio en el contexto de lo que llaman "una escalada" de la cancillería argentina contra los Estados Unidos, a partir de la polémica entablada por Timermann con el gobierno porteño por los cursos de entrenamiento de la Policía Metropolitana en los EEUU; además de reiterarse el pliego de exigencias norteamericanas al gobierno argentino.

Dado que se contextualiza la nota, es notable advertir que nada se dice de la tensión en las relaciones entre ambos países que venían generando las filtraciones de los famosos cables de Wikileaks (la semana previa, ambos diarios abrumaban con la preocupación de EEUU por la presunta falta de voluntad del gobierno argentino para combatir la corrupción); que por otro lado han dado lugar a una gira mundial de Hillary Clinton que se ha dado en llamar el "apologize tour" (la gira de las disculpas).

Es decir que, si hay un momento en que un gobierno norteamericano no está precisamente en posición de pedir explicaciones, es éste.

Pero nada detiene a los socios de Papel Prensa y Expoagro en su cruzada antikirchnerista, ni siquiera una mínima noción (aun borrosa) del honor y el interés nacional que trascienda los alineamientos políticos internos. 

Clarín hace tiempo ya que dejó de ser (como dice su eslogan) "el gran diario", está dando pasos agigantados para dejar de ser "argentino"; La Nación -pese a su nombre- abandonó esa pretensión a poco de fundado allá por 1870, y de hecho ha sido siempre una especie de órgano oficioso de la embajada estadounidense en nuestro país.

Intuíamos desde siempre (y sabemos con certeza a partir de las filtraciones de Wikileaks) que EEUU cuenta con "periodistas cautivos" para amplificar su posición en los medios argentinos, que a esta altura son ellos mismos cautivos de esos y otros intereses; pocas veces coincidentes con los nacionales.

Por eso nosotros preferimos llamar a las cosas por su nombre: se trata simplemente de periodismo cipayo.