martes, 20 de agosto de 2013

EL VERDADERO MIEDO DEL ENEMIGO

La corrupción, los medios y el discurso como axioma

Juan Emilio Sala // Sábado 29 de junio de 2013 | 10:11
    (14) Comentarios.            
"Un axioma es una proposición que se considera "evidente" y se acepta sin requerir demostración previa. En lógica y matemáticas, un axioma es una premisa que, por considerarse evidente, se acepta sin demostración, como punto de partida para demostrar otras fórmulas". Fuente: Wikipedia

Mucho se ha escrito ya sobre el rol que cumplen -y cumplieron- los medios de comunicación a la hora de construir el discurso hegemónico, sostén de los poderes fácticos. Sin embargo, me gustaría incorporar algunos puntos que me parecen importantes dentro de la coyuntura actual.

Los grandes grupos económicos -hoy también conocidos como corporaciones-, verdaderos poseedores del poder real en tiempos del capitalismo, se han apoyado históricamente en los medios de comunicación dominantes, siendo, en muchos casos, no sólo cómplices de diversas atrocidades (ej. Papel Prensa) sino propietarios de los mismos. En la década de los '70, en la Argentina, las corporaciones empoderaron a las Fuerzas Armadas (FFAA) para controlar al pueblo -mediante el terrorismo de Estado- y así lograr instalar todo el andamiaje neoliberal, generando las condiciones de posibilidad para el vaciamiento perpetrado en las dos décadas subsiguientes.

Esta relación de fuerzas comenzó a cambiar con el advenimiento de la democracia, aunque no fue sino hasta la llegada de Néstor Carlos Kirchner a la Presidencia, donde el poder delegado por los grupos económicos a las FFAA terminó de desaparecer. "No tengo miedo, ni les tengo miedo", les dijo Néstor, en la cara, a los máximos jerarcas militares, reunidos -y formados- en el Colegio Militar de la Nación con motivo del Día del Ejército, el 29 de Mayo de 2006. "Queremos el Ejército de San Martín, Belgrano, Mosconi y Savio, y no de aquellos que asesinaron a sus propios hermanos, que fue el de Videla, Galtieri, Viola y Bignone", agregó. "Vengo a reivindicar un Ejército nacional, comprometido con el país y alejado definitivamente del terrorismo de Estado", concluyó. Este discurso vino a cerrar con el quiebre paradigmático -estructural y simbólico- de desempoderamiento de las FFAA iniciado dos años antes, el 24 de Marzo de 2004, y en el mismo lugar, donde ordenó el retiro de los cuadros de dos de los genocidas más sanguinarios de nuestra historia: Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone.

Hoy, para contextualizar, y con Videla recientemente fallecido -y habiendo pagado con sus últimos estertores de vida las múltiples penas en una cárcel común-, vale la pena recordar cuál fue el primer desaparecido de este temible genocida. Mucho antes de participar en la tortura y desaparición de 30 mil argentinos y de los incontados robos de bebés, Jorge Rafael Videla internó a uno de sus siete hijos en la Colonia Montes de Oca para enfermos mentales. En esta colonia, que ha sido considerada siempre como un "depósito de cadáveres", Videla abandonó a su hijo Alejandro -con diagnóstico de oligofrénico profundo y epiléptico- hasta que, muchos años después, terminara muriendo allí dentro. La familia Videla ha sabido ocultar el secreto sobre la vida y la muerte de uno de sus hijos, al igual que hizo con el destino de los 30.000 compañeros y compañeras.

Pero ahora la cosa es bien distinta. Todo ese poder que las corporaciones habían depositado en las FFAA se encuentra concentrado -y operando- en los distintos grupos oligopólicos de medios de comunicación. Fueron ellos los que han sabido despedir, diferenciando claramente a un fiel soldado, como Videla, de un mentor como Martínez de Hoz. Bastó con ver la desproporcionada diferencia numérica en los mensajes fúnebres de despedida destinados a cada uno de ellos, para entender cuál fue su rol en la arquitectura neoliberal desplegada con anterioridad a la llegada de Néstor y Cristina Kirchner.

El pasado 11 de Mayo, Luis Bruschtein en Página 12, describe cómo los poderes fácticos corporativos -a través de los medios masivos de comunicación- se las rebuscan para construir el discurso opositor, crítico y desestabilizador del Gobierno. El foco siempre está puesto en la maldita corrupción ya que, después de todo, cuando uno se quemó con la leche menemista de los '90, ver hoy una vaca corrupta nos hace llorar. Exista o no la vaca. En el artículo se plantea cómo las incesantes denuncias de corrupción que involucran -directa o indirectamente- al Gobierno Nacional, difíciles de probar y de hacer tangibles para la mayoría de la gente, chocan de frente con las políticas públicas que durante los últimos 10 años le han mejorado la vida al grueso de la población. Bruschtein propone una suerte de "efecto de espejo": si las medidas tomadas por el Gobierno están bien y son tangibles (mejoró cualicuantitativamente el empleo, las jubilaciones, los represores están presos, las madres cobran la AUH sin intermediarios, veo a los pibes y pibas con las netbooks por todas partes, etc.), entonces los que no están diciendo la verdad son los críticos denunciadores seriales de hechos de corrupción. Se intenta sensibilizar a la población con la corrupción como único argumento y lo que generan es un gran descreimiento -en espejo- sobre los denunciantes. La realidad material choca con el relato abstracto. Los sentimientos hechos carne frente al discurso hegemónico.

Pero ojo, porque el poder propagador y de intervención que tienen los grandes grupos mediáticos puede -y de hecho lo hace- dañar profundamente en el imaginario colectivo de la sociedad, gracias a su efecto masivo y reiterativo -o "a la Goebbels", como le gusta decir a Lanata cuando habla del proceder del Gobierno-. Los medios no necesitan probar ninguna denuncia ante el Poder Judicial para instalarla como verdadera. En términos históricos, el peronismo puede dar constancia de este tipo de operaciones, como fueron las noticias sobre las supuestas bóvedas de Perón o las joyas de Evita. Sí, nada nuevo bajo el Sol. Sólo que, como dice la Chiqui Legrand, el público se renueva.

Es aquí donde entra a jugar la lógica del discurso como axioma. En las ciencias formales, como las matemáticas, un axioma es una premisa que, por considerarse evidente, se acepta sin demostración, como punto de partida para demostrar otras fórmulas. Los poderes fácticos, representados por los grandes grupos de medios, emplean esta lógica para consagrar verdades axiomáticas, sin necesidad de demostración alguna. Dicho esquema formal tiene la particularidad de permitir modificar los "actores" del axioma (por ejemplo: sacar a Boudou y poner a Lázaro Báez) conservando la característica de veracidad de sus conclusiones, por mera estructura. En el discurso de la corrupción como axioma, cambian los objetos del ataque, pero la "verdad axiomática" sigue allí, impoluta e inapelable.

Pero entonces, ¿cuál es el verdadero objetivo de estos ataques? Néstor está muerto y Cristina ha expresado en varias oportunidades que no se presentará en las elecciones del 2015. En cambio, se proclamó como "puente de plata" hacia la juventud. Como militante involucrado hasta los tuétanos con este Proyecto Nacional, Popular y Democrático, encuentro que el objetivo somos los jóvenes, militantes y comprometidos con el otro. Son las "pecheras" de Unidos y Organizados. El verdadero temor de los poderes concentrados en la actualidad es ver materializado el sueño de nuestros viejos -y el de Perón- sobre el "trasvasamiento generacional", empoderando a la juventud. Los únicos capaces de hacer que este proceso trasformador -que esta Década Ganada- se multiplique, haciéndose irreversible.

En los '70 se empoderó a los militares -como Videla y Bignone- para que exterminaran a los "padres" de los jóvenes de hoy, ya que como demostró la CONADEP el 83% de los desaparecidos era menor de 35 años. Pero se les escaparon unos cuantos, y justo dos de los mejores. Hoy emplean a los medios de comunicación y sus discursos axiomáticos para intentar herir de muerte el proceso trasformador más sano e irreversible de la historia de nuestro país. Ese que hoy se ve expresado en los miles y miles de pibes y pibas que militan a lo largo y ancho de nuestro territorio. Los aterra sobremanera el hecho de que al bajar los cuadros, Néstor formó a una vastedad de militantes que hoy dan todo por la defensa irrestricta de sus ideales. De sus ideologías. Movilizados por el amor. Por el amor al otro. Por el amor a su Patria. Porque como nos dijo Cristina: "La Patria es el Otro".

Juan Emilio Sala es doctor de la UBA en Ciencias Biológicas, Becario Postdoctoral del CONICET-CENPAT y Docente de la Cátedra de Filosofía de las Ciencias (UNPSJB-Puerto Madryn).