domingo, 21 de julio de 2013

César Milani y la historia del soldado Ledo


Año 6. Edición número 270. Domingo 21 de julio de 2013
El jueves pasado, 18 de julio, se cumplieron 37 años del asesinato de aquel obispo de los pobres. Un crimen planeado por los genocidas para que simule un accidente automovilístico. La persistencia de los sobrevivientes de las atrocidades de la dictadura y la vigencia de los juicios por los delitos de lesa humanidad permitieron reabrir la causa hace tres años. A fines de 2012, fue elevada a juicio oral. La Justicia Federal se comprometió a comenzar el debate en marzo de este año, pero no sucedió: todavía no hay fecha de inicio y ni siquiera está abierta la etapa de pruebas previa al comienzo, una tarea engorrosa por los planteos de las partes que también toma tiempo. Dos de los principales imputados, el dictador Jorge Rafael Videla y el ex ministro del Interior Albano Harguindeguy, murieron. Sin embargo, hay otras figuras relevantes de aquellos años, como el temible jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, que están vivos.
Graciela Ledo tiene 62 años, hace poco se jubiló como directora, justamente, de la escuela Obispo Enrique Angelelli de la ciudad de La Rioja. Graciela es hermana de Alberto Ledo, un riojano que en febrero de 1976 fue incorporado al servicio militar y destinado al Batallón de Ingenieros 141 de esa provincia. Alberto estudiaba Historia en la Universidad de La Rioja y era militante popular, ligado al Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Quien también estaba en esa unidad militar como soldado conscripto era Álvaro Illanes, de la localidad de Chilecito y militante del peronismo revolucionario. Alberto y Álvaro compartieron el batallón hasta fines de marzo. Álvaro fue licenciado y volvió a su pueblo. En la noche del 23 de marzo, cuando el golpe cívico militar se ponía en marcha en todo el país, un grupo de tareas fue a detenerlo. Álvaro salió a la plaza del pueblo para que todos vieran lo que pasaba y lo apresaron. Estuvo preso en Chilecito y luego lo trasladaron a la cárcel de La Rioja capital. Esa cárcel se iba poblando de muchas personas que militaban y seguían al obispo Enrique Angelleli. Entre los que iban tras las rejas estaban Plutarco Schaller y Alipio Paoletti, también detenidos en la noche del 23 de marzo. Ellos eran parte de la redacción del comprometido diario El Independiente, que era clausurado por las autoridades militares que asaltaban el gobierno provincial.
El conscripto Alberto Ledo, el 20 de mayo, era llevado a participar de las tareas que el Batallón de Ingenieros realizaba en el sur de Tucumán, donde se llevaba a cabo un operativo de control social bajo la falsa información de que la saturación de tropas en esa provincia norteña se debía a la existencia de la guerrilla rural del ERP. Falso: las fuerzas irregulares del ERP habían sido completamente diezmadas y la presencia militar era para someter a la población. En el libro El escuadrón perdido, el fallecido capitán del arma de Ingenieros José Luis D’Andrea Mohr detalla los secuestros y/o asesinatos de 129 soldados en ese período. En ese libro, D’Andrea Mohr consigna que el 17 de junio de 1976, el capitán Esteban Sanguinetti sacó a Ledo en tres oportunidades a “hacer una recorrida por la zona”. De la última, Sanguinetti regresó solo.
El 4 de julio, ante la falta de noticias de su hijo, Marcela Brizuela de Ledo, madre de Alberto y de Graciela, viajó a Monteros. Le dijeron que su hijo “había desertado”. Sin embargo, en reserva completa, algunos soldados le contaron que Sanguinetti lo había llevado.
Al momento de ese secuestro, el jefe del Batallón era el teniente coronel Osvaldo Pérez Battaglia. César Milani, oriundo de Cosquín, Córdoba, reportaba como subteniente en esa unidad militar.
Las acusaciones sobre Milani. El miércoles 17 de julio, de modo sorpresivo y sin ser llamado por la Justicia riojana, Milani se presentó espontáneamente para ponerse a disposición al tiempo que, a través de un comunicado, negaba cualquier responsabilidad en la desaparición de Ledo.
Álvaro Illanes, tras ser detenido en Chilecito, fue trasladado a la U9 de La Plata donde pasó por los pabellones 16 y 1. En este último estuvo cuando la dictadura decidió terminar con los tenebrosos “pabellones de la muerte”, donde hicieron “desaparecer” a decenas de detenidos y familiares. Illanes, en la actualidad, vive en Chilecito y regentea su propio bar. Según le relató a este cronista, al ver la imagen de Milani en los medios, reconoció al joven subteniente del Batallón donde había estado como soldado antes de ser licenciado y luego apresado. Es más, Illanes afirma haber visto a Milani en la cárcel de La Rioja mientras estaba detenido. Tal como dijo en varias entrevistas, reafirmó a Miradas al Sur que Ledo había sido elegido como “asistente” por Milani. Si bien no se trata de una función formal, Illanes sostiene que, en los hechos, oficiaba de asistente. Además, si bien Illanes estaba preso al momento en que Ledo fue llevado a Monteros, afirma que, años después, al recuperar la libertad, pudo hablar con otros muchachos que seguían en el batallón y que le refirieron que Milani habría sido quien llevó a Ledo a Tucumán. Esos ex soldados, según dice, están dispuestos a dar su testimonio ante la Justicia.
Sobre la desaparición de Ledo hay una causa abierta en la Justicia Federal de Tucumán. A fines del año pasado, dos dirigentes radicales de esa provincia se presentaron ante el juez Raúl Bejas para que se investigara si Milani tiene alguna vinculación con la desaparición de Ledo. Bejas le dio vista al fiscal Pablo Camuña quien pidió el legajo de Milani al entonces ministro de Defensa Arturo Puricelli, quien lo remitió de inmediato. Camuña decidió desestimar la acusación. Lo mismo hizo el juez. Graciela Ledo dijo a este cronista que no fue citada por el fiscal para dar su propio testimonio. Tampoco fue llamada su madre, Marcela Brizuela de Ledo, de 82 años, presidenta de Madres de Plaza de Mayo La Rioja, a quien este cronista tuvo la oportunidad de conocer el 23 de marzo de 2012 en el relanzamiento de la sede de Madres de Plaza de Mayo en la calle Hipólito Yrigoyen. Marcela, que muchos jueves caminó sola por la plaza de la capital riojana pidiendo por su hijo y los 30 mil, estaba junto a Hebe de Bonafini y una veintena de madres que hacían una vigilia del aniversario del golpe en su sede.
En cuanto a Camuña, es un joven fiscal valorado por su compromiso en la causa que se tramita en la actualidad en Tucumán por los crímenes en la Jefatura de Policía y el Batallón de Arsenales Miguel de Azcuénaga. Ahora, en este nuevo escenario, con la notoriedad que tomó el caso de la desaparición de Ledo, tanto el fiscal Camuña como el juez Bejas tendrán que reconsiderar si hicieron lo correcto al desestimar esto.
Las pruebas. En estos días, buena parte de los comentarios periodísticos especulan sobre las cuestiones contextuales a las acusaciones que podrían pesar sobre el flamante jefe de Estado Mayor del Ejército. Por supuesto, cada cual puede escribir o decir lo que quiera. Quienes forman parte de la lucha por Memoria Verdad y Justicia saben acerca de la potencia de ese camino emprendido en la Argentina. En los juicios no se consideran ni la edad ni el grado que tenía un militar ni la importancia que tenía un empresario. Como en cualquier juicio justo, se valoran acusaciones, testimonios y pruebas materiales. Ante todo, resulta difícil de entender que en todos estos años no haya sido siquiera llamado a declarar el capitán Sanguinetti, señalado como responsable material de la desaparición de Ledo. Respecto de Milani, a efectos de un juicio penal, no tiene ninguna relevancia cuál es el grado o la responsabilidad actual. Importa, en todo caso, si tuvo alguna conducta que pueda ser tipificada dentro del Código Penal que podría llevar a algún tipo de responsabilidad. No es función del periodismo emitir juicios. Sí le corresponde a la sociedad y también a los medios poner el mayor celo para que no haya ningún tipo de impunidad.
Graciela Ledo le dijo a quien escribe estas líneas que ella cree firmemente en lo que oportunamente, en 1984, documentó la Comisión Provincial de Derechos Humanos de La Rioja en referencia al caso de Ledo (ver aparte). Una fuente inobjetable vinculada al área de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa y con experiencia en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación afirmó que alguna documentación generada en esferas provinciales no fue incluida en los archivos del Estado nacional. Es posible que, con la visibilidad que tomó el caso, se pueda avanzar.
Será importante, sin duda, saber si esos tres ex soldados a los que refiere Illanes se presentarán o no a declarar y, si así lo hicieran, si brindarán información que pueda ayudar a esclarecer el caso. Al respecto, una aclaración: no faltan quienes descreen de testimonios actuales porque, según argumentan, pasó demasiado tiempo o puede haber algún interés particular distinto al motivo de la causa que se tramita. Eso no es cierto. Concretamente, en los juicios que se llevan en la actualidad en Tucumán, hace pocas semanas, los propios fiscales afirmaron a este cronista la importancia de que hay muchas personas que pierden el miedo y se acercan a brindar nuevos testimonios. Desde ya, la valoración de las pruebas o testimonios nuevos está en la pericia y la imparcialidad de los fiscales y, sobre todo, de los jueces.
Dos datos más. A todas las personas que viven en La Rioja y que se prestaron a hablar con este cronista les fue preguntado si, en estos días, sufrieron algún tipo de presión o vivieron alguna situación que les produjera temor. En todos los casos, la respuesta fue terminante: nadie los molestó, nadie los presionó. Respecto de quiénes llamaron a Marcela Brizuela de Ledo, la madre que quiere justicia por la desaparición de su hijo, su hija Graciela destacó el llamado de Hebe de Bonafini, quien la llamó pese al estado precario de salud que tiene en este momento.