viernes, 26 de julio de 2013

Desafíos celestiales

La gira del papa Francisco por América latina


Lo recibió una multitud en Brasil, pero los cuestionamientos hacia dentro del movimiento católico crecen a paso firme. Matrimonio igualitario, aborto, salud reproductiva, celibato: temas de fondo que buscan sumar a la agenda de Bergoglio.
Si los gestos determinan la posición adoptada por Francisco, bien podría comparárselo con un émulo de Marcel Marceau. Nada fácil es por estos días su posición, recorriendo el principal socio del Mercosur, porque además de encontrarse por primera vez con los fieles fuera del territorio del Vaticano le tocó hacerlo en medio de diversos reclamos formales e informales sobre cambios de raíz que reclaman los fieles del catolicismo en todo el mundo.
Si bien Brasil había sido elegido por Benedicto XVI como destino para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el latinoamericano es un terreno caro para el catolicismo ortodoxo. Es que supo ser “el continente de la esperanza”, pero desde hace años eso parece una fantasía, como la de los fastuosos pasillos vaticanos de los que millones hablan pero muy pocos llegan a conocer.

Francisco lo sabe: por estas latitudes lo esperaba una Iglesia desgastada, con merma de feligreses cuya fe fue detrás de otras luces. Según un informe del propio Vaticano, el porcentaje de adeptos brasileños cayó de 73 a 68 por ciento entre 2003 y 2011. Algunos dicen que el catolicismo está herido de muerte, otros ven a Francisco como el hacedor de un fenómeno similar al del Ave Fénix. En ese panorama, el antiguo cardenal argentino fue nombrado Papa y rápidamente reaccionó mostrándose austero, sencillo y sin apego al protocolo, arrancando suspiros entre la prensa y los feligreses más apegados a la fe católica. “La renuncia y austeridad de Francisco de alguna manera expone la enorme crisis de representatividad que está teniendo este papado”, apunta el sociólogo Fortunato Mallimaci. En el mismo sentido se pronuncia el padre Eduardo De la Serna: “Bergoglio siempre fue austero, pero Videla también lo fue. Un periodista escribió hace unos días que ‘si es por tener mocasines negros y pagar el hotel, yo tengo perfil papal’. Están todos fascinados porque el Papa dice ‘buenas tardes’, lo cual implica que antes estábamos muy mal”.

En el contexto ritual, papamóvil mediante, también hubo espacio para los reclamos. Esta semana la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir volvió a reclamar que la Iglesia deje de condenar el uso de preservativos, la libre sexualidad y la educación en salud reproductiva, entre otras cosas. El grupo de jóvenes, que incluye a chicos de la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia y México, de entre 18 y 30 años, conforma una organización que se reconoce dentro de la Iglesia Católica pero con diferencias radicales. “Una movilización como la de Río demuestra el poder de convocatoria de la Iglesia. No hay manifestaciones políticas de esta envergadura. En ese contexto, la cantidad de jóvenes protestando y reclamando por libertades sexuales, por ejemplo, también es importante, porque implica que ellos se sienten parte de ese movimiento pero necesitan que sus ideas sean valoradas. Eso será fundamental en el éxito de esta gestión, si lo que quiere la Iglesia es volver a aglutinar a los jóvenes”, dice Mallimaci. También Carlos Custer, ex embajador argentino ante la Santa Sede, reflexiona: “Francisco no se va a meter en temas como el celibato, la designación de obispos o la pastoral de la gente divorciada. Creo que va a abrir la puerta sobre esas cuestiones, pero no va a resolver temas que impliquen más de cuatro años, que es lo que tiene programado como plan”. Mallimaci plantea que “estos debates reclaman replanteos desde el fundamento. El cuerpo, el tratamiento de este y el valor de las individualidades, no como algo entendible desde el control eclesiástico. Pero ojo, si la ley de salud reproductiva no se aprueba aún, no tiene que ver solamente con la estructura eclesiástica, sino con que las sociedades hemos sido educadas bajo esos preceptos”.

A los problemas por falta de respuesta o militancia en contra de leyes progresistas como la de matrimonio igualitario, salud reproductiva o aborto, entre otras, se suma que el catolicismo se enfrenta a otro problema en América latina. “Con toda seguridad digo que el viaje del papa Francisco tiene que ver directamente con el crecimiento de las iglesias evangélicas brasileñas, no tenga ninguna duda”, afirmó esta semana el pastor evangélico brasileño Silas Malafia, uno de los líderes de esa corriente, una de las más populares del país.

“Miles de fieles demandan cambios y hasta ahora Francisco no hizo nada, por lo tanto, todo lo que uno viene reclamando a la estructura eclesiástica sigue en el debe. Esto no quiere decir que no tenga la intención, pero una cosa es hablar de los pobres y otra apuntar contra la pobreza. De ninguna manera el Papa está encolumnado en la Teología de la Liberación, que para mi es la única salida a esto. De hecho, Bergoglio estuvo en contra de esa corriente, entonces no acepto que lo pongan como ejemplo de tal cosa. Benedicto XVI no sabía lo que era un pobre, Francisco sí, pero aún no podemos decir que el Papa condena las causas de la pobreza”, agrega De la Serna, del Grupo de Curas en Opción por los Pobres de Argentina.

El Vaticano no es un castillo en un cuento de hadas. Los analistas lo saben: allí se teje uno de los nudos del poder mundial, se definen posicionamientos y se realizan acuerdos de poder. “Las propuestas católicas reúnen cuestiones políticas, culturales y religiosas. Hay diversas ideas del catolicismo, una de ellas es la Teología de la Liberación, que proponen caminar realmente por los pobres. Esa posición fue postergada y perseguida por Juan Pablo II, por Benedicto y por el propio cardenal Bergoglio en la Argentina. Tal como está hoy la estructura del papado, un cambio es imposible”, agrega Mallimaci, quien entiende que la estructura vaticana no ha sido permeable históricamente a los grandes cambios. “En 1987 hubo un encuentro similar al de Brasil. Hubo un millón de personas, y de eso no quedó nada concreto. Si las estructuras católicas no cambian, si la burocracia no se va, difícilmente el Vaticano discuta sobre salud reproductiva seriamente”, dice.

“No es lo mismo que el Papa dé la comunión a divorciados, cosa que es muy probable que haga pero no implementando cambios, y otra cosa es el aborto, porque la Iglesia lo ve como matar. Todo tiene que ver con debates que deben darse y que sólo podrán concretarse si hay menos excomuniones, promovidas por el arzobispado, a quienes piensan diferente”, agrega De la Serna. Para muestra bastan algunos botones del costurero. En febrero de este año, el cura cordobés Nicolás Alessio fue separado de sus funciones por apoyar el matrimonio de personas del mismo sexo. “En lo personal no me afecta en nada, porque seguiré compartiendo los sacramentos como hasta ahora. A los fieles no les importan estas decisiones oficiales”, dijo esa tarde, en la que las cinco cuadras de fieles que caminaron junto a él tres kilómetros de su última procesión como sacerdote, dieron fe de la poca importancia que sus seguidores otorgaron a la decisión clerical. Un par de años antes, en 2011, Valeriano Paitoni, párroco de Sao Paulo, fue castigado por promover el uso del preservativo para la disminución del contagio de HIV.
Sólo en América latina hay más de mil trescientos obispos, para un total de 813 circunscripciones eclesiásticas. Las parroquias suman 35 mil quinientas, para los más de setenta y dos mil sacerdotes que las integran. Una mole de voluntades por gobernar a la distancia. Entre los dos grandes problemas públicos que el Vaticano enfrenta hoy están la cuestionada estructura monolítica y el banco vaticano (IOR). “Es verdad que Francisco convocó a una comisión para analizar y en último caso reformar la curia, pero el tiempo pasa y aunque uno supone que están trabajando sobre eso, falta mucho. Perón decía: ‘Cuando uno quiere que algo no se resuelva, hay que hacer una comisión’. En el caso del banco pasa algo similar, aunque particularmente no se ocultó ni la investigación ni las renuncias; la discusión que la Iglesia se adeuda es si corresponde o no la existencia de esa entidad, yo creo que no”, opina De la Serna.

Que el Papa no sea jefe de Estado es otra de las cuestiones. “La concentración de poder y esa acumulación de dinero que experimentó el Vaticano urge de transparencia hoy que tantos sectores lo reclaman”, sostiene el sociólogo Fortunato Mallimaci.

“El Vaticano conserva una funcionalidad anquilosada que le ha servido, pero creo que Francisco va a sacudir ciertas prácticas, aunque dudo que ocurra un cambio total. El celibato es una cuestión administrativa que el Papa podría resolver por decreto mañana mismo. La Iglesia tiene la urgencia y la necesidad de ver y canalizar las nuevas demandas de los fieles, eso llevará tiempo y decisión”, confirma Custer sobre el Pontífice, quien el jueves se encontró con un grupo de argentinos que viajaron a Río de Janeiro para participar de la Jornada Mundial de la Juventud.

“El desafío es lograr una iglesia tal como la que se expresa en la Biblia, que no sólo predique sino que demuestre con hechos lo que aprendimos hasta acá. No será simple, pero mi juventud y conocer a Francisco me obligan a creer que así será”, intenta una explicación moderada José Di Paola (el padre Pepe). Por ahora, sólo de gestos parece estar forjado el camino hacia el cielo papal, aunque conociendo los últimos índices, tal vez Francisco evalúe realizar algunos cambios de fondo. Nunca es malo recordar que la caridad bien entendida empieza por casa.

http://veintitres.infonews.com/nota-7166-sociedad-Desafios-celestiales.html

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