domingo, 14 de octubre de 2012

 

EL FRACASO DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

Operación Capriles

 
Parecía el escenario perfecto. Como digitado por alguna fuerza sobrenatural desde el 13 de septiembre, cuando se realizó el “cacerolazo”a Plaza de Mayo. Consignas y slogans sobre la seguridad, la imposibilidad de comprar dólares y la supuesta falta de libertad de expresión se mezclaron con cruces esvásticas, deseos de muerte dirigidos a la Presidenta y la tan temida “chavización” de la Argentina. Después llegó el viaje de CFK a Estados Unidos y la polémica que se generó tras su disertación en la célebre Universidad de Harvard, cuyos alumnos se convirtieron, para algunos medios de comunicación, en héroes nacionales. Y la frutilla del postre llegó de la mano de los gendarmes y prefectos, quienes comenzaron una huelga por reclamos salariales que derivó en especulaciones sobre una eventual desestabilización de las instituciones democráticas. Hasta ahí una sucesión de hechos que le venía al dedillo a un sector de la oposición para aglutinarse y plantar bandera anti-K.
Pero el súmmum de los sucesivos episodios que tenían como objetivo desgastar al Gobierno llegaría para la oposición gracias a un triunfo de Henrique Capriles en Venezuela. Nada más y nada menos que de la mano del único hombre que se presentaba como el que podía acabar con la “dictadura” de Chávez, a la que tanto se parece el kirchnerismo, según viene denunciando parte de la oposición y ciertos editorialistas. Hacia allá viajaron, entonces, algunos de los más feroces dirigentes antikirchneristas, los mismos que integraban el otrora “grupo A” y actual GAPU, y que desembarcaron en tierras caribeñas en un explícito apoyo al candidato de la derecha venezolana. La comitiva la integraron los diputados Patricia Bullrich, Gabriela Michetti, Federico Pinedo y Eduardo Amadeo, del Pro-Peronismo, Oscar Aguad de la UCR y Alejandro Fargosi, integrante del Consejo de la Magistratura.

Apenas llegaron, los dirigentes estaban exultantes y lo transmitieron través de las redes sociales. “Hay ambiente de triunfo para Capriles, mucho entusiasmo”, disparó Amadeo y reflexionó: “Con un ambiente que hace presagiar un cambio importante. Pero también impresionado por el camino que ha tomado este país, y que nos anticipa lo que puede pasar en Argentina. A un cerrojo comunicacional escandaloso, donde la propaganda chavista abruma, la gente le ha contestado con mucha movilización y un intenso uso de las redes sociales. Y donde los opositores se han unido, pero son realmente opositores. No critican a la mañana y le votan todo en el Congreso a la tarde. Alguien me dijo que Capriles puede ser como el Alfonsín del 83, una sorpresa social!!!”. Así también lo hizo Michetti: “Impresionante la grandeza y la humildad de todos los dirigentes opositores de la Unidad Opositora en Venezuela”. “Los rumores de unos y otros siguen diciendo que las bocas de urna, tanto del oficialismo como de la oposición dan muy pareja la elección”. La más polémica fue, sin dudas, Patricia Bullrich, quien vaticinó por Twitter un resultado en plena veda electoral. “Encuesta es 52,8% Capriles / 47,2% Chávez, con vuelco de indecisos para Capriles, se estima diferencia de 5% a favor de Capriles”.

¿Pero qué fue a buscar este sector de la oposición a Venezuela? Para el sociólogo y analista Ricardo Rouvier, “la oposición y algunos comunicadores tenían las expectativas puestas más que en el triunfo de Capriles, en la derrota de Chávez y que se podía extender a la Argentina. Es decir, influir en el humor social para acrecentar la oposición a CFK y trasladar, o mejor dicho, proyectar esa situación a la Argentina”. Por caso, una de las mayores críticas desde la oposición chavista a nivel mundial es su perpetuidad en el poder. La reforma constitucional votada en el Parlamento y plebiscitada popularmente le posibilitó al mandatario caribeño presentarse varias veces a elecciones, lo que le permitirá mantenerse al frente del gobierno por más de veinte años. En la Argentina, el debate sobre una posible reforma constitucional es uno de los temas de agenda, por lo que un eventual triunfo de Capriles le hubiera permitido a la oposición tener una herramienta para hablar del fracaso del concepto de perpetuidad.

Según el analista político Carlos Escudé, “la oposición argentina que va a Venezuela de una manera patoteril e insólitamente militante, tiene intenciones de tender puentes hacia los sectores más reaccionarios de ese país y ese puente tiene un vaso comunicacional con los que se oponen a Fidel Castro y todos los movimientos de derecha que han conducido a la crisis que se produjo en la Argentina en 2001 y en Estados Unidos en 2008”.

Otro de los objetivos, sin dudas, era lograr que la victoria de Capriles sirviera para demostrar el éxito de una unidad opositora. Roberto Bacman, director de CEOP, explicó que “fueron a buscar un modelo opositor para poder unificar la oposición al kirchnerismo. Pero eso no se encuentra en Venezuela, se encuentra mirando la Argentina”. En ese sentido, el sociólogo y director de Estudios de Opinión Pública y Mercado de Ibarómetro, Ignacio Ramírez, sostuvo que “si bien en Capriles podrían haber encontrado un ejemplo, fue errada su lectura, en principio porque él acepta al chavismo, es decir, no parte de una situación prechavista sino que recoge ciertas conquistas sociales. Esta oposición argentina desecha todas las conquistas del kirchnerismo”. Y agregó: “Por otro lado, Capriles trata de construir su propia agenda y generar un estilo propio y promesa a largo plazo. En la Argentina, la agenda de la oposición la marcan los grandes medios”. Para Atilio Borón, politólogo y experto en Latinoamérica, “la oposición fue a buscar inspiración porque se le quemaron los papeles con Rajoy. El tema es que no se dieron cuenta de que hay una diferencia muy grande entre la Argentina y Venezuela”. 

Lo cierto es que también fueron detrás de un posible nuevo referente de la derecha latinoamericana, en oposición al “Socialismo del siglo XXI” de Chávez, en sintonía con el proceso de transformación iniciado por Néstor Kirchner, Luiz Inácio Lula Da Silva, Evo Morales y Rafael Correa en sus países. Para Bacman “hay una oposición entre lo que llamaríamos el ALCA, que representa Capriles, y el Mercosur, que promueve Chávez”. Según Escudé, “Capriles representa a las fuerzas del capital financiero internacional que llevaron a la ruina a muchos países”. Atilio Borón sostuvo que “quien estuvo detrás de la campaña de Capriles no sólo en materia financiera sino en materia de disciplinamiento fue Estados Unidos. Ese trabajo en la Argentina lo están haciendo Clarín y La Nación”.

En este punto se abre otro de los leitmotiv que pretende impulsar la oposición. En la cuenta regresiva hasta el 7 de diciembre, el plazo que puso la Corte Suprema para que entre en plena vigencia la Ley de Medios, ciertos dirigentes alineados con el monopolio mediático argumentan que tanto en Venezuela como en la Argentina no hay libertad de expresión. Así fue como comandados por el periodista Jorge Lanata, participaron del programa Periodismo para todos en coincidencia con la jornada de elecciones en Venezuela, donde presagiaron la derrota chavista. Pero los resultados oficiales llegaron justo cuando el periodista estrella de Canal 13 estaba en vivo. Azorado por el triunfo de Chávez, el ex director de Página 12 se fue a un corte y terminó su programa antes de lo previsto. Al día siguiente, denunció haber sido retenido por más de dos horas en el aeropuerto venezolano y haber sido víctima del robo del material que había cosechado durante su estadía en Venezuela. Mientras tanto, por las redes sociales, los opositores que lo aguardaban en el avión pedían su “pronta liberación” y aseguraron que llevarían el asunto al Congreso.

Pero las esperanzas se fueron disolviendo y muchos llegaron a Ezeiza con un terrible sabor a derrota. “Si pensaban que la ayuda para conformar una oposición en la Argentina venía de la mano de una derrota de Chávez, van a tener que pensar otra cosa”, sintetizó Rouvier. En ese sentido, Escudé concluyó que “como la oposición vino con las manos vacías, es por eso que Lanata se tuvo que mandar esos exabruptos y generar un escándalo mediático. Porque no sólo iban por la derrota de Chávez, sino que iban a gritar fraude, y no pudieron”. “En vez de empaparse de moralejas, la oposición volvió agudizando los mismos errores que la llevaron al fracaso del 2011, como subsumirse a la agenda de los medios hegemónicos”, explicó Ramírez.

Pero sin dudas otra de las lecciones que dejaron los comicios venezolanos fue dejar en claro las fisuras que existen en la oposición argentina. Sin hacer futurología en materia política, resulta imposible hasta pensar en un espacio que aglutine a todo el arco opositor. Por caso, muchos de los dirigentes del Frente Amplio Progresista, el espacio que salió segundo en las últimas elecciones, apoyaron abiertamente a Hugo Chávez. En ese sentido, el senador Luis Juez explicó que “el día que la oposición en la Argentina se convierta en una alternativa de gobierno probablemente el kirchnerismo se haya agotado. Pero para eso tenemos que dejar de ser un espacio opositor para generar esperanza y eso no se genera con pautas publicitarias ni con presencia mediática”. Por su parte, un sector del radicalismo también se despegó de la presencia de Aguad en el búnker de Capriles. “El radicalismo no fue a apoyar a ninguna de las fuerzas. Han ido porque tenían ganas de ir y desde la UCR no se tomó ninguna posición por ninguna fuerza política. Si hubo radicales, fueron por cuenta propia”, dejó en claro Mario Barletta, presidente del Comité Nacional. Consultado por esta revista para dar su opinión acerca de la experiencia electoral, Eduardo Amadeo fue categórico: “No tengo más ganas de hablar de este tema”.

Un tropezón que tanto él como sus compañeros de equipo saben que deberán evaluar y tener en cuenta. Sobre todo si quieren construir una alternativa de gobierno y para que el 54 no se convierta en el número del karma.
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Opinión
Ignacio Ramírez
Sociólogo

“Si bien la oposición podría haber encontrado en Capriles un ejemplo, fue errada su lectura, en principio porque él acepta al chavismo, es decir, no parte de una situación prechavista sino que recoge ciertas conquistas sociales. Esta oposición argentina desecha todas las conquistas del kirchnerismo. Por otro lado, Capriles trata de construir su propia agenda y generar un estilo propio y promesa a largo plazo. En la Argentina, la agenda de la oposición la marcan los grandes medios. En vez de ir a empaparse de estas moralejas, fueron a agudizar los errores que los llevaron a la crisis y al resultado que obtuvieron en el 2011”.
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Opinión 
Luis Juez
Senador nacional

“Vos no podés decir que querés que respeten la autonomía de los pueblos e ir a dar lecciones de democracia a los venezolanos. Es una cachetada y un sopapo para los opositores que ven como espejo a ese país. Es más, la oposición en Venezuela tuvo palabras que yo no veo que hubieran tenido ciertos opositores argentinos. El proceso de Venezuela hay que respetarlo. Fue una lección de democracia y de civismo increíblemente edificante, porque oficialistas y opositores reconocieron que iban a aceptar el resultado sea cual fuere. Desde todo punto de vista el domingo fue un acto ejemplar”.
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Opinión 
Ricardo Rouvier
Sociólogo y analista

“La oposición y algunos comunicadores tenían las expectativas puestas, más que en el triunfo de Capriles, en la derrota de Chávez y que se podía extender a la Argentina. Es decir, influir en el humor social para acrecentar la oposición a CFK y trasladar, o mejor dicho, proyectar esa situación a la Argentina. Pero esto no ocurrió y quedó desarmado, por lo que no les queda más que seguir trabajando para ser una verdadera oposición en la Argentina. Para la opinión pública el triunfo de Chávez ratifica el camino de la emancipación y autonomía de América latina y las líneas desarrolladas por el resto de los países del continente”.
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Opinión
Roberto Bacman
Director de CEOP

“Los que estuvieron en Venezuela querían ir a ver qué posibilidades veían allí para construir en la Argentina una alternativa de oposición unida. Lo que pasa es que queda mucha oposición afuera de centroizquierda. Ni el FAP ni Proyecto Sur van a ir alineados en este sentido. Ellos tienen que asumir que son centroderecha, que tienen una naturaleza liberal, asociada con el ALCA, con las relaciones carnales con Estados Unidos. Enfrente, está el modelo populista latinoamericanista representado por Chávez y los demás presidentes de la región. Volvieron con un golpe fuerte. Algunos pensaron que sería una oposición más reñida”.
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Opinión
Atilio Borón
Politólogo 

“La oposición no se dio cuenta de que hay una diferencia muy grande entre la Argentina y Venezuela. El tema es que, para Estados Unidos, Venezuela es prioridad máxima, entonces asumió directamente la organización de una derecha unida, que es lo que acá están tratando de hacer Clarín y La Nación. Por otro lado, comparar a Capriles con Macri es ridículo. Macri no tiene sustento y ha hecho una gestión mediocre. Mal que mal, Capriles era gobernador de Miranda, uno de los estados más importantes de Venezuela, y tan mal no le fue. Esto claramente demuestra los límites de la estrategia opositora”.
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Opinión
Carlos Escudé
Analista político

“La oposición argentina que va a Venezuela de una manera patoteril e insólitamente militante, tiene intenciones de tender puentes hacia los sectores más reaccionarios de ese país y ese puente tiene un vaso comunicacional con los que se oponen a Fidel Castro y todos los movimientos de derecha que han conducido a la crisis que se produjo en la Argentina en 2001 y en Estados Unidos en 2008. La actitud de Lanata, que fue en tren de patotero, me da toda la impresión de que allí hubo una provocación y que lo demoraron, pero él también fue ahí con un sentido militante y antichavista”.
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Opinión

Con los desaparecidos no
Por Adrián Murano
Periodista

El destino es así. Caprichoso, inmanejable. Aleccionador. El pasado martes 9 de octubre, las Abuelas de Plaza de Mayo revelaron el hallazgo del nieto recuperado número 107. Pocas cosas exhiben con mayor crudeza la vigencia del daño perpetrado por la dictadura que esos chicos a los que les fue sustraída su identidad. Ellos son, al mismo tiempo, un ejemplo de lucha –la de Abuelas–, un símbolo de esperanza –para los que aún buscan a sus familiares– y un recordatorio potente del horror sufrido por 30 mil desaparecidos, entre los que estuvieron sus padres.
El destino hizo que, el mismo día, el periodista Jorge Lanata cometiera el disparate de equiparar su breve retención en el aeropuerto de Caracas con la desaparición forzada de personas. Dijo: “Nos rodearon, nos sacaron los documentos y nos metieron en un pozo. Lo que nos pasó no es muy distinto a lo que ocurrió con los 30 mil desaparecidos”.

Lanata, es obvio, tiene derecho a sentirse molesto por haber sufrido una retención policial que considera injusta. También, claro, puede especular como quiera sobre las motivaciones que habrían provocado una situación tan desagradable como innecesaria. Incluso puede, como lo hizo, utilizar el episodio para caracterizar como una “dictadura” al gobierno de Hugo Chávez, para publicitar sus programas y otros emprendimientos comerciales, para alimentar su ego, para fustigar al gobierno de CFK, para recobrar el centro de atención por unos días.

Lanata puede decir lo que se le cante, porque para eso nos ganamos, defendemos y gozamos el derecho a la libre expresión. El mismo derecho que nos permite decirle a Lanata, entonces, que es una canallada comparar su contratiempo aeroportuario con el horror padecido por las víctimas del terrorismo de Estado. Que su banalización serial de las desapariciones ofende a los familiares, distorsiona los hechos históricos y les da letra a quienes buscan la impunidad de los delitos de lesa humanidad relativizando la gravedad de esos crímenes. Que es miserable bastardear la lucha de los organismos de derechos humanos porque se “aburrió” (sic) del tema. Justo él, que en el pasado se sirvió de esa lucha para fundar y posicionar un diario.

Sólo Lanata sabe si el tedio lo invadió antes o después de firmar contrato con el –dignatario de la dictadura– Grupo Clarín. O fue producto de su creciente adicción al show. Poco importa el origen de sus palabras comparado con sus consecuencias: frivolizar el terrorismo de Estado es revictimizar a sus víctimas. Y no hay show en el mundo que justifique semejante atropello.

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