viernes, 14 de junio de 2013

A LARATA: EL DÍA QUE UN MAGNATE LO AFILÓ

Contra el Sargento García

Respuesta a Jorge Lanata. Periodismo, cinismo y la militancia de los sueldos.

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Ayer por la mañana, el Sargento García del periodismo argentino ha hecho una acusación sobre mi persona que –perdone, estimado lector, mi arranque de vanidad– me veo en la obligación de contestar para dejar mi nombre y apellido en un lugar de mínima dignidad –es joda, claro–. Digo que en su nota de ayer de la página 2 del diario Clarín el gigante de la prensa argentina ha escrito: "En Radio Nacional están María Seone, directora de la Radio y hasta 2009 importante editora en Clarín, Vicente Muleiro (ex editor de Clarín), Luciano Galende (se vestía de payaso en Mañanas Informales por Canal Trece entre 2007 y 2008), Nora Veiras y Hernán Brienza (colaboradores de la revista Ñ), Carlos Ulanovsky (histórico del staff de Clarín), Pedro Brieger (colaborador de Clarín y La Nación), Néstor Restivo (de Clarín), Telma Luzzani (de Clarín), y siguen las firmas. ¿Lo harán sólo por dinero y ejercicio del cinismo? ¿Se creerán, como Cristina, su propia mentira?"
Debo confesar que es cierto lo que escribe el otrora periodista con veleidades de “fiscal de la república” devenido en Sargento García de Héctor Magnetto y Ricardo Kirchsbaum. Lo confieso: he sido colaborador de la Revista Ñ. Es más, estimado lector, en esa publicación, que todavía mantiene cierto grado de dignidad periodística respecto del “diario de Videla”, he cometido el “delito ideológico” de entrevistar a escritores como el español Juan Cruz Ruiz y los argentinos Rodolfo Rabanal y Andrés Rivera, he hecho críticas literarias, me he preguntado por los discursos sobre el nacionalismo, he garabateado sobre el cruce de literatura y fútbol!!! –obsérvese el tamaño de mi delito y mis contradicciones-. Puse muchas subordinadas en este párrafo para que el Sargento García no entienda el sentido, ya que se sabe, tiene serios problemas de comprensión de texto.
El Sargento García de Magnetto y Kirschbaum acusa de "viejos boludos y fracasados" a Horacio González y a Vicente Battista. Debería darse cuenta de que no les llega a los talones ni intelectualmente a Horacio ni literariamente a Vicente. Los escribas de los libros de Lanata jamás han producido un párrafo que tenga la profundidad necesaria para ser incluido en Restos pampeanos, por ejemplo, y su Historia de Teller, por nombrar algunas de las producciones de sus deseos imaginarios de escritor, resulta "No Place" frente a una novela como Gutiérrez a secas, por ejemplo, premiada nacional e internacionalmente. Me viene a la mente la estrofa del Martín Fierro: "A naides tengás envidia, es muy triste el envidiar; cuando veas a otro ganar a estorbarlo no te metas: cada lechón en su teta es el modo de mamar."
Que el Sargento García no entienda a Horacio es culpa de su magro intelecto que apenas le permite ser ingenioso y maradoniano, como digo siempre, en términos comunicacionales –como lo era Bernardo Neustadt–. Pero, quizás, el gigante del periodismo lacayo-empresario debería tomar conciencia de que ya no es más un jovencito. Y que está más cerca de "ser un viejo boludo que nos cagó la cabeza" a las generaciones que vinimos detrás que de ser un jovencito manipulado. Flor de engaño, ¿no? De construir un diario solventado por una agrupación de izquierda liderada por Enrique Gorriarán Merlo –con el que tuve el orgullo de conversar varias veces– a sicario comunicacional del diario que sobre miles de torturados y desaparecidos se apropió de Papel Prensa y apoyó la dictadura militar. Flor de parábola se mandó, ¿no? ¿Y les preguntará Lanata en los pasillos de Tacuarí a Magnetto y Kirschbaum sobre esto? ¿O se esconderá en el silencio típico del periodista militante de los mangos que cobra?
Siempre recuerdo esa escena en la oficina de Lanata del primer piso de la calle Maipú a principios del 2008. (Ah, sí, porque también trabajé en el diario Crítica, en el área de Cultura, porque no quería hacer Política por mi identidad ideológica.) Estaba el Sargento García y otro periodista –que reservo el nombre por aprecio personal– y me cargaban porque yo apoyaba al gobierno. La otra persona me llamaba "el compañero", así que todos sabían cuál era mi pensamiento, Lanata se me reía, pero debo confesar que nos teníamos mutua simpatía. Esa tarde protestaban porque el gobierno nacional no quería dar pauta oficial para el diario Crítica. Habían negociado una primera tapa con un reportaje a Cristina presidenta y ya le habían "vendido" con cierta elegancia el diario al gobierno. El gobierno no aceptó formar parte del negocio de Lanata y este decidió pasar el diario a la oposición. Claro, tenía que echar un par de periodista con ideología propia. Y fue a por ellos en los meses siguientes y los despidió. Y después se vendió Crítica al inimputable de Carlos Mata que quería seguir estafando a los argentinos con empresas de aviones. Monumental el lobby que hizo el diario contra Aerolíneas Argentina, recuerdo. Y el Sargento García del periodismo empresarial estaba allí, firme, escribiendo notas furibundas contra Magnetto y Kirschbaum para, por lo menos, mantener el mínimo de admiración que nos producía a algunos periodistas que todavía no lo conocíamos bien. O sea, Lanata nunca tuvo problemas en venderse al mejor postor: el gobierno, Mata, Clarín, De Santibañes, siempre según la investigación de Luis Majul, esto a mí no me consta. Y en el medio, claro, dejar de "garpe" y sin laburo a cientos de trabajadores como hizo en Data 54 y el mismo Crítica.
Sé que por esta columna, el domingo en su programa de televisión o el lunes en Radio Mitre, el Sargento García me va a decir que soy un "boludo nacional" y no sé cuántas cosas más. Y yo tendré una sola opción: reírme, burlarme de él. Antes quiero confesar algunos de mis "otros delitos" para que hagan investigaciones profundas sus pekineses sabuesos: de pibe fui canillita, me agarraba a trompadas en mi barrio una vez por semana, afané alguno que otro kiosquito, toqué timbre y salí corriendo, a los 20 años salí con una mujer casada, jugué al golf, al tenis, viajé por Europa varias veces, tengo el sueño de comprarme un terrenito en Traslasierra, laburé en La Prensa, en Impacto, en Perfil, en Tres Puntos, en TXT, en Ñ, en Acción, en Crítica. Tengo un auto que compré cuando trabajaba en Crítica, a veces todavía me masturbo, como sushi, choripanes en alguna marcha, leo a González y algunas cosas le entiendo, cobro un sueldo en Radio Nacional que no llega ni al 0,5% de lo que él cobra en el lupanar de Magnetto, a veces repito los platos de polenta porque me gusta mucho, compro muchos libros y no los leo todos, tengo un libro con un prólogo de Lanata elogioso, admiré a Jorge Lanata durante mucho tiempo, antes de que se convirtiera en la caricatura de sí mismo.
Porque Lanata podría haber seguido siendo Lanata, e incluso, podría haber seguido siendo opositor al gobierno con cierta inteligencia, con cierta equidistancia, con elegancia, y seguiría teniendo mi admiración, aun cuando no compartiera sus ideas políticas. Porque soy un tipo muy liberal en ese aspecto. Pero el problema es que decidió convertirse en una caricatura de sí mismo. Porque como dice el tango "Margot": "Son macanas, no fue un guapo haragán ni prepotente ni un cafisho de averías el que al vicio te largó... Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente... ¡berretines de bacana que tenías en la mente desde el día que un magnate cajetilla te afiló!"
Porque lamento darle esta mala noticia al Sargento García: No todos somos iguales. Carlos Barragán, Jorge Dorio, Orlando Barone, Sandra Russo, Cynthia García, Edgardo Mocca, María Seone, Vicente Muleiro, Luciano Galende, Nora Veiras, Carlos Ulanovsky, Pedro Brieger, Néstor Restivo, Telma Luzzani y yo, como trabajadores, tuvimos muchos trabajos periodísticos, por suerte, lo que confirma la mayor o menor calidad laboral de cada uno de nosotros. No somos improvisados. Pero no somos iguales a Lanata. Somos trabajadores, no somos mercenarios. Aunque le duela y Lanata termine apareciendo en las fotos de Canal 13 haciendo pucherito, alguien tiene que decirle que somos mejores que él, en términos personales y morales. Ojo, por ahí, Lanata maneja mejor el lenguaje mediático. Es más efectivo, pero en términos técnicos, sus investigaciones son vergonzosas. En síntesis: la efectividad comunicacional de Lanata es directamente proporcional a su miserabilidad personal.
Por último un mensaje estrictamente personal: Jorgito, querido, es la tercera vez que te metés conmigo. Siempre me divertiste. Y ahora te escribo riéndome de vos. Pero te quiero aclarar que las cosas que hago no las hago ni por dinero ni por cinismo –aunque bastante "cínico" soy porque admiro la filosofía de Diógenes de Sinope, Antístenes y Crates de Tebas–, las hago porque creo en ellas. Como Cristina, ponele, me creo mi propia mentira. Y como la creo, funciona para mí como una verdad. Pero la gran diferencia entre vos y yo es que yo creo en lo que creo, vos sabés que todo los que sos y decís es una mentira. Y lo repetís una y otra vez en un barroquismo de vos mismo que provoca risa. La diferencia entre vos y yo es que si nos encontramos cara a cara y me mirás a los ojos no vas a poder engañarme: vos siempre supiste que yo simpatizaba con el kirchnerismo, desde que me conociste en 2008. Equivocado o no, creo honestamente en lo que digo. Cuando yo te conocí, en cambio, nunca pensé que te iba a ver como te veo hoy: arrodilladito, mirando desde abajo a Magnetto y Kirschbaum, sobando. Porque por mucha guita que te pongan, esa es tu posición, Jorge. Y me da pena, lástima, asco. Porque yo muchas veces me consideré uno de tus miles de "Salieri". Pero ¿sabés qué? Somos mejores que vos. Y eso me permite tener la libertad de reírme de vos como hago en esta nota. Por último, voy a parafrasear a Juan Domingo Perón en aquella famosa carta después del golpe del '55: "Buenos Aires tiene muchas esquinas para que me demuestres que sos más valiente que yo" (es joda, no tengas miedo). Un no gran abrazo. Hernán.
P.D.: Para terminar, algo que siempre tuve ganas de decirte: Jorgito, querido, siempre tuviste menos fútbol que una escuela de ballet.