martes, 4 de junio de 2013

ENTRE LA CIENCIA Y EL PRO

Así de grande es la mentira!!

Medición de precios al consumidor: entre la ciencia y el PRO

Tras el anuncio del gobierno nacional, referido al acuerdo por el cual las principales cadenas de súper e hipermercados mantendrán en los próximos meses una canasta de 500 productos con los precios de venta vigentes al 1 de febrero de 2013, el pasado sábado el diario Clarín descubrió que "hay grandes diferencias en los precios congelados". Evidentemente quienes tienen la responsabilidad de informar buscan confundir. Nuestro gobierno instrumenta una política de acuerdo de precios, y no una política de precios máximos, fijos y uniformes.

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La dispersión de los precios es un comportamiento propio del mercado en la Argentina y en el mundo. Este es un aspecto que el Indec tiene en cuenta a la hora de elaborar el Índice de Precios al Consumidor del Gran Buenos Aires (IPC-GBA) y que, entre otros, también está asociado a la cadena de valor de los productos. La amplitud de las variaciones de precios entre productos iguales o similares se amplifica aun más si se considera la totalidad del territorio nacional.
A modo de ejemplo, si como señala Clarín el precio del kilo de manzanas en un hipermercado es de $ 12,90 y en otro es de $ 2,99, podríamos preguntarnos: ¿se está analizando la misma variedad? Es decir, las manzanas en cuestión, ¿presentan las mismas características? Los consumidores conocemos las diversas calidades de un mismo producto. Técnicamente, para dar cuenta de diferencias de precios, es imprescindible que las especificaciones sean idénticas al comparar precios en distintos locales y al realizar las mediciones a lo largo del tiempo.
Además de las características de cada producto, se pueden encontrar diferencias según la estructura de la cadena de valor. Por caso, hay productos que llegan al consumidor a través de una cadena de comercialización corta (productor-venta minorista), en tanto otros lo hacen a través de una larga (productor-mayorista-minorista), lo que puede resultar en que se verifiquen diferentes precios al consumidor. Los índices, como toda la información conexa que conforma la publicación de un Instituto de Estadística, deben reunir los requisitos indispensables que le permitan al usuario (público, privado, nacional e internacional) aprehender las realidades socio-económicas.
No todos los consumidores son iguales. Coincidiremos en que no son comparables los bienes y servicios consumidos por una pareja de adultos mayores con los que requiere una pareja con hijos menores o jóvenes. Tampoco es comparable el consumo de los sectores de altos, medios o bajos ingresos.
La elaboración de un Índice de precios apunta a medir las variaciones de productos o servicios homogéneos; es decir, una canasta de bienes y servicios fija en el tiempo, que son seleccionados a partir de encuestas previamente realizadas a la población. Como quedó expresado en el ejemplo de la manzana, durante un relevamiento de precios se enfrentan situaciones relacionadas con la falta de homogeneidad de los productos, que deben ser corregidas mediante la aplicación de métodosestadísticos de valoración de atributos y mediante la selección adecuada de variedades y locales en que se toman las muestras.
Esta situación explica las diferencias de precios para un mismo producto en los distintos locales donde se toman los mismos.
Considerando estas circunstancias, informar un precio promedio no homogéneo como manifestó el jefe de gobierno Mauricio Macri con respecto al Índice de Precios de la Ciudad, puede inducir a errores de interpretación.
Volviendo al ejemplo de las manzanas y suponiendo que se trata de la misma variedad, el promedio aritmético del precio del kilo de manzanas sería $ 7,95. Sin embargo, es probable que en el mercado no haya local donde el producto se encuentre a ese precio. Un promedio, sea aritmético o geométrico, elimina por definición el desvío de los precios y no necesariamente refleja los precios que el consumidor encuentra en las góndolas y negocios de su localidad. Este es el motivo por el cual el Indec no informa promedios geométricos de precios de las variedades que mide. En conclusión, tiene mucho mayor valor informativo un índice de precios que encadena variaciones de precios de productos homogéneos en una secuencia mensual, dentro de la misma variedad, que la comparación de precios promedio de productos con altos niveles de heterogeneidad.
Con estas definiciones técnicas estamos desarrollando un índice nacional de precios al consumidor urbano, que contempla toda la estructura de consumo, incluye una amplia diversidad de zonas y niveles de ingreso, y tiene en cuenta que en el país coexisten regiones con distintas características.
Independientemente de las ultrajantes expresiones del Ing. Macri, seguramente resultado de su limitado vocabulario y de su permanente necesidad de confrontar con el gobierno nacional, y más allá de las generalidades que enunció con relación al proyecto, será importante cotejar las fuentes utilizadas para la elaboración de la canasta de bienes y servicios y sus ponderaciones; los métodos aplicados para la elección de variedades bajo medición; la selección de las áreas de relevamiento; la selección de locales informantes y sus métodos de remplazo; los métodos de imputación de datos faltantes; el tratamiento de valores fuera de rango y de variedades con alta estacionalidad; la organización del trabajo de campo y las fórmulas de cálculo utilizadas; entre otros aspectos técnicos.
Entonces, con todo respeto le sugiero informarse en torno a nociones básicas sobre el complejo cálculo que implica realizar estadísticas serias sobre precios, así como también –dado que con relación al acuerdo de precios, manifestó no creer en este tipo de medidas–, ilustrarse acerca de las políticas económicas instrumentadas en la República Argentina.
También señaló Macri que el proyecto fue diseñado por su ministro de Hacienda, Néstor Grindetti, y el legislador Rogelio Frigerio (nieto). Es mi más sincera expectativa que no sea el presidente de la consultora Economía & Regiones, ex secretario de Política Económica del Ministerio de Economía de la Nación en los '90, y en tal carácter máximo responsable del Indec, quien esté a cargo de la elaboración del indicador. Los trabajadores del Instituto recordamos que su aporte a la "calidad" y "confiabilidad internacionalmente reconocida" de las estadísticas oficiales ha sido nula. Por cierto, sus respuestas acerca del índice publicado por su empresa son difíciles de calificar a nivel científico: la consultora E&R demostró tener dificultades para sumar. La sumatoria de ponderaciones a nivel de capítulo –el nivel más agregado– le daba 93,8%, en lugar de 100 por ciento.
Además de la intencionalidad política de este nuevo índice para la Ciudad, nos preguntamos: ¿cuál será su finalidad? ¿Considerarlo a la hora de presentar el presupuesto anual, indexar los salarios, incrementar el ABL,… o ajustar la deuda de los porteños con el Sistema Financiero que el Ing. Macri incrementa período a período? No obstante lo anterior, confío en los debates técnicos con el personal encargado de elaborar el índice de la Ciudad, los que sin duda enriquecerán el análisis acerca de la evolución de los precios al consumidor y su medición.
Bienvenido, entonces, el baño de realidad para quienes desconocen los principios básicos de elaboración de estadísticas oficiales.