lunes, 10 de junio de 2013

DE PROYECTO SUR A UNIDOS Y ORGANIZADOS

 DEJARON PROYECTO SUR Y BUENOS AIRES PARA TODOS Y SE SUMARON AL KIRCHNERISMO

“Giraron a la derecha sin poner el guiño”

La legisladora Claudia Neira y la comunera Julieta Costa Díaz explican por qué se alejaron de sus agrupaciones para pasar a integrar Unidos y Organizados. “Reconocemos que en esta década se ganaron un montón de derechos para un montón de sectores.”
 Por Werner Pertot
En el despacho de la legisladora Claudia Neira hacen juego los retratos de Evita y de Arturo Jauretche. Cuando llega este diario, Pablo Ferreyra, el hermano de Mariano Ferreyra, conversa con la diputada porteña y con la comunera Julieta Costa Díaz sobre un observatorio de violencia institucional. Neira proviene de Buenos Aires para Todos, mientras que Costa Díaz dejó recientemente Proyecto Sur, tras el acuerdo de Fernando “Pino” Solanas con Elisa Carrió. En diálogo con Página/12, la dirigente de la Comuna 13 y la legisladora detallan su decisión de sumarse a Unidos y Organizados. Ambas coinciden en que sus espacios de origen “giraron a la derecha”.
–¿Qué fue lo que las llevó a irse de sus respectivos espacios?
Claudia Neira: En mi caso, venimos desde diciembre en un proceso de separación que culminó a fin de año con la ruptura con Buenos Aires para Todos. Tiene que ver con este tipo de construcciones, como las de Proyecto Sur y Buenos Aires para Todos, o lo que es el FAP, o el mini FAP que ahora se está armando con Marea Popular.
–¿Mini FAP?
C. N.: (Sonríe.) El mini FAP, sí. Son expresiones que confunden su lugar histórico, que tiene que ver con expresiones populares, latinoamericanas y que, al no encontrar un espacio político, porque claramente ese espacio está protagonizado por el kirchnerismo, fueron girando a la derecha sin poner el guiño y fueron ocupando el espacio del antikirchnerismo virulento, que un día te junta con el Momo Venegas, y otro día con Binner y el caprilismo.
Julieta Costa Díaz: Mi caso fue más reciente, pero hacia dentro la pelea la veníamos dando con el grupo de comuneros. Nos empezó a pasar que no se sacaba un comunicado contra al macrismo si no había posibilidad de que en esos comunicados también le pegáramos al FpV. Eso nos hizo ruido y empezamos a dejar de firmar estas cosas. Para nosotros, el kirchnerismo era un aliado para pelear con la derecha en la Ciudad, que está representada por Macri. Ellos nos querían convencer de que el kirchnerismo es lo mismo que el PRO y no es lo mismo. Los días de los cacerolazos, en los que muchos de Proyecto Sur participaron y nos decían que era el pueblo y había que prestar atención a ese sector, escuchamos que el problema de la Argentina era la Asignación Universal por Hijo. Siempre pensamos que el kirchnerismo nos había dado un piso. La AUH o la recuperación de las AFJP es incuestionable, y este año se empezaron a acercar a un discurso más de derecha y a cuestionar ese piso. Giraron a la derecha.
–De los comuneros que se fueron una parte se está acercando a Claudio Lozano. ¿Por qué ustedes deciden sumarse a Unidos y Organizados?
J. C. D.: Mucha gente que está con Lozano se debe querer matar. El otro día votaron un espanto: votaron a la jueza del Tribunal Superior de Justicia Inés Weinberg de Roca. Es un espacio como tímido, que no se hace cargo de la cosa. Denuncian el “pacto PRO-K”, pero después te encontrás con que en la Legislatura tienen pactos peores. Porque el “pacto PRO-K” era cambiar una ley para construir viviendas del plan Pro.Cre.Ar. No era para que algún legislador se quede con un puestito en la Defensoría del Pueblo, que se renueva ahora.
C. N.: Unidos y Organizados es el espacio que va a discutir la continuidad del avance de esta década post 2015. Esto es una etapa de avance popular y, si en lugar de quedarnos en el chiquitaje, nos ponemos a discutir en serio cómo continúa esto, con más transformaciones y con lo que falta, no abonamos expresiones que desde la testimonialidad corta miran para otro lado, mientras dejan que crezca el caprilismo en la Argentina.
–¿Qué críticas conservan de las que tenían al kirchnerismo cuando estaban en sus espacios?
C. N.: El kirchnerismo crítico es un kirchnerismo hipócrita. No voy a hacer kirchnerismo crítico. Tengo una mirada en la que veo que faltan muchas transformaciones. Una quizá puso el foco en el tiempo que llevó avanzar con políticas medulares, como las del transporte. Recién ahora estamos viendo una reversión en políticas de concesiones que nosotros creímos que dejaban indemne el Estado neoliberal. Vamos a dar las discusiones para que se pueda avanzar en las transformaciones de lo que falta, que es mucho: en materia de energía, aunque tuvimos la estatización de YPF, en la minería... Hay cuestiones para debatir, pero desde la construcción, no amparándonos en la crítica fácil.
J. C. D.: Reconocemos que en esta década se ganaron un montón de derechos para un montón de sectores. El otro día me preguntaban por qué el kirchnerismo no trataba la fertilización asistida, y la semana pasada se aprobó. Se aprobó el matrimonio igualitario. Y estoy segura de que es un espacio donde vamos a discutir el aborto legal.
–¿Cómo ven la situación de los qom y qué responsabilidad creen que le cabe al Estado nacional?
C. N.: Nosotros venimos de votar dos declaraciones en la Legislatura como bloque kirchnerista de repudio y preocupación por los hechos de violencia que sufren los qom. Este gobierno, como pocos, avanzó en la reivindicación histórica de los pueblos originarios. Y también nos parece que hay provincias en las que la avaricia de los sectores concentrados por la tierra lleva a situaciones de violencia tremendas, muchas veces avaladas por sectores del Estado. El Estado nacional y los estados provinciales están atravesados por situaciones de violencia institucional. En el caso de los qom, vemos como avance los acuerdos en la Corte. La verdadera discusión hay que darla sobre la tierra y sobre cómo ir limitando el poder concentrado en la Argentina.
–En general, en los debates políticos suele referirse a Gildo Insfrán como alguien que no es de izquierda...
C. N.: No. Y tampoco lo es Scioli. Llamemos a las cosas por su nombre. No lo es Massa, que todavía se dice kirchnerista. No expresan el proyecto de la misma forma que lo hace la Presidenta. Es la contradicción ínsita del poder, donde el presidente no gobierna solo.
J. C. D.: Donda ahora se sacó una foto con los radicales. Nosotros, que somos los hijos del 2001, vemos que se junta con los que el 19 y 20 de diciembre masacraron y reprimieron al pueblo. Obviamente no nos gustan Gildo Insfrán ni Scioli, pero creemos que hay gestos de avance y de preocupación por ese tema.
C. N.: Hay un avance de construir un protocolo de actuación para las fuerzas de seguridad en la comunidad La Primavera. Es un avance que no podemos tener en la Ciudad porque el gobierno porteño se niega.
–¿Cómo ven la disputa sobre el monumento de Cristóbal Colón?
C. N.: Es el único país del mundo que le discute a la Presidencia unos metros alrededor de la Casa de Gobierno. Lo cierto es que suplantar a Colón por Juana Azurduy es un cambio cultural. La propuesta del PRO es que el monumento de Juana Azurduy lo pongan en el Parque Indoamericano, “así está cerca de la comunidad boliviana”. Para ellos, Juana Azurduy sólo simboliza algo que puede estar anexado a una colectividad y no es una expresión de la patria grande y no debe estar junto a la Casa de Gobierno. Tiene que estar más lejos.
–¿Cuál creen que es el escenario que le espera al kirchnerismo en las elecciones porteñas?
J. C. D.: Pienso que el centroderecha o derecha llegó a un acuerdo. Por ahí, ahora llegan a un acuerdo con Lavagna y se meten todos en la misma bolsa. De un lado, queda todo ese espacio, y, del otro, el kirchnerismo de la Ciudad de Buenos Aires, al que creo que le va a ir bien.
–Sin embargo, siempre fue un distrito esquivo para el Frente para la Victoria...
C. N.: Hay una maduración del kirchnerismo: ya no hay que ocupar un lugar de denuncia, sino construir una política de reemplazo al macrismo. Mostrar que estamos en condiciones de generar una gobernabilidad posterior al macrismo. Esto lo ponemos en un marco nacional, donde Clarín pide un Capriles y todos quieren ser Capriles. No lo va a haber, porque son más grandes los egos. Mientras tanto, el 25 de mayo nos mostró un kirchnerismo movilizado, con la juventud como columna vertebral. Esto se va a plasmar en las elecciones.
–Ya que mencionan a Clarín, ¿cómo vieron la votación de la ley de la que participaron el PRO, Proyecto Sur y la CC?
J. C. D.: Son un desastre. Se pusieron todos de acuerdo para no perder dos o tres líneas en Clarín o dos o tres minutos en TN para ir y pegarle al Gobierno. Ver a Raffo, a pibes jóvenes de la Coalición Cívica, como Fernando Sánchez o Rocío (Sánchez Andía) defendiendo el DNU muestra que están haciendo un espacio de centroderecha que legitima a Macri. No te puede preocupar más La Cámpora que los jóvenes PRO. El otro día la presidenta de jóvenes PRO llamaba a reconciliarse y a dejar atrás los ’70.
–¿Qué efecto tiene la ley?
C. N.: No es una ley de libertad de expresión: es la ley de privilegios de Clarín. Contradijeron el Pacto de San José de Costa Rica, que dice que los derechos son para las personas físicas. Ellos hicieron una ley para defender la libertad de expresión de los medios. La libertad de expresión es de las personas. No cuidan la libertad de expresión de los periodistas o de los ciudadanos, sino que cuidan los privilegios de Magnetto. Plantearon que en la Ciudad no rige la ley de medios, la ley de competencias, ni la ley tributaria. Y el órgano guardián es el Tribunal Superior, a donde votaron a una jueza del PRO. Y la votaron Proyecto Sur y Buenos Aires para Todos.